Recuerdos de Jorge Velásquez Geyer

[email protected] “No recuerdo el primer partido que vi”, nos cuenta don Jorge Velásquez Geyer, masaya muy masaya y de familia beisbolera (su hermano es el famoso “Chuyo”, receptor en el primer juego perfecto de la historia, el de Alfonso Noguera “El Serpentinero” Solórzano en 1940). “Vivíamos en la misma calle del hospital, donde quedaba “El […]

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“No recuerdo el primer partido que vi”, nos cuenta don Jorge Velásquez Geyer, masaya muy masaya y de familia beisbolera (su hermano es el famoso “Chuyo”, receptor en el primer juego perfecto de la historia, el de Alfonso Noguera “El Serpentinero” Solórzano en 1940).

“Vivíamos en la misma calle del hospital, donde quedaba “El Field”… Era un campo abierto, pero como solamente habían tres bocacalles, ahí se apostaban los que cobraban la entrada y algún policía, y no había problemas.

“Ya el Navy y el Cueto Cubs los vi en La Barranca, un estadio de madera cerca del cementerio de Nindirí. Quedaba en la Calle Alejandro Abaunza Espinoza, la misma que pasa por las Siete Esquinas, al sur, donde está ahora la laguna de oxidación.

Pero el equipo que más me impresionó fue el de los costeños. Muchos no saben, pero Stanley Cayasso era pitcher. Su hermano Jorge era segunda y short, y por tercera no se colaba nada porque ahí estaba John Williams. El left era Culvert Newell, tremendo fildeador, y en el center uno de los mejores outfielders que vi en mi vida, Sam Garth. No bateaba tanto, pero fue campeón bate en una Serie Mundial. Jonathan Robinson era el right y pitcheaba. Era muy bueno, hasta le ganó a Cuba”.

Recuerda a Herbie Carter en la inicial, “el mejor inicialista nica que vi en mi vida”, y Allen Álvarez de receptor, “no fue el mejor porque tuvo una carrera corta”.

“Teníamos un problema con La Barranca”, recuerda don Jorge. “Los monimboseños eran bravos, y a los 'ladinos', como nos decían a todos los demás que no éramos indígenas, nos daba temor de ir a su barrio después de las cinco a pesar que estaban 'pacificados'.

“Entonces fue una comisión a hablar con el general José María Moncada, que acababa de subir a la presidencia, para pedirle un estadio. Él era de Masatepe pero tenía casa en Venecia, al otro lado de la laguna. Iban, entre otros, mi padre Carlos Alberto Velásquez Alemán, jefe político de Masaya, su cuñado Alfonso Gutiérrez Abaunza, don Alejandro Abaunza Espinoza y don Segundo Huembes.

“El presidente contestó 'eso les toca a ustedes; hagan lo que tengan que hacer que tienen mi apoyo'”.

“Satisfechos, se fueron a Granada a hablar con los Padres Salesianos, que ya tenían un colegio allá; se consideraba que el respaldo religioso era vital. La orden le contestó a la comisión que necesitaban un colegio para poder educar.

“La municipalidad tenía unos terrenos en la calle entre San Sebastián y San Miguel. Fueron donados, y se hizo propaganda, '¡viene un colegio! Necesitamos carretas y material'.

“Cienes de carretas se aparecieron a traer piedras de Piedra Quemada y arena. La gente donaba su trabajo sábados y domingos.

“Para la Profesional (1956) ya estaba el estadio, de madera, quedaba exactamente donde está hoy en día el 'Roberto Clemente'”.

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