¡Qué gracioso!

A veces resulta que si uno se pone a hurgar demasiado, puede llegar a descubrir cosas que le tiran por el suelo las mejores ilusiones, lo que no es bueno. Por ejemplo, enterarse que las mariposas la mayor parte de su vida son gusanos. Según publicó el Financial Times, el pasado mes de julio el […]

A veces resulta que si uno se pone a hurgar demasiado, puede llegar a descubrir cosas que le tiran por el suelo las mejores ilusiones, lo que no es bueno. Por ejemplo, enterarse que las mariposas la mayor parte de su vida son gusanos.

Según publicó el Financial Times, el pasado mes de julio el hoy reelecto presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva manifestó una cierta extrañeza respecto a la continuidad del duelo o la guerra entre sus colegas de Venezuela y EE.UU. El diario londinense le atribuyó a Lula lo siguiente : “Esta pelea entre ustedes (Bush y Chávez) es muy interesante, porque Venezuela depende casi exclusivamente de venderle su petróleo a Bush. De modo que podía parar de venderle petróleo y crearía una situación delicada para EE.UU. Bush podría parar de comprarle petróleo a Venezuela y también crearía una situación delicada. Pero ustedes siguen comprando y vendiendo”.

Lo de Lula no fue ni nuevo ni original. Es una realidad, la que fue muy comentada cuando en la cumbre presidencial de Quebec de abril del 2001, otro presidente sureño le dijo al venezolano que le resultaba “graciosa” esa pelea con EE.UU. y que Chávez se opusiera a los acuerdos comerciales con ese país, mientras la empresa petrolera venezolana mantenía estaciones de venta de combustible en cientos de esquinas de ciudades norteamericanas sin que se le pusiera ninguna traba.

Lo de “gracioso” sin duda habría que ubicarlo en el plano de las ironías . Porque “gracioso”, según lo define la Real Academia de la Lengua Española, es algo que “ resulta agradable o atractivo a la vista” y no parece que Bush ni Chávez personalmente o sus rencillas resulten agradables o atractivas a la vista. El adjetivo tiene otras acepciones: “agudo, lleno de donaire” (¿Chávez? ¿Bush?). También figura como sinónimo de “chistoso” y quizás la cosa vaya por ahí: según el mismo diccionario “chiste” es un “dicho o historieta muy breve que contiene un juego verbal o conceptual capaz de mover a risa”. Lo bueno sería si efectivamente resultara breve, porque se va alargando bastante y si bien en principio y en la superficie mueve a risa, si se empieza a hurgar puede ser motivo de llanto.

Sobre lo de “historieta” no hay dudas: el enfrentamiento entre estos dos titanes parece no tener cuartel, pero comercialmente cada vez son mas amigos. Según publicó hace unos días El Nuevo Herald, el intercambio comercial entre ambos países alcanzará este año una cifra récord de 50 mil millones de dólares, que implica un crecimiento del 25 por ciento con respecto al año pasado y casi triplica las cifras de hace una década. El informe aventura más; señala como muy probable que esas relaciones sigan creciendo después de las elecciones de este domingo 3 de diciembre, cualquiera sea el ganador y con mayor seguridad si resulta reelecto Chávez.

Y el resto ¿ qué hace? De acuerdo con lo que se percibe sólo se entretiene en mirar el mapa continental y contar si son más los gobiernos populistas de derecha o los gobiernos populistas de izquierda, como fueran calificados en un reciente encuentro entre periodistas de España y América Latina.

El que sí parecería que lo tiene resuelto es el flamante presidente electo de Ecuador, el joven economista Rafael Correa, quien fue muy enfático: “Ni Bush ni Chávez”. Algo así como aquel “Ni Marx ni Jesús” de Jean Francois Revel que comenzó a desnudar y marcó el principio del fin del maniqueísmo de izquierda y derecha de la guerra fría.

Si fuera por las creencias religiosas a Bush le correspondería el papel de Jesús y a Chávez el de Marx por sus ideas socialistas. Sin embargo, se hace difícil parangonar al presidente estadounidense con el Redentor y menos creer que pueda lograr con su prédica y su acción la cantidad de adeptos que aquel consiguió. Con llevar adelante un nueva Cruzada contra los infieles de por allá no basta.

Por el otro lado no es fácil asimilar y adosar los pensamientos del viejo Marx a la revolución bolivariana, sobre todo si se toma en cuenta lo que el filósofo alemán afincado en Londres pensaba del Libertador venezolano. No lo quería nada y tenía muy mala opinión de Bolívar.

En tanto los nuevos caudillos continentales embarcados en una época de bonanza que creen eterna se divierten y se rasgan las vestiduras revisando el pasado, inventando nuevos molinos de viento, mientras entre ataque y ataque al imperio desentumecen los músculos en sus rencillas tribales, domésticas y regionales. Y el tiempo pasa y América Latina se queda atrás y los latinoamericanos buscan emigrar, todo lo cual no es nada gracioso.

Periodista uruguayo

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