- Todavía no hay ningún estadio que se le parezca al mágico Fenway Park, donde los juegos son como un viaje de regreso en el tiempo
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el fenway park cargado de historia
Tomado de ESPNdeportes
Ed Farmer, ex lanzador de Grandes Ligas, conoció el famoso Fenway Park por primera vez en 1971. “Pensé que era un lugar de depósito, pensé 'el parque verdadero debe estar por aquí en algún lado'”, dijo. “Pero hasta el día de hoy, cuando paso por las puertas, la realidad se queda afuera”.
El Fenway Park es mágico. No existe otro parque, estadio o arena semejante. Incrustado en la sección Fenway de Boston, es viejo, apretado e irritable, pero no hay lugar mejor, ni más íntimo, para un juego de beisbol.
Cada noche se llena de los aficionados más frenéticos, y entre ellos los más sofisticados del deporte. Tiene estilo y es excéntrico, repleto de ángulos en las paredes y escondites secretos.
El poeta Donald Hall lo llamó “una gran máquina de pinball diseñada por un escultor loco”. Ha sido sede de los partidos más salvajes en la historia del beisbol.
VIAJE EN EL TIEMPO
“Ir allí es como hacer un viaje de regreso en el tiempo”, dice Rich Donnelly, entrenador de los Dodgers. “Babe Ruth lanzó allí. Ted Williams jugó allí. Es el mejor lugar al que he ido”.
He cubierto partidos en 48 parques, y Fenway sigue siendo el número uno principalmente por su estilo familiar y las historias que puede contar.
“Simplemente aparece, es tan espeluznante”, dice el gerente general de los Orioles, Mike Flanagan, quien lanzó muchas veces en Fenway. “Cuando llegué a las Grandes Ligas, no creí haberlo logrado hasta que jugué en Fenway. Es el lugar más emocionante en el que un pelotero pueda jugar, más que el Yankee Stadium, debido a su historia y su tradición. Los jugadores se esfuerzan en Fenway más que en cualquier otro parque por los aficionados. En el Yankee Stadium sientes que puedes respirar por todo el espacio libre detrás del plato. En Fenway sientes que los aficionados están parados junto a ti”.
EL ASIENTO ROJO
Hay un asiento pintado de rojo en las gradas del jardín derecho adonde aterrizó uno de los jonrones más largos de Ted Williams.
El Pesky Pole se encuentra en el jardín derecho. Hay un cartel de CITGO más allá del muro del jardín central izquierdo; cada vez que Joe Carter de los Medias Rojas veía ese cartel, pensaba, C-IT-GO.
Hace varios años, un hombre se quedó encerrado fuera de su automóvil en la calle de acceso al Fenway.
Mark McGwire le conectó un jonrón a Zane Smith que se salió del parque y aterrizó en el vehículo de este hombre, haciendo un hoyo en el parabrisas, permitiéndole recuperar sus llaves. El hombre le llevó la bola a McGwire para que se la firme.
EL MONSTRUO VERDE
El Monstruo Verde de 11 metros de altura de Fenway es el elemento más reconocido de todas las instalaciones deportivas de Estados Unidos. Está hecho de metal y hierro, pintado de verde como el jardín y se encuentra a 94 metros del plato.
Hay una escalera montada en él: Jim Lemon conectó una bola voladora que golpeó la escalera y rebotó al jardín central, permitiéndole recorrer las bases.
Hay una puerta de entrada al monstruo; muchos grandes jugadores han dejado su autógrafo dentro del muro.
Manny Ramírez atravesó la puerta una vez durante un cambio de lanzadores, y casi no regresó a tiempo para su próximo turno.
El Muro es el hogar del anacrónico marcador; los hombres que se encargan de él colocan paneles de 0.3 x 0.4 metros, de casi un kg. de peso cada uno, en los espacios correspondientes en cada entrada.
Las iniciales de los antiguos dueños de los Medias Rojas, Tom y Jean Yawkey, pueden verse en código Morse en el marcador. Uno de los jonrones más famosos de la historia, obra de Bucky Dent para derrotar a los Medias Rojas en un juego de playoffs de 1978, despejó El Muro.
PROVOCA ASOMBRO
Ahora, los aficionados pueden sentarse sobre el Monstruo, y bastante más arriba de esos asientos hay unas enormes botellas de Coca-Cola, pero todavía es el Monstruo Verde, y ha atormentado a los lanzadores y deslumbrado a los bateadores por años.
“Miro las expresiones de quienes lo ven por primera vez”, dice Flanagan. “Algunos rostros expresan mucho asombro”.
Uno de aquellos rostros fue el de un colega, el brillante y divertidísimo Gerry Fraley, quien cubrió a los Bravos de Atlanta en los años ochenta, y nunca había ido al Fenway hasta la Serie Mundial de 1986.
Durante las prácticas de bateo previas al Juego 3, miró el Monstruo Verde y preguntó: “¿Quitan esa cosa cuando comienza el juego?”.
Le encantó el lugar. Y nosotros siempre lo amaremos.