(Fotos la prensa/diana nivia)

“El triunfo ante cuba es lo mejor que me ha pasado”

“Yo había jugado beisbol una pila de años, pero aquí aprendimos a jugar de verdad hasta que vino Tony Castaño. Y con mi experiencia como jugador y el empuje de Tony, me convertí en manager”, explica Argelio. argelio córdoba, manager de la selección de 1972 Su picardía y eficacia como jugador hicieron de Argelio Córdoba […]

  • “Yo había jugado beisbol una pila de años, pero aquí aprendimos a jugar de verdad hasta que vino Tony Castaño. Y con mi experiencia como jugador y el empuje de Tony, me convertí en manager”, explica Argelio.

argelio córdoba, manager de la selección de 1972

Su picardía y eficacia como jugador hicieron de Argelio Córdoba una persona muy apreciada por los aficionados nicaragüenses al beisbol, pero el dirigente de origen cubano entró definitivamente en el sentimiento popular en 1972, cuando en la XX Serie Mundial condujo al equipo pinolero que venció a Cuba 2-0, en el triunfo más memorable para una tropa pinolera en la historia de particiones nicas en Series Mundiales de beisbol amateur

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Managua era aún una pequeña ciudad con calles polvorientas y la carretera a Masaya estaba todavía en etapa de construcción, cuando Argelio Córdoba llegó a nuestro país mientras transcurría el año 1956.

“Nos disponíamos a ver una película en la sala de cine en la base militar en la que estábamos acantonados, cuando se llamó de urgencia a cinco soldados para una misión”, recuerda Córdoba, uno de los convocados.

La misión consistía en venir a jugar beisbol a Nicaragua en la naciente Liga Profesional. Y el jugador flaco, de ojos claros y nariz aguileña, pasó a formar parte del equipo Cinco Estrellas, tras un arreglo con el ejército cubano.

Esa “misión” cambiaría por completo la vida de Argelio, quien se caracterizó por su juego dinámico, su habilidad con el bate, defensa precisa y buen juicio. De igual modo podía jugar en el cuadro interior o patrullar en los jardines.

Tras la revolución de Fidel Castro en Cuba en 1959 y la ruptura de relaciones entre Nicaragua y el país caribeño, Córdoba, al igual que Orestes Hernández y Orlando O’Farrill, entre otros antillanos, no pudo volver a su tierra.

“Lo único duro siempre es la separación de la familia, pero yo no tengo quejas de este país. Aquí he tenido cobija y pan. Varios de mis hijos nacieron aquí. Soy, como he dicho, un nicaragüense nacido en Cuba”, afirma.

El mayor éxito de Argelio se daría sin embargo en el plano dirigencial. Después que su carrera como jugador profesional llegó a su fin, y por la insistencia de Wilfredo Calviño, Córdoba decidió probar suerte como manager.

Llevó al Chinandega al título nacional en las temporadas de 1970 y 1971 en el beisbol de Primera División, y para 1972 ya estaba al frente del equipo de Nicaragua durante la XX Serie Mundial, realizada en nuestro país.

Ese año, (1972) los Tiburones de Granada se llevaron el título y el más fuerte candidato al puesto de mentor era Heberto Portobanco, pero sus contradicciones con la dirigencia del beisbol nacional lo dejaron fuera y Argelio fue el escogido.

LA PRESENCIA DE CASTAÑO

Tengo muchos, pero guardo con especial afecto haber participado como nicaragüense en el Juego de Estrellas que se organizó para inaugurar las luces del Estadio Nacional. Eso fue el 16 de febrero de 1957. Jugamos contra las Estrellas de Emilio Cabrera. Yo fue alineado como primer bate y segunda base. Nosotros los nacionales bateamos seis hits, de los cuales dos fueron míos. Así que te imaginas cuánto aprecio aquel partido.

Fue lo mejor que me pasó en mi vida. Eso lo recuerdo siempre con mucho afecto también. No es que lo ande repitiendo ahí por la calle ni cosa por el estilo, pero cada vez que hay un aniversario de ese triunfo, la gente me habla de eso y comento detalles con mucho cariño. Y como tú sabes, recordar es volver a vivir.

Fue una decisión que tomamos entre todos los técnicos. Se consideró que Juárez por su control, su serenidad y su experiencia, podía realizar una buena labor. Recuerdo que nos reunimos todos los técnicos con Castaño a la cabeza y la decisión fue un consenso.

Cómo no. Un candidato natural era Denis Martínez, quien ya le había lanzado a los cubanos en República Dominicana. Y Denis quería ese juego. Además que Heberto Portobanco lo empujaba bastante y él quería ese juego, pero optamos por Juárez. Yo no sé si Denis ya me perdonó eso.

SE LLEVÓ EL TUBO

Por supuesto. Ahí no cabía nadie más en ese estadio y la gente confiaba en el equipo que se había conformado. Y no le fallamos a los fanáticos. Siento un gran orgullo por ese triunfo y por haber estado al frente de ese grupo de jugadores tan buenos.

Como era una presión inmensa la que había en aquel momento, decidí ir a hablar con Juárez, pero nunca tuve la idea de sacarlo. Recuerdo que le dije que se apurara, que yo tenía una jeva que me estaba esperando y que estaba atrasado.

Sentí que le quité una gran carga porque en aquel momento había una presión bárbara y apenas llegaba al dugout de regreso cuando se da el batazo de Urbano González que atrapó César Jarquín y realizó el doble play para acabar el partido. Fue algo grandioso.

En el dugout había un tubo en el que uno se apoya cuando está de pie y recuerdo que de la emoción, ni me acordé del tubo y me lo pasé llevando. Me golpeó duro. Y tuve que dar la vuelta, pero en aquel momento ni el dolor sentía. Era una cosa apoteósica.

Mira viejo. Yo lo voy a decir porque nadie lo dice, pero yo soy el único manager que le ha ganado tres veces a Cuba. Lo hice en Dominicana en el Torneo de la Amistad en 1972. Luego en el Mundial de ese mismo año aquí y después en la Copa de Barcelona en 1991, aunque fue al Cuba B, pero lo hicimos…

Claro. Nunca la afición ha disfrutado tanto como ese día. Fue una cosa especial. Yo he tenido una gran carrera. He sacado muchos novatos, hice jugadores, pero dirigir al mejor equipo de todos los tiempos en este país es lo mejor que me ha pasado en la vida.

No tengo dudas. Aunque siempre aclaro que lo mejor era su pitcheo. Lo demás podría discutirse, pero el staff era algo fenomenal. Yo me quedo con ese equipo porque en aquel momento cumplió con su misión y llenó de orgullo a todo el país. De no ser así, no sería tan recordado.

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