- En el afán de obtener mejores resultados en el “brillante” negocio de producción de oro, los artesanos de Las Minas de Bonanza han experimentado con diversos métodos innovadores, pero aún falta la herramienta que los saque de la pobreza y del peligro al que se arriesgan para extraer el codiciado material precioso
Corresponsal/Triángulo Minero
La falta de empleo y las múltiples necesidades para mantener a sus familias en Bonanza han obligado a muchos pobladores a realizar innovaciones para dedicarse al proceso de broza (material aurífero) para la producción del oro, en las ricas minas de Bonanza, Región Autónoma del Atlántico Norte.
En este municipio minero del Caribe Norte, los mineros artesanales se han dedicado a mejorar sus métodos de producción de oro. “Hasta este momento se ha mantenido el molinete, que fue un método usado por muchos mineros desde los años cincuenta”, dijo Jesús Sevilla Suárez, uno de los bonanceños que inventó un método de producción con bicicletas en Bonanza.
Una de las invenciones que se puso en práctica en Bonanza es la que fue usada por un alemán llamado Malkan Fisher, quien instaló una rastra en Oconwas, jurisdicción de Rosita, en los años sesenta, dijo Sevilla Suárez.
PRIMERA PRUEBA
En 1983 Róger Castro, conocido popularmente como “Patrol”, fue el primero en utilizar el método de la rastra que consiste en triturar la piedra con grandes rocas sobre una plancha de concreto movida por un motor de vehículo, al que se le instalan unas bandas y ejes traseros.
Luego Rosalío Ochoa, en Waspanona, instaló una rastra pero la novedad fue que no usaron motores, aprovecharon una cascada de agua y allí instalaron unas turbinas para mover las piedras que trituran la broza.
Las rastras proliferaron en la pequeña ciudad minera, porque Jesús Sevilla, David García, Julio Gutiérrez, Basilio Suárez, Adán Madrigal y otros pobladores se dedicaron a procesar broza con las rastras.
OTRO AVANCE
En el año 2005, Jesús Sevilla dio a conocer su propio invento: el uso de un pequeño tanque, con balines y movido por un chasis de bicicletas para el proceso del oro, pero no le bastó porque en el 2006 su primer invento lo llevó más allá y adaptó un motor de vehículo en dos tanques con balines grandes que ahora le permiten procesar una tonelada de broza en un turno de doce horas.
Este sistema es conocido como molinos de circuito cerrado, y su propietario gana entre el 20 y 25 por ciento de la producción total, dependiendo del rendimiento del material, dijo Jesús Sevilla.
Hace tres meses, en el afán de sacar más provecho al recurso natural, Santos Castillo Suárez compró un molino que usa tres lainas para moler la piedra, en este sistema se procesa una tonelada de piedras en una hora y media.
Los niveles de aprovechamiento entre el molino de lainas y la rastra no varía, mientras que los molinos de circuito cerrado tienden a mejorar el aprovechamiento del oro, según cuenta su creador Jesús Sevilla.
David García está terminando de instalar un molino que le permitirá procesar diez toneladas en doce horas, este sistema tiene un costo superior a los diez mil dólares.
OTROS PROBLEMAS
Estos métodos de producción han ayudado a la pequeña minería artesanal, porque no todos los mineros artesanales pueden vender su broza a la empresa minera, pues obtener la programación es una odisea en las cooperativas que existen, dijo el minero artesanal Isidro Cantillano Sánchez.
Además asegura que “en las rastras, molinos artesanales instalados en Bonanza, obtenemos el pago inmediato mientras que la empresa minera nos paga hasta los quince días después que metemos nuestra broza”.
En Bonanza existen unos cuatro mil mineros artesanales que se dedican a este oficio, y enfrentan serios problemas de seguridad laboral, no cuentan con el equipamiento adecuado para realizar su labor y una pequeña cantidad está afiliada a las cooperativas, el resto se las ingenia para trabajar en esas condiciones.
SERIOS RIESGOS
La principal fuente de ingresos económicos de Bonanza es la minería artesanal, pero los güiriseros trabajan expuestos a la muerte, bajan con escaleras o mecates hacia túneles profundos donde en cualquier momento pueden quedar aterrados.
Una de las ventajas que han tenido los pequeños mineros de Bonanza fue el alza en el precio del oro que llegó hasta los 320 por penique durante el mes de diciembre del 2006, “esperamos que el precio no se baje porque entonces tendríamos problemas”, dijo David García quien mantiene la esperanza de poder subsistir del material precioso.