- La exclusión de Mark McGwire es una campanada de alerta
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OTRA VEZ ES CUESTIONADO
No se sorprendan, pero no es seguro que sigamos viendo en acción a Barry Bonds en este 2007.
Pese a que obviamente se ha tratado de favorecerlo en medio de la tormenta de cuestionamientos, la presión ejercida sobre él desde diferentes puntos, incluido por supuesto el periodismo especializado, una vez publicado el libro-documento Juego de Sombras, ha agrietado seriamente sus posibilidades, y su contrato con los Gigantes de San Francisco no ha sido concretado informan varios medios de comunicación.
Hace unos días, Bonds dio positivo por uso de anfetaminas. Se explica que una segunda prueba positiva produciría su identificación y una suspensión de 25 juegos. Una primera prueba no obliga a multa ni identificación.
Bonds prácticamente acorralado, reconoció haber dado positivo después de haberse atrevido a involucrar a Mark Sweeney, sólo para terminar diciendo, agobiado por las dificultades, que Sweeney no tenía nada que ver.
Desde Juego de Sombras, Bonds ha vivido en un embudo y su vida se convirtió en un torbellino incontrolable. Cada mañana, el problema lo ha estado golpeando en las narices, y su calma, es aparente.
El comisionado Bud Selig también ha estado sentado sobre las brasas, rechazando hacer comentarios y abriendo espacio a variedad de especulaciones.
La misión de Bonds en el 2007 es conectar 22 jonrones y superar los 755 de Hank Aaron, un amigo íntimo del Comisionado, y crítico fuerte del uso de recursos extras como los esteroides por parte de Bonds.
Claro que ese será uno de los puntos focales de la temporada, pero, la excitación no será la misma que provocaría un Bonds libre de sospechas. Para los puristas, es como construir la grandeza económica, ilegalmente.
La utilidad de Bonds a los 43 años, quien estuvo en 130 juegos durante el 2006 disparando 26 jonrones y empujando 77 carreras con 99 hits, no parece valer 16 millones de dólares, aún con su mira puesta en la marca de Aaron, debido al deterioro de su reputación como temible.
La pregunta del momento es, ¿podrá Bonds con un arranque ruidoso colocar a un lado los cuestionamientos y atrapar el interés de todos? Eso va a depender del tipo de trato que reciba del periodismo.
Bonds, tratando de avanzar hacia Hank Aaron sobre una montaña de críticas y expuesto a investigaciones, preocupa a los Gigantes, al Comisionado y al beisbol.
A esta altura, parece difícil pero no imposible, que Bonds, ubicado segundo en la lista de más grandes jonroneros de la historia, luego de pasar encima de Babe Ruth, decida dejar en paz el récord de Aaron a cambio de calmar las polvaredas y tomar cinco años para mejorar un poco su posibilidad de ingresar a Cooperstown. Lo ocurrido con Mark McGwire es una campanada que no debe dejarlo dormir.
¿Cuántos jonrones conectará Bonds en abril? Cinco o seis, agitarán el oleaje, lo que permitirá tener una idea clara sobre lo que le espera, en lo referente a la opinión pública y el tratamiento del periodismo.
Hasta hoy, Bonds no ha podido hacer la restauración requerida alrededor de su imagen, y de eso están claros los Gigantes.
Ellos no esperan que Bonds sea el pelotero del 2004 que fue capaz de obtener su séptimo título Más Valioso, ni que sea el líder del equipo, pero sí que mientras avance hacia la cifra de Aaron, sea lo necesariamente útil para el equipo que intenta un resurgimiento.
Sólo de esa forma podrá compensar un gran salario y sostener expectativas.