- Empresas asiáticas buscan mejorar su logística en América con inversiones directas en infraestructura
Guayaquil
Al unísono, los barcos atracados en el puerto ecuatoriano de la ciudad de Manta hicieron sonar prolongadamente su silbato. Fue la sonora bienvenida que se le hizo a la firma hongkonesa Hutchinson Port Holdings (HPH), que a partir del primer día de enero del 2007 asumirá la concesión por 30 años para manejar el pequeño puerto pesquero por donde pasa el 10 por ciento de la carga de todo Ecuador.
El bajo nivel no molesta a la compañía. “Cuando Hutchinson invierte en una región es un imán para las empresas, aumenta el tráfico de carga”, dice Gerry Yim, director para las Américas, Medio Oriente y África de la multinacional HPH. Son pronósticos prometedores de la empresa, presente en 22 países, que maneja el 15 por ciento de la carga del mundo. De sus 44 puertos, Manta es el primero en Sudamérica.
HPH no es la única firma china con planes parecidos. Un grupo de empresas chinas y coreanas está haciendo cabildeo ante el gobierno mexicano para que les permita construir un puerto de US$1,000 millones en la zona agrícola de Punta Colonet, 150 kilómetros al sur de Tijuana. Ubicado en el Pacífico, en Baja California, sería uno de los mayores proyectos realizados en México. Su finalidad es clara: reducir los cuellos de botella que enfrentan los chinos para enviar sus productos a los congestionados puertos americanos y facilitar sus envíos a Asia.
“China invirtió mucho en América Latina para asegurar un abastecimiento de materias primas”, dice Marcio Stewart, consultor brasileño de Infoaméricas, especializado en el tema de infraestructura en América Latina. “Pero ahora está teniendo los mismos problemas de los exportadores de la región, porque la salida internacional de esas materias primas es ineficiente, dada lo magra que es la infraestructura logística en la región”, agrega.
Según Stewart, casos como el de Manta y el de Baja California serían las primeras señas de una segunda etapa de las inversiones chinas en la región, enfocada a puertos, caminos y aeropuertos para hacer más eficiente la logística de su comercio. En el caso ecuatoriano, tiene sentido. “En los últimos años hemos invertido US$2,300 millones en Ecuador”, dice Liu Zifa, Cónsul de China en Guayaquil. El año pasado la inversión más importante se dio en el sector petrolero, cuando la canadiense Encana vendió sus operaciones en Ecuador a la china Andes Petroleum Company por US$1,400 millones.
Manta se vuelve un activo estratégico de los chinos. Con sólo 200,000 habitantes, la ciudad está casi en la mitad del mundo. Mira de frente al Pacífico, tiene aguas profundas que no necesitan ser dragadas para recibir grandes buques. Además, está a sólo 24 horas del Canal de Panamá. Son US$480 millones los que serán invertidos en la modernización de este puerto estatal en los próximos cinco años. Pero no sólo eso: Para concretar la aspiración de ser un puerto de transferencia de carga internacional, el complemento será un aeropuerto intercontinental de carga.
Para ello, está previsto construir una nueva terminal para usar la moderna pista de aterrizaje en la Base de Manta por la fuerza aérea estadounidense. En la pista se invirtieron US$80 millones. “Parte de la carga será transportada a otros países de Sudamérica a través del aeropuerto”, dice Lucía Fernández, presidenta de la Cámara de Comercio de Manta, una de las principales impulsoras del proyecto.
La megaplataforma que combina puerto y aeropuerto podría transformarse en un eficiente centro en el corazón de Sudamérica. Los planes levantan expectativas. “La ciudad será un polo de desarrollo para el país con proyección naviera y pesquera, turismo y transportadores de carga”, dice Fernández. Felices como chinos.