Cada vez que peleamos un juego en el concierto del futbol centroamericano, sentimos que estamos creciendo y lo creemos, pese a lo drásticamente crueles que son los antecedentes.
Esos alentadores comportamientos ocasionales que tanto nos estimulan, han dependido de raptos de inspiración, no como consecuencia de un proceso evolutivo que haya elevado nuestro nivel de competencia y nos permita sostenerlo. Claro, eso necesita un buen soporte y hasta hoy hemos carecido de recursos humanos y económicos para garantizarlo.
Somos tan pequeños que hemos llegado a considerar que con los 250 mil dólares que proporciona la FIFA para ciertos proyectos, deberíamos haber conseguido avances estimables en el ranking mundial, y estar fajándonos con los otros seleccionados del circuito.
Falso cálculo. Esos 250 mil dólares difícilmente alcanzan para la contratación por un año de un entrenador de verdad a tiempo completo. Maturana y Bilardo costaron casi un millón cada uno a Costa Rica y Guatemala, sin desembocar en otras inversiones, que incluyen la preparación de un Seleccionado Nacional con responsabilidades salariales fijas, calificadas como muy altas vistas desde la butaca de nuestra realidad.
Con esa cantidad disponible anual, el futbol de Costa Rica, Guatemala, El Salvador y Honduras estaría en la lona.
Fui testigo en Honduras, cuando el equipo local se enfrentó a Estados Unidos en las eliminatorias, y tal juego, realizado en un Estadio como el San Pedro Sula, con más de 40 mil aficionados adentro, produjo casi un millón de dólares. Aquí, ni sumadas todas las actividades deportivas en un año, se consigue ese millón de dólares.
El mayor problema que enfrenta el futbol nica es que este deporte es el único de nivel competitivo internacional en Centroamérica, y la distancia que nos separa de los que han crecido es insalvable, excepto en raras ocasiones.
Hace unos 30 años, enfrentarnos con Panamá y Honduras, ofrecía grandes posibilidades, pero ellos se dispararon poniendo a funcionar planes de desarrollo pretenciosos y con sólido respaldo económico, en tanto, los otros tres países, continuaron su avance.
¿Quién nos iba a decir que veríamos a Honduras derrotar a los brasileños en una Copa América, y también a los ticos pelearles bravamente un juego en Copa del Mundo? Eso era descartable hace más de tres décadas.
Es tan pequeño nuestro futbol, que lo más sobresaliente que siempre mencionamos, es la victoria sobre Estudiantes de La Plata en 1966, en un juego amistoso. ¿Hay alguien que piense que ese equipo de Estudiantes con Poletti, Echecopar, Bilardo, Malbernat, Escoz, Miguel Ángel López, Verón, el Dr. Madero y otros, sería vencido por la actual Selección Nacional?
Fue algo casual. De eso tenemos que estar claros, y no en una “rifa” seria.
La victoria de Diriangén sobre el Alajuela en 1997 en primer juego de un cambio de golpes, tiene un gran mérito, así como el triunfo sobre Panamá en la Copa UNCAF del 2003.
De vez en cuando se consigue una actuación que nos estremece de emoción y permite entrar en cálculos optimistas, pero no tardamos mucho tiempo en regresar a la realidad con los pies sobre la tierra, sin balón.
Nuestro futbol, de limitados recursos, sigue siendo pequeño.