Puede que Ricardo Mayorga esté tratando de salir del laberinto.
No es un arquitecto escultor como Dédalo, y consecuentemente no tiene a mano la posibilidad de elaborar alas de pluma y cera para escapar, pero, después de todo lo que le ha pasado, quizás haya comenzado a ordenar los hilos de su alborotado cerebro.
Aparte de alguna enseñanza sobre la responsabilidad que debe haberle proporcionado el sentirse acorralado y esposado recientemente, su decisión de regresar con Rigoberto Garibaldi es una señal de cierta sensatez.
Eso sí, se necesita una decidida colaboración de Mayorga para que Garibaldi sienta que verdaderamente está manejando las riendas del peleador, como lo hizo en las dos peleas con Andrew “Seis Cabezas” Lewis y en la primera con Vernon Forrest.
Garibaldi necesita impedir que ocurra lo visto en sus últimos días con Mayorga, cuando perdió toda autoridad y quedó al garete, simplemente formando parte del equipo de apoyo sin poder accionar, sin incidir, inutilizado.
Si esto no queda completamente claro, la relación difícilmente será fructífera y Garibaldi pasará de noche, lamentablemente.
Lo clave es un cambio de mentalidad y de actitud de Mayorga, nada fácil. No puede seguir conspirando contra él mismo. Sin embargo, uno piensa: ¿cómo podemos esperar una rápida y efectiva transformación de Mayorga tomando distancia de su locura natural, convenciéndose de que no puede seguir siendo un eficiente fabricante de disparates?
Y esto debe incluir controlar esa actitud provocadora, que le hizo adquirir una reputación como grotesco. Eso ya está gastado y no tiene sentido seguirlo utilizando. Es decir, que esas actitudes, tienen que ser manejadas bajo control.
Al intentar reconstruirse, Mayorga debe regresar a tierra y entrar en una etapa reflexiva para él desconocida, pero necesaria. ¿Podrá hacerlo?
Someterse a las órdenes de Garibaldi; ser lo suficientemente disciplinado para asimilar orientaciones tanto en el adiestramiento como durante el combate; conservar sus características alegres y agresivas, pero sin llegar a los descarrilamientos conocidos; asegurar un comportamiento de acuerdo a las exigencias que requiere la persecución de una estupenda condición física, deben ser puntos intransigentes en el pliego de compromisos de Mayorga frente a su futuro inmediato.
El divino tesoro de la juventud está comenzando a esfumarse, aunque no su exuberante fortaleza y con Garibaldi, quien sabe que no va a cambiar un estilo, sino tratar de sacarle el máximo provecho a un armamento rudimentario pero destructivo, Ricardo puede llegar a ser, una aproximación del púgil terriblemente presionante, capaz de derretir a rivales del calibre de Lewis y Forrest.
Pensando en poder llegar a cambiar golpes con otro peleador de agresividad comprobada que ya vio pasar su mejor momento, como es Fernando Vargas, el ex campeón Ricardo Mayorga parece haber conseguido algunas de las tuercas que tanta falta le han hecho y acercarse a la sensatez.
Bueno, esa es la impresión que se tiene después de leer su entrevista con Ludo Sáenz. Ahora necesitamos comprobarlo.
Pero no hay duda, que el hecho de buscar a Garibaldi es un buen síntoma sobre esa dirección. Lo esencial es que no vuelva a ocurrir otro descarrilamiento. Sería trágico.