- Hace exactamente 34 años Managua era otra ciudad. Tenía el mismo nombre y muchos de sus pobladores aún la habitan. Los poderes del Estado continúan teniendo su sede aquí, pero ya no es aquel pueblo ordenado de gente conocida. Hoy podría compararse con el regadero que deja una explosión
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Ver GalerÍa de Fotos > La Navidad se acerca en los escombros de Managua. Igual que hace 34 años, la música navideña suena en cada rincón. Una niña delgada juega con su pelota frente al edificio La Centroamericana, cuyas ruinas albergan la pobreza más extrema, pero que hasta el 22 de diciembre de 1972 era una tienda próspera de un ciudadano libanés en el centro de una activa ciudad.
Los escombros donde vive la niña apenas son iluminados por una bujía empolvada y no tienen arreglos navideños, pero hace 34 años todo era luz y desde ahí se podía observar un inmenso árbol de Navidad dibujado con luces en el antiguo Banco Central de Nicaragua.
Managua no es Babilonia pero aquí se cumple la profecía bíblica de que sus escombros inspiran temor.
Pero los habitantes de esta ciudad, especialmente los que sobrevivieron al terremoto de la madrugada del 23 de diciembre de 1972, tienen razones para temer.
Según Mario Bodán, sismólogo del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), desde aquel año hay un silencio sísmico llamativo. “En Managua tiembla muy poco, pero cuando lo hace parece que se sacude fuerte”, advierte.
La sacudida de 1972 fue tal, que Mario Barahona, uno de los mayores conocedores de la historia del antiguo centro de la ciudad, asegura que “destruyó el alma y nervio del país, no sólo de Managua, porque ahí estaban todos los poderes, el cerebro de la economía nacional, que lo sigue siendo”.
El desastre acabó con 376 hectáreas de la infraestructura más sobresaliente de la capital.
Popularmente se piensa que la zona del antiguo centro de Managua nunca fue reconstruida porque es tan peligrosa que ahí nada se puede edificar.
Sin embargo, Barahona aclara detalles importantes. Recuerda que, en principio, la reconstrucción la frustró el mismo que la planificó, el entonces presidente Anastasio Somoza Debayle.
Al cercar la ciudad tras el terremoto, Somoza no estaba tan preocupado por la salud pública como por su enriquecimiento personal.
Según Barahona, eso permitió que algunos de sus subalternos compraran terrenos a precios de “guate mojado” al este de Managua y luego se los vendieran sobrevaluados al gobierno. No está claro si se trataba de testaferros.
Por otro lado, Somoza pretendía que las tierras “terremoteadas” adquirieran altos valores, para luego venderlas a los empresarios, o al menos negociar con ventaja.
RECONSTRUCCIÓN EXISTIÓ
Simultáneamente el gobierno mexicano envió técnicos para planificar la reconstrucción.
Así lo hicieron. Pero el terremoto no sólo mermó a Nicaragua, sino que evidenció que el grado de corrupción de Somoza era tan alto, que se volvía insoportable.
Eso, a juicio de Barahona, benefició a la guerrilla sandinista, hasta hacer posible el triunfo de la revolución en 1979. Somoza no tuvo tiempo de reconstruir.
Barahona señala que fue hasta los años 80 que inició la reconstrucción, con la aparición de las duplas Norte y Sur, la ampliación de la Avenida Bolívar y la Calle Colón, el proyecto habitacional San Antonio, el Parque Luis Alfonso Velásquez Flores, el anfiteatro de Tiscapa, y la restauración de las ruinas del Gran Hotel, el núcleo del Estadio Nacional, entre otros.
Asimismo, se avanzó en el plan regulador de la ciudad, basado en los estudios de los años setenta.
Clemente Balmaceda, director de Vivienda y Urbanismo del Ministerio de Transporte e Infraestructura, recuerda que se desarrollaron subcentros en Managua, alrededor de mercados y hospitales. De ahí que estos edificios se encuentren juntos en la ciudad.
LA CONTRADICCIÓN DE ARNOLDO ALEMÁN
Barahona relata que a inicios de los años 90, Arnoldo Alemán fue el principal entusiasta de la reconstrucción de Managua, pero sus contradicciones con el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro frustraron sus planes.
Se esperaba que como Presidente, Alemán rescatara el proyecto, pero más bien lo “violó” al construir en el sitio la Cancillería, en contradicción con los planes eternos. La Presidencia, Telcor y la Fuente Musical fueron “daños menores”.
La esperanza de Barahona es que las buenas relaciones entre el alcalde Dionisio Marenco y el Presidente electo Daniel Ortega Saavedra hagan posible la reconstrucción.
A pesar de eso, Marenco no se mostró optimista. Dijo que a él apenas le dará tiempo para rescatar el Parque Luis Alfonso Velásquez Flores y que difícilmente un solo gobierno podrá rescatar el antiguo centro.
Balmaceda confirmó que actualmente no hay ningún proyecto en marcha para rescatar el antiguo centro.
Los planes que existen, del Poder Judicial y el edificio del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres, junto al Centro de Operaciones de Desastres y la Defensa Civil, no corresponden al proyecto original.
Los planes existen, pero no el financiamiento. Balmaceda dice que al menos ya existe un Código de la Construcción. Barahona insiste en que no hay restauración sin participación de la empresa privada.
EL VERDADERO IMPACTO
Pero más allá de los edificios derruidos, de las escenas dolorosas y olores provocados por unas diez mil personas muertas, el daño estuvo en el alma de los managuas.
“No sólo fue la tragedia, hay que ver el momento, era víspera de Navidad”, señala el historiador Roberto Sánchez, quien cubrió el desastre como periodista y luego como voluntario de la Cruz Roja.
Pero lo peor vendría después, según Sánchez. Como consecuencia, la población de Managua perdió la vida de vecindario y se dispersó.
El historiador recuerda que antes del terremoto, la gente se conocía y se identificaba plenamente con sus barrios.
Además, Managua era una ciudad “de a pie”, pues “se hablaba de cuadras para trasladarse, hoy hablás de kilómetros”, aunque la delincuencia también influye.
La capital dejó de crecer de este a oeste como en sus orígenes, cuando era una aldea de pescadores a orillas del lago Xolotlán. El diseño de la ciudad era español, con un centro y dividida en cuadrículas. Hoy se extiende de manera desordenada hacia todos los lados, y el lago está contaminado.
Marenco dice que el nuevo centro es el paso a desnivel. Sánchez replica que ese no puede ser, y que Managua es la única ciudad en el mundo que no tiene un centro, y probablemente jamás lo recupere.
El ciclo de terremotos fuertes aquí es de 40 años. Pero Bodán recuerda que ese es sólo un promedio. De lo que no hay duda es de que un día como hoy, viernes 22 de diciembre, Managua perdió su alma.