helena ramos, periodista y poeta. (laprensa/archivo)

Helena Ramos, maga alquimista en su gruta de cuentos infantiles

Sólo la diosa Fantasía puede regresarnos a la Edad de Oro de la que habla José Martí o al “divino tesoro” de la juventud de cuya lejanía se lamenta Darío. Siempre, con su magia, los cuentos infantiles han realizado ese milagro virtual, sin necesidad de anteojeras y otros cachivaches de la cibernética moderna [doap_box title=»¿Y […]

  • Sólo la diosa Fantasía puede regresarnos a la Edad de Oro de la que habla José Martí o al “divino tesoro” de la juventud de cuya lejanía se lamenta Darío. Siempre, con su magia, los cuentos infantiles han realizado ese milagro virtual, sin necesidad de anteojeras y otros cachivaches de la cibernética moderna
[doap_box title=»¿Y los de Walt Disney?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

“Las versiones de cuentos famosos que hace Disney son simpáticas, pero no tienen nada que ver con los textos originales. Además ahí tratan de motivar a niños a imitar las formas de vida de los norteamericanos, eso sí me parece peligroso porque se deberían respetar las particularidades históricas de cada cuento, de lo contrario todo mundo va a pensar que Estados Unidos es el único patrón de actitud humana para cualquier parte del mundo, y eso no es cierto”.

[/doap_box]

Ser como los niños

“Mi nombre es Helena Ramos porque así decidí llamarme. Yo misma me lo puse, además ya completo sería Helena Axenia Ramos Argüello. Argüello porque aquí hay muchos poetas con ese apellido y así me cuelo en la familia, pero por otra parte porque me gusta la letra R”.

Buena razón para una mujer en apariencia extrovertida y libre. Cualquiera diría que sin preocupaciones, no obstante eso del libre pensar también es una cruz que se levanta como bandera dentro de un sistema social dogmático, alienante y materialista.

“Soy rusa, nací en el sesenta con otro nombre, Helena Runova, pero me vine a Nicaragua en el 87 y ahora soy las dos cosas, rusa y nica, como un electrón que está en todos los puntos de su órbita a la vez. Yo soy las dos cosas, en la lógica formal eso no se entiende, pero eso es lo que siento”.

Sos poeta, novelista, ensayista, periodista, toda la literatura es tuya, pero, ¿de todas estas cosas cuál es la que más te gusta?

Por ahora la poesía, pero también me fascina hacer investigaciones de historiografía literaria. Me encanta descubrir fechas exactas, me da un placer específico saber que alguien nació el 9 de septiembre, que no sea el 8 ni el 10. Cuando averiguo algún dato exacto me siento muy contenta aunque ese dato quizá no sea muy relevante.

Tarea de los poetas

¿Entonces la poesía es como un divertimiento dentro de ese mundo en que te movés?

No, no es divertimiento. Yo comencé a componer, no digo a escribir porque no sabía escribir, cuando tenía seis años, y lo tomé con una seriedad incluso excesiva porque me pareció siempre, no sé si sea un placer, sino como algo que percibo sumamente importante y por eso mismo difícil.

¿En concreto, qué es la poesía para vos? Porque tengo entendido que el poeta es un profeta de su tiempo y por tanto posee una mentalidad universalista.

Bueno, en cuanto a eso de que el artista es un profeta hay muchas visiones al respecto. Ahora más bien no está de moda que el poeta sea un profeta, pero yo sí comparto este sentir, en ese sentido podría decirse que soy anticuada. Dijo una poeta rusa, Ana Smotova, “en Rusia un poeta es más que un poeta”, allá también le decían a los poetas “maestros de la vida”. Me parece que nosotros podemos mostrar al ser humano cómo es, cómo puede ser, o cómo debería ser.

El rebelde Chupacabras

Otro ramo de la literatura que a ti te gusta son los cuentos. Esto a propósito de la Navidad en la que florecen de nuevo los cuentos navideños de Charles Dickens y de otros más. ¿Qué decís de eso?

En cuanto a cuentos he seguido una tradición casi universal, porque muchos libros de cuentos infantiles famosos nacieron de los relatos que algunas personas contaban a sus hijos, a sus vecinos, a sus amistades infantiles. Los cuentos míos también nacieron de las historias que les contaba a mis hijas que, después, comenzaron a tomar una forma escrita, más literaria. Por ahora el que ya pasó de lo oral a lo escrito se titula Las aventuras del Chupacabras y de sus amistades.

¿Algún retazo de ese cuento?

Ese Chupacabras vivía con los demás Chupacabras que habitan en la quinta dimensión y que se dedican a degollar ganado por razones que ni ellos mismos saben, simplemente siguen una tradición. Hay gente que sigue costumbres y no sabe por qué, eso les ocurre a ellos.

A nuestro Chupacabras se le ocurrió cuestionar esa tradición, y cuando nadie le pudo dar explicación alguna, el Chupacabras ese, que era bastante determinado, decidió irse a vivir a Chontales para no chupar cabras y buscar un pasatiempo más interesante. Ahí conoció al Avocastro, que es un monstruo tan misterioso que nadie sabe cómo es, mejor dicho no es un monstruo, es un ser, pero en el diccionario aparece como un “terrible monstruo”, pero en el cuento aparece que no es tan terrible sino simplemente que nadie sabe cómo es porque nunca se muestra.

Ese pequeño Avocastro también quería cambiar el modo de actuar de su familia e igual, por rechazo de sus mayores, decidió buscar vida aparte. Entonces nació así una comunidad de seres, incluyendo humanos, que no quieren seguir el camino trillado de hacer las cosas sólo “porque así son”.

¿En qué termina la cosa?

Todavía no termina porque está en proceso de creación, les falta hacer un viaje a León, pero aún no han ido, porque ahí van a conocer a Luciana, una muchacha que le agradará mucho al Avocastro. Pero eso está en proceso, los buenos cuentos nunca terminan.

Intermitencias de un género

¿Hay en Nicaragua una literatura infantil verdaderamente para niños?

En ciernes, es decir el corpus literario de la literatura infantil aquí está todavía como muy disperso, hay más piezas interesantes que todo el conjunto. No hay una literatura que acompañe al niño desde los primeros años hasta digamos los diez o más, ese gradiente no existe. Hay obras, muy buenas por cierto, para alguien que tiene 5 años, otra para la edad de 10 años, dentro de esas intermitencias uno tendría que comenzar a buscar una literatura que acompañe desde muy chiquito al niño y que ya quinceañero lo ponga en manos de literatura universal.

Ese gradiente no existe, los que hay son islas, no hay continuidad, no se ha formado todavía esa literatura especial infantil integral especializada, pero con el tiempo probablemente la tendremos. Hay iniciativas valiosas en la Fundación Libros para Niños, pero los resultados no son instantáneos, los libros son como manzanas no maduran instantáneamente.

¿Cómo fue tu niñez en torno a los cuentos infantiles?

La literatura rusa es magnífica. A mí los libros me acompañaron desde que pude interesarme por algo colorido, como la mayoría de los niños no me fijaba en la autoría. Para mí eran libros y no me ponía a pensar quién los había escrito.

Uno de los primeros libros que me leyeron fue el de una autora muy amada por los niños de Rusia, se llama Annia Vartó, era un libro de pequeños versos sobre diferentes juguetes, algunos eran de la época de ella porque era muy mayor, pero a mí me parecía tan maravilloso sentir esas historias, ver las viñetas, que creo que de ahí nació el interés de ser poeta, porque me parecían lo máximo.

La nana de Pushkin

¿Lo que me estás diciendo en otras palabras es la importancia que tiene el cuento infantil?

Bueno realmente los cuentos para mí fueron una cosa vital, pero ellos no están sólo en los libros. Por ejemplo Alexander Pushkin, “el Sol de la Poesía Rusa”, siempre dijo que él aprendió ruso con su nana que era analfabeta, ella le contaba cuentos en ruso, porque los cuentos que él tenía eran en francés, sus padres como eran aristócratas hablaban francés. Él aprendió ruso no con papá ni con su familia sino con su nana analfabeta, Arina Rodionova, que es famosa precisamente por eso. Ella le contó un montón de historias que luego él escribió como cuentos y son los que nosotros leemos. Era transmisión oral, pero si investigamos, la mayoría de las personas que llegaron a ser escritores es porque alguien les contaba o les leía cuentos cuando eran niños.

Tal vez halla alguna excepción, pero creo que serán pocas, porque me parece que este amor nace precisamente de esa magia que surge cuando te cuentan cosas y vos estás en la edad de creerlas todas. No hay esa distancia que se crea cuando dudamos si será verdad o será mentira. Para los niños todo es verdad y todo es mentira a la vez, no hace distinción racional, creo que por ahí comienza casi todo.

El primer libro de cuentos

¿Bueno los ejemplos de cuentos en Nicaragua qué idea te dan?

Bueno, uno que es requeteclásico y masticado es Margarita está linda la mar, porque es un cuento muy hermoso, mejor dicho es un poema-cuento infantil un poquito para el gusto sentimental, pero no pierde la belleza. Creo que lo que falta es publicar este libro infantil con ilustraciones dignas del texto, eso sería fascinante para cualquier lector, incluso para los adultos.

Otro ejemplo más moderno son los cuentos de María López Vigil. Creo que es la autora quizás más persistente en cuanto a escribir libros infantiles con mucha conciencia y dominio, ella tiene esa gracia.

El más reciente libro de Sergio Ramírez, Perro invisible, tiene un argumento bien sencillo, pero por ejemplo ese lenguaje cívico-político en las fauces de los personajes que son animales, y por eso unos tienen fauces y otros tienen pico. Hay mucha gracia en esos cuentos.

¿Quién escribió el primer libro de cuentos en Nicaragua?

El primer libro de cuentos publicado por una autora nicaragüense, es Cuentos para niños, su título no es demasiado ingenioso y su autora es Margarita Debayle, precisamente la destinataria de Margarita está linda la mar, de Darío. Ella, además de ser musa dariana, era escritora y también contaba cuentos a sus niños, pero resulta que se le olvidaban. Cuando ellos le pedían que los repitiera ya ni se acordaba cómo era la cosa. Entonces decidió escribirlos y luego, en 1943, se publicaron en la Editorial Nuevos Horizontes de María Teresa Sánchez, con un prólogo del padre Azarías H. Pallais. Es un libro muy interesante, aunque ahora esas historias que terminan en felices casamientos ya parecen un tanto anticuadas, pero de todos modos está escrito con una prosa limpia, y se nota que ella lo sabía hacer.

Los cuentos clásicos

Y de los cuentos clásicos: Collodi, los Hermanos Green, Hans Cristian Andersen y otros famosos ¿cuál te parece mejor?

A Collodi no lo conocí porque allá en Rusia no se contaba el cuento de Pinocho, los hermanos Green son súper conocidos. Hay sus curiosidades, por ejemplo la versión rusa de Blanca nieves, allá se titula La princesa muerta y los siete paladines, que ahí no son enanos sino siete hermanos paladines, la historia es más o menos la misma, la madre de la princesa muere y el padre se vuelve a casar, la madrastra no la quiere y la manda a matar, pero ella huye y encuentra en el bosque un palacio…

¿Quién habrá sido primero los hermanos Green o los cuentacuentos de Rusia?

Primero que nada ese lo escribió Pushkin, pero de esos cuentos hay diferentes versiones en la mayoría de los países de Europa, sería curioso que un investigador lo dilucidara.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí