El deporte escolar

[email protected] Mientras el nombre del nuevo Director de Deportes aún permanece engavetado con la expectación desvaneciéndose, hay mucha gente capacitada dispersa, buscando cómo poner en marcha —de acuerdo a un programa de desarrollo bien soportado obviamente— el largamente sumergido deporte escolar, que siempre fue cantera inagotable del deporte de mayor rendimiento en el terruño. Con […]

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Mientras el nombre del nuevo Director de Deportes aún permanece engavetado con la expectación desvaneciéndose, hay mucha gente capacitada dispersa, buscando cómo poner en marcha —de acuerdo a un programa de desarrollo bien soportado obviamente— el largamente sumergido deporte escolar, que siempre fue cantera inagotable del deporte de mayor rendimiento en el terruño.

Con las federaciones y el Comité Olímpico moviendo los hilos del pequeño territorio que ocupa el considerado deporte competitivo, lo importante por la trascendencia que puede adquirir es la urgente reactivación del deporte escolar.

Los alegres años 50 y 60 con rivalidades cultivadas, con extensas ligas de diferentes deportes, con actividades sostenidas internas en los principales centros de estudio, con eventos de gran envergadura como las llamadas Olimpiadas del Ramírez Goyena, que reunían a los mejores atletas escolares del país, constituyen una referencia de gran utilidad.

¿Por qué no volver a esa efervescencia deportiva que fue tan saludable para el estudiantado de aquellos días?

Hoy, la mayoría de los chavalos que se construyen en los centros de enseñanza, “practican” el deporte viéndolo por televisión. Es decir, lo que se cultiva son aficionados, no atletas.

Grandes concentraciones para ver el futbol español, el inglés y el italiano; seguidores del futbol americano que se multiplican, la vieja atracción por el beisbol de Grandes Ligas, admiradores de Federer en tenis, de Alonso en Fórmula Uno y de Tiger Woods en golf, agitación por la NBA y sus “monstruos” post-Jordan.

En contraste, muy poca gente viendo nuestro deporte, consecuencia de la falta de figuras. Por cada aficionado joven que se sabe la alineación del Estelí, hay una relación de cinco o seis, o quizás hasta diez que dominan plenamente la del Barcelona.

Cierto, cuando nosotros éramos estudiantes, no había televisión en Nicaragua, mucho menos cable y tampoco existía el internet. Aparecía un nuevo bateador fabricando ruido como Mickey Mantle en 1951, y ansiábamos ver una fotografía en los periódicos o adquirir una revista como Carteles o Bohemia, para conocer más detalles.

Así conocimos a Joe Louis, Fangio, Di Estefano y otros, con muchas dificultades, y nuestra principal distracción era hacer deporte en los sitios donde estudiábamos. Los que tuvimos la suerte de comenzar a capacitarnos en el Goyena teníamos un gimnasio con tabloncillo, techado e iluminado, el primero visto en Nicaragua; una piscina de 25 metros; sitio para jugar volibol en el patio y ping pong en el edificio; salones para ajedrez y una fosa para saltos de altura, y longitud. Nos sentíamos en el paraíso.

Pero además, se organizaban ligas lo suficientemente largas en diferentes deportes, y los profesores de Educación Física captaban los nuevos valores.

Hoy, con el espacio abierto para multiplicar las matrículas, se necesita un plan de reactivación apropiada del deporte escolar como lo prioritario entre las tareas del Instituto de Deportes.

El casi inadvertido y muy reducido deporte competitivo, que lo manejen las federaciones. Lo esencial es concentrar esfuerzos en el deporte escolar.

Funciona como medicina preventiva, aleja de peligrosas tentaciones y contribuye a tu formación como persona. Como agregado, fortalece las bases del deporte de alto rendimiento.

Sin duda, una vasta cruzada de vastos horizontes.

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