TONY LA RUSSA y Mark McGwire con los Cardenales de San Luis en la temporada de 1997. (LA PRENSA/Archivo)

El conteo en su contra

McGwire recibirá el pase de factura por los esteroides [doap_box title=»Alto rechazo» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El rechazo a Mark McGwire parece ser alto, según algunos sondeos entre los votantes. En noviembre pasado The Associated Press sondeó las preferencias de un 20 por ciento de los votantes y sólo uno entre cada cuatro dijo que se inclinaba […]

  • McGwire recibirá el pase de factura por los esteroides
[doap_box title=»Alto rechazo» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El rechazo a Mark McGwire parece ser alto, según algunos sondeos entre los votantes.

En noviembre pasado The Associated Press sondeó las preferencias de un 20 por ciento de los votantes y sólo uno entre cada cuatro dijo que se inclinaba a darle su apoyo a McGwire este año, lo que le deja muy lejos.

Uno de ellos, Hal McCoy del diario Daily News en Dayton, se refirió sin bagajes a que uno de los requisitos para ingresar a Cooperstown es que el pelotero debió haber tenido un comportamiento ejemplar.

“No quiere hablar del pasado? Pues entonces yo no voy a tomar en cuenta su pasado”, dijo McCoy.

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Nueva York/Ap

Cal Ripken está fijo. Tony Gwynn ya puede ir redactando su discurso. ¿Mark McGwire? Alto ahí.

El toletero que en 1998 protagonizó junto a Sammy Sosa un memorable duelo de jonrones podría recibir la factura por las sospechas de dopaje que han manchado su figura tras retirarse del beisbol.

Todo hace indicar que a McGwire le aguarda una valoración negativa por parte de los integrantes de la Asociación de Redactores de Beisbol de Estados Unidos, que este martes dará a conocer los nuevos miembros del Salón de la Fama.

En el caso de Ripken y Gwynn los méritos son impugnables. Jugadores que forman parte del club de los 3,000 hits y que militaron con el mismo club de principio a fin en sus carreras.

Pero la candidatura de McGwire, en su primer año de elegibilidad, no obtendría el 75 por ciento mínimo necesario en los resultados de la votación.

Se trata de algo impensable si uno se remonta a 1998, cuando sus 70 jonrones eclipsaron la marca histórica para una sola temporada.

Su ingreso al templo de los inmortales en Cooperstown se daba por descontado ante la magnitud de sus proezas en la parte final de una carrera en la que jugó para los Atléticos de Oakland y los Cardenales de San Luis.

Pero esa gesta se ha visto embarrada por las denuncias sobre consumo de esteroides, que han puesto en tela de juicio la validez del auge de jonrones de fines de la década pasada y principio de la actual.

McGwire tampoco respaldó su propia causa con su comparecencia ante una comisión del Congreso en 2005, en la que reiteradamente empleó la frase: “no estoy aquí para hablar del pasado”.

Poco convincente al hablar, su imagen distó mucho del admirable bateador que aterrorizó a los lanzadores de las Mayores.

Ahora, el pasado de McGwire es lo que está sobre el tapete con una fuerte corriente de opinión que pide que se le cierre la puerta a Cooperstown.

“Los periodistas deben mandar un mensaje a los propietarios, que hasta hace poco fueron muy cobardes o timoratos, con la siguiente advertencia: hacer trampa está mal y a (McGwire) no se le debe premiar con el máximo honor que puede recibir un beisbolista”, comentó en un editorial reciente el diario San Antonio Express-News.

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