El tema que está de moda ahora en Latinoamérica es el llamado “tsunami de la izquierda” liderado por el populismo demagógico de Hugo Chávez, el cual es sustentado por el imperio, o sea, bondades imperiales. Veamos el ¿por qué?
De acuerdo con datos revelados el 12 de diciembre del 2006 por El Departamento de Comercio de EE.UU.: “El superávit de Venezuela alcanzó los 1,876 millones de dólares en octubre, frente a 2,276 millones en septiembre de este año. Entre enero y septiembre el superávit venezolano fue de 24,541 millones, frente a 23,129 millones del mismo período del año pasado”.
Además, si tomamos el tiempo de ir al sitio Web: http: //www.census.gov/foreign trade/balance/c3070.html, en donde podremos encontrar los superávit comerciales de Venezuela con Estados Unidos desde que Chávez subió al poder (ojo, sumas envidiables por cualquier otro país ), o sea , su populismo necesita de los gringos.
Las cifras están el año del superávit y en los miles de millones de dólares: 1999: 5,981.1 millones de dólares; 2000:13,073.4 millones; 2001: 9,608.2 millones; 2002: 10,663.9 millones; 2003: 14,305.1 millones; 2004: 20,153.1 millones y 2005:27,557.2 millones.
Paradójicamente, fue en el año 2001 en el cual Venezuela tuvo un superávit menor comparado con el año anterior (2000), por lo tanto, las exportaciones de los venezolanos hacia “el tío Sam” fueron menores. ¡Recuerdan el 9/11! O sea, si alguna tragedia le sucede a Estados Unidos, ejemplo, el ataque a las torres gemelas; quienes sufrirán más serán países con un superávit comercial en el caso del Gobierno de Chávez.
¡Irónico no! Porque el señor Chávez vive hablando mal del “imperio” en vez de darle gracias por las “bondades imperiales”.
Tal vez esto sirviera como punto de observación que el principal cliente del petróleo venezolano es el mismísimo Estados Unidos ¿Por qué? Porque Estados Unidos compra el 60 por ciento del total de la producción del petróleo venezolano.
El señor Hugo Chávez sabe – mejor que nadie —que sin el mercado estadounidense— su economía colapsaría como un barril cuesta abajo.
La cosa se pone más interesante cuando parte de este dinero regresa a Estados Unidos porque muchos de los “nuevos ricos” (la mayoría de ellos chavistas) prefieren las marcas “made in USA”, e ir de vacaciones a Disneyland. Parafraseando a un cubano: cosa más grande de la vida chico.
Por otro lado, lo más aterrante del caso es que Venezuela, socio de la OPEP, es uno de los impulsores en cuanto a reducir las producción de petróleo para reducir la oferta (exceso de inventario del mercado), por lo tanto, aumentar la demanda, la cual llevaría los precios del petróleo una vez más al cielo.
¡Acaso no son ellos —izquierdistas bolivarianos— los que nos quieren ayudar! Porque al reducir la producción del petróleo para que los precios suban, los que sufrirían son los países en vía de desarrollo como Nicaragua. Los Estados Unidos no sufrirán porque su enorme economía puede absorber los precios, no es el caso del paisito, como diría Manuel Guillén (caricaturista de LA PRENSA).
Pero, y valga el pero, Chávez utiliza como enemigo al imperio para exportar sus convicciones políticas, las cuales ya parecen un disco rayado porque las venimos escuchando desde que Fidel —por cierto, pronto la izquierda se quedará sin su rey— tomó el poder en Cuba. En otras palabras, “maman las tetas de la vaca y maldicen al ternero”.
Finalmente, la izquierda nos hace creer que son los buenos de la película pero todos sabemos que ellos —la izquierda radical— necesitan de la sociedad de consumo que es Estados Unidos.
Además, la izquierda no es más que un capitalismo (neoliberalismo para los que prefieren esta palabra) enmascarado donde el poder lo ejercen unos pocos, verbigracia, (Daniel) Ortega, (Hugo) Chávez, (Evo) Morales, (Fidel) Castro.
El autor reside en Miami, Florida