- Daniel Ortega regresa después de 16 años fuera del poder y tras cuatro intentos por lograr nuevamente la Presidencia de la República. Su victoria fue una combinación de movidas que se iniciaron con las reformas a la Constitución en el 2000, cuando el PLC, a cambio de la libertad de Arnoldo Alemán, accedió a bajar el porcentaje para ganar en primera vuelta. Este hecho, junto a la división liberal propiciada por la renuencia de Alemán a retirarse para permitir la unificación liberal, facilitaron el triunfo de Ortega
Este es el año en que Daniel Ortega al fin ganó los comicios presidenciales, luego de tres derrotas sucesivas. Aunque obtuvo solamente el 38 por ciento de los votos, la división liberal y el techo para ganar las elecciones, le permitirán a partir de enero ocupar el único poder del Estado que no estaba bajo su influencia. Estos son los acontecimientos que fueron el preludio de este final político.
La Agitación legislativa
Como ya es costumbre, la definición de la junta directiva del parlamento cobra gran relevancia al ser el símbolo de la correlación de fuerzas.
Un intenso cabildeo para la elección de la junta directiva de la Asamblea Nacional para el período 2006-2007 se inició en la víspera de la Navidad del 2005, como preludio de la pugna que se avecinaba en este poder del Estado para el inicio del año 2006.
El presidente Bolaños se reunió con las diferentes bancadas para negociar la conformación de la directiva. En tanto éstas hacían sus propuestas sin encontrar consenso. El FSLN proponía a René Núñez, mientras el PLC postulaba a Enrique Quiñónez para la presidencia del Legislativo. Pero ninguno alcanzaba los 47 votos necesarios para ser electos.
Llegado el día de la elección, los diputados en lugar de elegir la directiva, se enfrascaron en una intensa batalla política que duran casi dos semanas.
Los diputados de los partidos del pacto se acusan y amenazan mutuamente. Mientras, varias leyes claves para la economía del país están en juego. Así transcurren seis intentos fallidos, con una directiva provisional de edad presidida por José Castillo Osejo. Al fin, el 17 de enero, la primera crisis institucional del año llega a su culminación.
Irónicamente, después de tanto bochinche, se eligió una junta directiva bajo un consenso total, los 91 diputados votaron a favor. Eduardo Gómez, de la ALN, resultó presidente del Legislativo.
crisis de quórum
Superada la crisis del Legislativo, se origina una nueva batalla política en el Poder Electoral. Los magistrados liberales y sandinistas, a las puertas de las elecciones regionales, no se ponen de acuerdo. La institución que debe garantizar la normal celebración de las elecciones regionales del 5 de marzo, paradójicamente pone en peligro la buena marcha de las mismas.
Los magistrados abortan varias sesiones al no alcanzar quórum por desacuerdos en distintas objeciones al proceso electoral regional. El hecho cobra relevancia y llega al país una misión de la OEA. Por su parte el Centro Carter llama al CSE a despejar las dudas en torno a la transparencia de las elecciones.
En tanto, organismos cívicos y de la sociedad civil advierten que el derecho constitucional de ejercer el voto está en juego y sugieren que los magistrados deben renunciar a sus cargos, una vez concluido el proceso, ante la falta de credibilidad originada por la crisis interna en este poder del Estado.
La Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) emite una sentencia para que los magistrados suplentes se integren a las sesiones y superar la falta de quórum. A pocos días de las elecciones la crisis baja de intensidad, pero no se supera totalmente.
El meollo de la discrepancia giraba en torno a la aprobación del nombre a la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y el control del proceso electoral. La ALN obtiene su nombre y obligados por la presión internacional los magistrados hacen quórum para garantizar los comicios.
el pulso regional
El 5 de marzo se realizan las elecciones en la Costa Caribe. La desconfianza generada en los votantes por la pugna intestina en el CSE se cierne como una sombra en el proceso, pero todo salió medianamente bien. Gracias a la presión de la sociedad y los medios, en especial LA PRENSA, el CSE se vio obligado a aplicar de forma completa la Ley Electoral, evitándose la reedición del “ratón loco”.
Una semana después de efectuarse los comicios, salen a luz denuncias de irregularidades en la asignación de escaños. Un nuevo conflicto emerge. El partido multiétnico Yatama reclama. Decenas de simpatizantes de esta agrupación indígena se toman la sede del Consejo Electoral Regional, las oficinas de la Dirección General de Ingresos en la RAAN y el aeropuerto de Bilwi. Las protestas se intensifican y el CSE termina resolviendo a favor de Yatama. El PLC y el FSLN obtuvieron la mayor cantidad de votos, sólo superados por el nivel de abstención.
las fallidas primarias
Las principales fuerzas políticas fueron sometidas a presión para que democratizaran su modo de seleccionar a sus candidatos. En general, el resultado fue un fiasco. En el PLC cinco aspirantes se lanzan a la contienda interna del partido como precandidatos presidenciales. Los rumores de que José Rizo es el ungido de Alemán le mete ruido al ejercicio. Al final Rizo se impone sobre Enrique Quiñónez, lo que abre una pugna interna que al sol de hoy no se ha zanjado. Luego termina haciendo fórmula con José Antonio Alvarado.
Mientras, el FSLN eliminó las primarias para elegir al candidato presidencial ante la amenaza representada para Ortega, por parte de Herty Lewites. Las demás candidaturas las negocian con los aliados, establecen cuotas y otras son escogidas por “consulta popular”.
El Movimiento Vamos con Eduardo organiza unas primarias internas que al final no fueron respetadas abriéndose un cisma al conocerse que se impusieron las negociaciones… y el dedazo en la conformación de las listas de la ALN.
a cuatro bandas
Gracias a la división de la derecha y las escisiones en la izquierda, a finales de mayo ya está definida la lucha electoral. Cuatro agrupaciones políticas van a la contienda: el FSLN, el PLC, la ALN y el MRS son las fuerzas. Daniel Ortega, José Rizo, Eduardo Montealegre y Herty Lewites los respectivos candidatos. Si bien participa una quinta opción, no muestra la fortaleza de las otras cuatro.
En el contexto electoral se habla con optimismo de las fuerzas emergentes antipacto, las encuestas miden el pulso del electorado y los partidos calientan para la campaña electoral.
El segmento de indecisos entre la población apta para votar, es la presa a cautivar. Las distintas fuerzas se comprometen a tener una campaña limpia, aunque ya se empiezan a criticar algunos spot televisivos.
La muerte de Lewites
Cuando el frenesí de la precampaña estaba en lo suyo, se da la repentina muerte de Herty Lewites Rodríguez. El candidato presidencial del Movimiento Renovador Sandinista es fulminado por un paro cardíaco el 2 de julio.
El súbito e inédito suceso dentro de una campaña electoral en Nicaragua pone en un jaque momentáneo a la fuerza política que el líder representaba, a la vez que provoca diversas reacciones entre sus adversarios. Hay conmoción entre sus simpatizantes y se da un giro en el panorama electoral.
El directorio de MRS decide nombrar a Edmundo Jarquín como sustituto de Herty Lewites, en la candidatura presidencial, y al cantautor Carlos Mejía Godoy como el candidato a Vicepresidente.
Cedulación lenta y anómala
El proceso de cedulación ciudadana avanza a paso de tortuga y entre julio y agosto empiezan a mostrar preocupación organizaciones de la sociedad civil, los diferentes partidos políticos y grupos de observación electoral acreditados en el país.
A esto se suman denuncias de diferentes puntos del país donde se da a conocer que en los centros electorales municipales y departamentales se está realizando una cedulación selectiva a favor de los partidos PLC y FSLN.
Durante este período fue una constante ver largas filas de ciudadanos buscando su documento de identidad en las diferentes oficinas del órgano electoral. El CSE amplió el período de solicitud de cédulas hasta el 21 de agosto, dos días después del inicio oficial de la campaña.
Mientras más se acercaba el día de las elecciones se notaba con claridad que si se era sandinista o liberal se obtenía la cédula con relativa comodidad. Para el ciudadano común, en cambio, obtener cédula podía llegar a ser una larga pesadilla.