Es común escuchar, y en algunos casos así lo prueban las cifras, que el jugador de Ligas Mayores eleva el ritmo en el año final de su contrato con el propósito de impresionar a los gerentes y asegurar su futuro con un nuevo acuerdo jugoso y prolongado.
Esa inquietud se la plantearon a Jon Daniels, el gerente de los Rangers, en relación al veloz lanzador pinolero Vicente Padilla, firmado por tres años y 33.75 millones de dólares.
“Definitivamente nosotros hablamos de eso (el efecto que viene tras lograr un gran contrato) cuando lo firmamos a él. Hay sin duda un factor de riesgo, pero en algún punto, tienes que tener fe”, respondió.
Daniels no ha dicho nada extraño. Cada nuevo pacto implica un enorme riesgo, llámese como se llame el involucrado en el arreglo. En el beisbol, nunca hay nada seguro.
No obstante, Daniels agrega un detalle interesante sobre el nica: “En los últimos cinco años, en tres de ellos ha estado saludable y en cada uno ha ganado 14 ó 15 juegos y ha lanzado 200 innings o más”.
Nadie sabe qué rumbo tomará Padilla ahora, pero uno lo observa tan entusiasmado y conforme con el nuevo status que tiene, que parece estar claro de la necesidad de trabajar duro para sostenerse a ese nivel.
Un buen desempeño de Padilla podría ser superar la frontera de los 15 triunfos y los 200 episodios lanzados. Para ello será indispensable estar saludable todo el año.
Pero a diferencia de como estaba en Filadelfia, en Arlington Vicente parece confortable, acostumbrado a un clima muy parecido al de Chinandega y con más proximidad con sus compañeros de club y técnicos.
Y una motivación adicional que debe tener Padilla es que por su edad (cumple 30 años en septiembre) aún tendrá el chance de aspirar a un nuevo acuerdo después de la temporada del 2009.
Dicen que la etapa de madurez de un pitcher es después de los 32. Ya veremos si eso es cierto.