Henry Armstrong (Izqda.) brilló ganando tres coronas al mismo tiempo, cuando no existían las divisiones intermedias. (LA PRENSA/ AP )

SÚPER CAMPEÓN

El estadounidense obtuvo tres títulos al mismo tiempo, caso único [doap_box title=»Historia clásica» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] En un despacho internacional se explica que Henry Armstrong nunca olvidó la pobreza con que inició su vida. Él, sus ocho hermanos y seis hermanas dormían en un rancho de tres cuartos, bajo el sistema de virtual esclavitud en la […]

  • El estadounidense obtuvo tres títulos al mismo tiempo, caso único
[doap_box title=»Historia clásica» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

En un despacho internacional se explica que Henry Armstrong nunca olvidó la pobreza con que inició su vida.

Él, sus ocho hermanos y seis hermanas dormían en un rancho de tres cuartos, bajo el sistema de virtual esclavitud en la plantación de algodón y caña de azúcar donde su familia trabajaba, el joven Armstrong presenció latigazos y frecuentes castigos.

Cuando apenas tenía cuatro años, su padre, un negro irlandés, y su madre, una india cherokee, se mudaron a San Luis, llevando consigo a sólo siete de sus hijos.

De repente, iluminado por una corazonada, Armstrong decidió comprar un par de guantes de boxeo, utilizando el dinero que ganaba trabajando. Diógenes diría que “estaba escrito” que llegaría a ser un Súper-Campeón.

[/doap_box]

ARMSTRONG UNA RAREZA DEL BOXEO

El tiempo pasa y el asombro continúa agigantado. ¿Cómo fue posible que un boxeador consiguiera tres coronas mundiales al mismo tiempo, cuando todavía no se habían inventado las categorías “Junior”, y los saltos que se daban de una categoría a otra eran espectaculares, como los realizados por Bob Beamon y Mike Powell.

No esperen otro caso así. Henry Armstrong murió a la edad de 75 años, dejando a las nuevas generaciones un reto imposible. Revisen esto y créanlo por favor: el fue Campeón Pluma, Ligero y Welter mientras peleaba en los años 37 y 38.

¿Se imaginan eso?

Un púgil producto de la fantasía, dominando los casilleros de 126, 135 y 147 libras, con otra rareza, fue primero Campeón Welter, saltando desde el peso Pluma, y meses después se coronó en Ligero.

Cuenta la leyenda que en la década de los años 30, no se vio a un boxeador más feroz e imbatible que Henry Armstrong.

Era pequeño, pero con un pecho bien formado, amplia espalda, brazos musculosos y piernas delgadas. No tenía un estilo pulido, y ciertamente con su fuego, corazón, poder y resistencia, no lo necesitaba. Se caracterizó siempre por arremeter con furia, y podía golpear sin descanso desde que sonaba la campana, hasta que su contrincante se desplomaba.

Durante sus 181 peleas profesionales, Armstrong noqueó a 100 de sus rivales, ganó 52 veces por decisión y empató ocho combates. Entre 1937 y 1939, provocó asombro ganando 46 peleas consecutivas, 27 por la vía rápida.

Se recuerda, que Armstrong aprendió a boxear en las calles de San Luis, iniciando su carrera en 1930… Más adelante, en 1932, decepcionado por no haber logrado un puesto en la selección olímpica de Estados Unidos, decidió incursionar en el profesionalismo.

Es fácil señalar sus victorias más resonantes, es decir, las que hicieron historia garantizándole la súper-proeza: en octubre de 1937, noqueó en el sexto asalto a Petey Sarron, conquistando el título pluma en Nueva York; continuó su impresionante cabalgata agregando una victoria por decisión en 15 rounds sobre Barney Ross por el cinturón welter, en mayo de 1938; y más adelante, descendió a la categoría Ligero para conquistar ese cetro por decisión en 15 rounds sobre Lou Ambers, en agosto de 1938. Es decir, tres campeonatos mundiales en 10 meses. ¡Qué alarde amigos!

Armstrong, un negro de Columbus, Ohio, se proyectó hacia la grandiosidad en el boxeo en medio de la gran depresión económica, pero de todas maneras obtuvo más de 600 mil dólares en su carrera.

Para el momento de su retiro, era un genuino héroe popular en Estados Unidos, aunque ya había perdido todos sus títulos, la mayor parte de su dinero no existía y su rostro estaba lleno de cicatrices. El impacto que provocó, aseguró un recuerdo imperecedero y un reto para las nuevas generaciones.

Después de colgar los guantes, Armstrong luchó por abrirse paso en la vida, atravesando por los momentos más tristes de su existencia. Lamentablemente se trató de refugiar en la bebida, comprobando lo fatal que es eso.

En 1941 se frustró intentando recapturar el cinturón welter que había perdido ante Fritzie Zivic.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí