Cuando un hombre está orgulloso de su trabajo y de su amada familia, por lo regular desea y espera que sus hijos sigan su ejemplo y continúen con su meritoria labor.
Así sucedía con Tomás. Él era el más hábil de los artesanos del pueblo y de sus diestras manos salían los mejores y más sobresalientes puñales, jabalinas y espadas que se habían visto. Sus armas gozaban de gran demanda y merecido valor.
Él construyó muchos de esos instrumentos bajo pedido e iban destinados para los principales líderes del país o para los oficiales de algunos ejércitos extranjeros.
Así que, con orgullo, trató de enseñarle el oficio a su hijo Simón; pero él, obstinado, se resistió y dijo que ¡no! Que él no construiría armas para segar la vida de las personas, puesto que él creía que la existencia era sagrada.
Su padre, tratando de persuadirlo, le dijo:
Mi conciencia está tranquila, yo sólo hago las armas y no soy responsable del uso que se les dé.
Sí le respondió con firmeza su rebelde hijo pero yo jamás haré nada que dañe a otros seres humanos, principalmente si se trata de personas inocentes.
Así que no hubo poder humano que lo convenciera de seguir la profesión paterna y a cambio, aprendió el noble arte de la carpintería.
Sí decía orgulloso prefiero hacer cunas para recibir la vida o ataúdes para honrar a los que parten. Y dentro del lapso de la existencia, crear todo tipo de mobiliarios que faciliten la vida de los usuarios. ¡No haré nada que esté destinado a dañar o a castigar a un inocente!
Debido a su profesión y al prestigio que cosechó con los años, el gobernador le ordenó fabricar varios instrumentos destinados para el castigo de los criminales.
La orden no fue de su agrado pero se vio en la obligación de cumplirla y se autoconsolaba diciéndose que esos artefactos sólo servirían para el castigo de las personas que se lo merecían y ante ese razonamiento encontraba tranquilidad.
Y, sin embargo, ante todos los satisfactorios pronósticos de su conciencia, se enteró con tristeza, de que un inocente había sido ejecutado y que fue él quien construyó y entregó él la cruz en la que murió Jesús de Nazareth.