Don Bayardo Humberto Prado: “Si yo volviera a nacer yo le digo que volvería a ser gigantonero”. ()

La enigmática sonrisa de Tatiana y cosas de los “gigantoneros”

La Tatiana luce una especie de mitra roja y amarilla sobre el pelo tornasol, un chal de lana morado le protege el cuello. En su rostro sonrosado destacan los ojos y pestañas de misterioso azabache enmarcadas por cejas finas, delineadas a perfección, sin necesidad de acudir a dolorosos proceso depilatorios. [doap_box title=»Coplas del “Coplero”» box_color=»#336699″ […]

  • La Tatiana luce una especie de mitra roja y amarilla sobre el pelo tornasol, un chal de lana morado le protege el cuello. En su rostro sonrosado destacan los ojos y pestañas de misterioso azabache enmarcadas por cejas finas, delineadas a perfección, sin necesidad de acudir a dolorosos proceso depilatorios.
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Recíteme algunas coplas del Enano Cabezón
Con gusto: “Aquí tienen a mi enanito/ que baila con buen acento/ si querés saludarlo/ podés pasar para adentro”.
Dígame otra.
“Chabelito es su nombre/ y chistoso su apellido/ es tan grande su cabeza/ y su cuerpo es sacudido”.
De la Gigantona son éstas:
“Aquí tienen a mi dama/ que por todo el mundo ella se ha andado/ para ver si su valor me engaña/ allá en el reino de España/ es donde le brindó su sombrero/ allá es donde yo la considero/ que no hay ninguna desigualdad/ que el más feroz animal/ ni Sansón con su pujanza/ iguala su semejanza/ con el Diluvio Universal”.

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“Gigantonero” per sécula

Pero, lo más impactante de la “Tati” está bajo la hermosa nariz aguileña: su boca, pequeña, de labios finos como pétalos de amapola. Ahí, querido Sancho, está el enigma profundo que posee la Gioconda de Leonardo, la sonrisa. Nadie sabe si la hermosa sonríe de tristeza, nadie sabe si sonríe por desprecio digno, o por aceptación benévola a un supuesto amante, o bien si ama en silencio o evoca un instante de paz y felicidad.

Para ser francos, la Tatiana nunca tendrá quien escriba alabanzas literarias a su sonrisa indescifrable, sin embargo poco importa ese detalle pues, como antes lo hacían en León, siempre la siguen en sus andanzas danzantes los niños y chavalos de los barrios de Managua.

En esta ocasión está ataviada como reina de oropel. Aretes en forma de rombos amarillos y rojos cuelgan de sus orejas. Viste una blusa amplia carmesí, festonada en las mangas, que combina en la parte del busto con una pieza azul índigo sobre la que titilan diminutas estrellitas de chaquiras plateadas. La falda amplia escarlata cae en numerosos pliegues hasta el suelo para no hacer visible que la bella carece de pies y piernas.

DON BAYARDO, LA XOCHILT Y LA FLOR

Porque han de saber, queridos lectores, que la Tatiana es la Reina de las Gigantonas a las que dan vida los miembros de la familia que tienen como patriarca al señor Bayardo Humberto Prado, un indígena legítimo del Barrio del Coyolar, cabeza grande con cabellos que parecen hilos de acero azul, nuca corta y poderosa, frente amplia, recia, mirada de gavilán, pómulos salientes, nariz achatada, boca de labios curvados y gruesos.

No podemos pasar adelante sin mencionar a Xochilt y a Flor de María, reinas ellas hermanas de la Tatiana. Ambas tienen la misma altura, 2.50 metros, en ese detalle quizá la “Tati” las supere en unos 30 centímetros, gorro y sombrero incluidos, porque faltaba decir que la Xochilt y la Flor usan sombreros cordobeses, que les dan prestancia y majeza.

Los trajes de estas dos últimas difieren de la primera, la Xochilt usa traje entero amarillo y azul, la Flor sale de gala con atuendo blanco completo, salvo una cinta de seda rojo achiote que cuelga de su cuello a modo de galardón olímpico.

Si cobraran vida estas tres damas, bien podrían ser, por su altura, miembros de una selección mundial de basketball, más a ellas no les importan los biyuyos verdes, sino ganar la admiración de su gente, la barriada pobre, las vendedoras del Oriental, los grupos populares que reclaman justicia social, la colectividad que se manifiesta contra las privatizaciones y los abusos de la Feroza y otras fieras similares.

DOS ENANOS CABEZONES

Olvidaba poner en la reseña a dos seres pequeños que por desarrollar cabeza se olvidaron del cuerpo. Me refiero a los dos Enanos Cabezones que acompañan en sus travesías danzantes a las tres princesas. Por sus rasgos similares parecen mellizos —nacidos de una misma placenta—, ojos negros abiertos como platos, desprovistos de orejas y nariz, bigotes color café retorcidos en las puntas. La boca es igual a dos rodajas de sandía contrapuestas. Todo ese conjunto facial da la impresión de seriedad y circunspección. No tienen brazos y el cuerpo es tubular hecho de manta negra.

Para conservar su prestigio de disminuidos en tamaño, los Enanos Cabezones tienen que tener por dentro el cuerpo y el alma de un niño. De un niño alegre y bailador.

Sobre la Gigantona y “sus derivados” nos habla don Bayardo. Su lenguaje es el típico del leonés de cepa, sencillo, reforzado con muletillas afirmativas, a veces parco, otras ocurrente y ampuloso.

“Cuando yo estaba chavalo —dice—, jugaba bastante en las calles de mi barrio. Para diciembre, me venía la noción de que pasaban las Gigantonas por la calle y eso me gustaba, y como todo chavalo andaba detrás de la Gigantona.

“Me iba tras la Gigantona de doña Carmen Toruño, seguía a la de doña Chalía, corría a la Yegüita que manejaba este jodido… ¿cómo es que se llama?.. Bueno, la cuestión es que yo andaba detrás de esos personajes que siempre he admirado, más no sabiendo que mi abuelo fue uno de los viejos gigantoneros.

EL ABUELITO “TECOLILLA”

¿Quién era su abuelo?

Se llamaba Vicente Rojas, más conocido como “Tecolilla” porque allá en León no nos conocen por nuestros nombres, sino por el seudónimo. Con el tiempo me logré integrar al grupo de Gigantona de doña Carmen Toruño. Después de eso me ajunté con un jodido de allá de El Calvario que tenía una Gigantona, como él venía bastante a Managua, porque uno de chavalo lo que mira lo aprende ¿Verdá? Con él íbamos a Carazo, Managua, Granada y Masaya, después nos regresábamos para León a esperar las fiestas de San Jerónimo para andar en los barrios tocando.

¿Qué le gustaba de La Gigantona?

Me llamaba la atención en el aspecto de que cuando yo miraba bailar a la Gigantona me gustaba escuchar las coplas ¿Verdá? Sobre todo cuando la andaban aquellos viejos sabios que se andaban tirando chifletas entre ellos y andaban jodiendo y rebanando a la gente. Y allí iba yo detrás.

¿Y sus padres qué le decían?

Mi mamá toda la vida me ha apoyado, mi papá nunca ¿Verdá? Mi mamá se llama Margarita Prado. Yo, con el apoyo de mi madre y con el deseo y el amor de impulsar nuestra cultura, salí adelante.

¿Tuvo oportunidad de estudiar?

Sí, las tuve. Mi madre lavaba y planchaba y con lo poco que ganaba me mandaba al colegio. Es una heroica mi madre, pues somos ocho varones y tres mujeres, Vivíamos en una casa muy humilde, pero siempre nos esforzábamos para salir adelante.

PUYAS A “TRADICIONALISTAS”

¿Cuándo comienza a insertarse formalmente en este asunto de la Gigantona?

Me metí de lleno en estas cosas en los años noventa, cuando ya vengo del Servicio Militar, me interesó meterme a la cultura porque ya la cultura se estaba perdiendo, especialmente en León donde sólo habíamos unos cuatro tradicionalistas: Daniel López, que en paz descanse; doña Chalía, la Soraya, Francisco López, López Navas, una señora que se llama doña Panchita, doña Carmen Toruño, Francisco Hernández, que es el promotor de la Casa de la Cultura y Jacinto Salinas, que gracias a ellos ahora la cultura se proyecta mejor ¿Verdá?

Todas esas personas que me ha mencionado, ¿llegaron a formar una especie de club, una asociación?

Sí, llegamos a ser una asociación que siempre trabajó bien. Pero ahora esa Asociación tiene un perfil familiar en el aspecto de que ya no hay personas imparciales, sino que todos sus miembros son de una misma familia. Ellos dicen no queremos a Fulano porque está viviendo en Managua, no sabiendo que yo les estoy ayudando a proyectarse más, porque yo viajo a Granada, voy a Jinotega, voy a Boaco, ahorita tengo una actividad en Estelí, y yo le ando dando realce a mi cultura ¿Verdá? Pero ellos no piensan eso.

Hace algunos meses trajeron unos muñecos gigantes de España…

Sí, eran los Gigantes y los Cabezudos, los llevaron a León. Eso fue el año pasado. Yo andaba en León, pero me vine muy disgustado, ¿Sabe por qué? Porque si yo quiero mantener mi tradición, yo trabajo por mi tradición, ellos traen tradiciones de otros lados. Muchos leoneses se enojaron porque vieron a una enorme mujer con una chicha de hule que shiffff, echándole agua a la gente ¿Verdá? Yo digo, si voy a traer una cultura de otro país, que sea algo bonito, decente.

¿Quién hacía la cara de la Gigantona?

Un escultor leonés que nosotros lo queremos bastante, se llama Duillo, el apellido no lo recuerdo pero nosotros le decimos cariñosamente “El Chivo”. La cara es de madera ¿Verdá? Primero fueron de calabaza, después se ingenió que las iban a hacer de lata, después que serían de madera y entonces así han quedado, de madera.

¿Aquí no les va mal?

Pues fíjese que no. Nosotros hicimos el intento de volver a León pero aquí la gente no nos deja ir. La verdad de las cosas, si yo me voy para León aquí está el teléfono sonando y me están llamando a cada rato.

¿Con cuántas Gigantonas trabaja en Managua?

Aquí tengo tres Gigantonas: la Princesa, la Flor y la Tatiana. A nosotros nos vienen a llamar porque saben que nosotros siempre apoyamos a las instituciones benéficas. Hace poco hicimos una película con unos españoles, la van a estrenar en estos días, creo que en febrero. Ahí salimos nosotros bailando y el Enano Cabezón tirándose las mejores coplas… También hicimos un vídeo con La Nueva Compañía

Me imagino que como buen leonés se casó con una leonesa.

Sí, yo tuve tres hijos allá en León, pero por cuestiones del destino me separé, no nos entendíamos. Cuando ya vine a Managua conocí a mi señora que tengo ahora, es de Estelí, tenemos una niña y otra que se nos falleció.

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