A los 80 años, murió Lew Burdette.
Fue un pitcher bravo de verdad, pero no tanto para alcanzar la grandiosidad y tener posibilidades de abrir las puertas del Salón de la Fama.
El consistente tirador derecho que se elevaba 6 pies y 2 pulgadas sobre el montículo, ganó 203 juegos y perdió 144 en una carrera que se extendió, desde su inadvertido debut con los Yanquis en 1950, hasta su poco visible retiro con los Ángeles de California en 1967.
Cuando se habla de Burdette, hay una imagen imperecedera que toma forma, y es la que lo muestra vistiendo el uniforme de los Bravos de Milwaukee, equipo con el que logró ganar 15 o más juegos, durante 8 de 9 temporadas entre 1953 y 1961.
Muchos deben creer que sólo trabajó para ese equipo, en vista que fue transferido por los Yanquis a los Bravos —entonces en Boston— en 1951, a cambio de Johnny Sain, y permaneció con la franquicia hasta 1963.
Era un prospecto de 24 años buscando un lugar en el staff que encabezaba el legendario zurdo Warren Spahn, y lo logró justamente en 1953, cuando los Bravos salieron de Boston para establecerse en Milwaukee.
Su gran huella fue la trazada por las tres brillantes victorias contra los Yanquis en la Serie Mundial de 1957, todas de recorrido completo, con dos por la vía del blanqueo. Ese ha sido uno de los grandes alardes de pitcheo en Clásicos.
Joe Dimaggio se había ido y Roger Maris todavía no llegaba, pero los Yanquis del 57, encabezados por Mickey Mantle, tenían al formidable novato Tony Kubek, a Gil McDougald, Yogi Berra, Hank Bauer, Enos Slaughter y Joe Collins. Un reto grueso para cualquier tirador.
Los Yanquis ganaron el primer juego con Whitey Ford superando a Warren Spahn en duelo de zurdos, y al día siguiente, Burdette equilibró la serie garantizando una victoria de 4-2, cerrando con seis scones consecutivos.
Después de un cambio de golpes en los juegos 3 y 4 y la serie empatada 2-2, Burdette derrotó 1-0 a Ford, y en la batalla decisiva tres días después, enfrentando a Don Larsen, se impuso 5-0, registrando 0.67 en carreras limpias en 27 entradas.
Con las rotaciones pequeñas, los jefes de staff eran utilizados tres veces en los Clásicos y necesitaban mucha fortaleza, sobre todo para no movilizar el bullpen, y eso fue lo que hizo Burdette en el momento cumbre de su trayectoria.
Ganador de 20 y 21 juegos en las temporadas del 58 y el 59, Burdette logró 19 victorias en dos ocasiones y al momento de retirarse presentó tres promedios debajo del 3.00 en efectividad.
Su promedio en carreras limpias a lo largo de 3,067 entradas y un tercio, fue de 3.66, y raramente, en su campaña de 21 victorias, fue sacudido con 38 jonrones, las dos, cifras máximas en su carrera.
El manager Fred Haney dijo de él: “Es el pitcher ideal para los juegos cumbres. No conoce el miedo y ha conseguido suficiente confianza para crecer bajo presión”.
Spahn y Burdette, fueron la gran combinación de los Bravos en aquellos tiempos, mientras avanzaban hacia Maddux, Glavine y Smoltz.