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Cal Ripken, el más consistente
Cal Ripken es una segura escogencia para ingresar al Salón de la Fama en la próxima semana.
Chico bueno, admirablemente solvente en todas las gestiones que exige el juego, dueño de cifras que impresionan, consistente en su rendimiento a lo largo de 21 temporadas, bateador de 3 mil hits, dos temporadas con 40 o más jonrones, tres superando el centenar de impulsadas, cinco elevando su promedio encima de los 300 puntos y sobre todo capaz de estar en acción ininterrumpidamente en 2,632 juegos, borrando la marca de 2,130 establecida por Lou Gehrig, y que parecía poder resistir cualquier embestida por los siglos de los siglos.
Las comparaciones entre superestrellas, además de difíciles, son odiosas. En un momento como éste, nos preguntamos: ¿Cómo es posible diferenciar el grado de dificultad que atravesaron Lou Gehrig y Cal Ripken en ruta hacia sus increíbles rachas de consistencia? ¿para quién fue más difícil avanzar?
Cuando quebró la marca, Ripken había estado en el line up abridor como jugador del cuadro interior en cada uno de los 2,131 juegos. En los primeros 27 de la racha, funcionó como un tercera base que tomó el guante de Floyd Rayford, y en el resto del trayecto hacia la nueva marca, fue un short regular expuesto a todos los riesgos.
Después de la receptoría, la posición más exigente del juego es el campo corto. Verse involucrado en jugadas friccionadas es una constante para el short stop.
Ripken superó torceduras en sus tobillos, problemas en las rodillas, pelotazos peligrosos y malestares diversos mientras sus posibilidades crecían.
Gehrig en primera base tenía más reposo y menos presión. Desde siempre, la inicial ha sido un refugio para músculos cansados. George Brett, Harmon Killebrew, Mike Schmidt, fueron a parar a ese sitio para dosificar mejor su desgaste físico. De manera que en lo referente a mantenimiento con menor riesgo, Gehrig tuvo ventaja sobre Ripken.