abel Vargas se autollama “Pintor de Selvas”. (LA PRENSA/A. Agüero)

Abel Vargas un pintor natural

La selva como pasión y tenacidad artística, la selva recreada en un nuevo estado pictórico, que reinventa sus formas y colores de un mundo que se nos va, es lo que Abel Vargas, “Pintor de Selvas” —como el mismo gusta retratarse—, pinta desde hace más de dos décadas, con una visión plena de naturaleza afrocaribeña […]

La selva como pasión y tenacidad artística, la selva recreada en un nuevo estado pictórico, que reinventa sus formas y colores de un mundo que se nos va, es lo que Abel Vargas, “Pintor de Selvas” —como el mismo gusta retratarse—, pinta desde hace más de dos décadas, con una visión plena de naturaleza afrocaribeña y de trópico paradisíaco.

El poeta Julio Valle Castillo en su ensayo El Inventario del Paraíso, nos recuerda Vargas, hacía notar que el movimiento de pintores de la modernidad (1960-1970) no era un grupo que se caracterizara por el paisajismo y que por eso el primitivismo había venido a suplir esa carencia, dándole continuidad y permanencia.

Pintoras como Asilia Guillén y Adela Vargas, o Yelba Ubau y Marina Ortega, de la escuela primitivista de Solentiname, entre otras y otros, promovido por el padre Ernesto Cardenal y Elena Pineda, han pintado sus propios florestas isleñas.

DE ESTE A OESTE

Pero es Vargas, quien ha pintado la espesura selvática tanto del Caribe como del Pacífico. En los años ochenta surgen de su palestra los temas afrocaribeños, como Semana Santa en Corn Island, Punta Fría o Pointeen, o el Palo de Mayo en Bluefields, o uno de los temas de selvas tropicales con el cual ganó el primer lugar de la Primer Bienal Centroamericana de Pintura Primitivista.

Después sus temas giraron hacia el Pacífico. En el Museo de Altagracia (Ometepe-1994), rinde homenaje al paisaje al exponer su obra Ometepe, cuadro reproducido en postales por la ONG cultural Quijote Center, en Washington.

Selva Tropical es otra obra exhibida en 1991 en la colectiva de Arte Contemporáneo Nicaragüense-Stephanie Ann Roper Gallery de Frostburg State, Universidad de Meryland.

Para el 2002, en la muestra colectiva Resurgimiento de un Paraíso Sumergido exhibe dos obras más, una de ellas de un exuberante boscaje titulada Reserva Natural Los Guatusos y la otra su contraparte, Voracidad, que constituye una denuncia de la depredación forestal.

Esto lo lleva a exponer en Galería Epikentro, en el 2003, la muestra Paisajes Nicaragüenses. El poeta Álvaro Urtecho elogia sus obras como de “un primitivismo muy refinado, de temas románticos y con elementos del realismo mágico”.

En la actualidad Vargas continúa pintando otras series y viajando desde Managua a las isletas del Lago Cocibolca, de donde le viene una buena parte de sus inspiraciones para pintar sin tiempo sus selvas tropicales, de la cual se siente uno de sus pintores maestros por excelencia, neoprimitivista y ecologista.

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