Rafael Correa será el próximo Presidente de Ecuador. (LA PRENSA/AP/Martín Mejía)

Ascenso vertiginoso

De origen cristiano y duro crítico de la política estadounidense, Rafael Correa es un economista de izquierda que aspira a gobernar Ecuador bajo la influencia del nuevo socialismo que, según él, encarnan líderes tan disímiles como sus amigos el venezolano Hugo Chávez o el argentino Néstor Kirchner. El ex ministro, sin trayectoria en la política, […]

De origen cristiano y duro crítico de la política estadounidense, Rafael Correa es un economista de izquierda que aspira a gobernar Ecuador bajo la influencia del nuevo socialismo que, según él, encarnan líderes tan disímiles como sus amigos el venezolano Hugo Chávez o el argentino Néstor Kirchner.

El ex ministro, sin trayectoria en la política, debió moderar el discurso radical de la primera vuelta —cuando llamó “torpe” al presidente George W. Bush— para disipar el miedo que propagó su rival a la Presidencia, el millonario Álvaro Noboa, que llama “diablo comunista” a su rival electoral.

De 43 años, Correa, de voz estentórea y fama de seductor, asomó en la política en un momento de ebullición, cuando miles de ecuatorianos decepcionados expulsaron del poder al mandatario Lucio Gutiérrez en abril de 2005.

El hasta entonces profesor universitario, casado con la belga Anne Malherbe y padre de tres hijos, fue invitado por el nuevo gobierno para manejar las finanzas del Estado, cargo en el que labró la imagen de rebelde con corbata —aunque dice odiarlas—, enemigo del neoliberalismo y nacionalista bolivariano.

Durante los 106 días que ocupó el Ministerio de Economía, Correa modificó una ley para la inversión de recursos petroleros, retó a los organismos multilaterales, habló duro a Estados Unidos y conoció a los mandatarios “amigos” con los que sueña sintonizarse: Chávez, Kirchner y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.

Pero en el intento por acercarse al líder venezolano perdió su puesto en el gobierno. El presidente Alfredo Palacio lo destituyó al regreso de un viaje a Caracas, donde había obtenido un acuerdo para procesar petróleo a precios favorables.

Del gobierno salió casi en hombros. Su discurso “anti- establecimiento”, la convicción de que antes que al mercado la economía debe servir al ser humano, y su arrollador carisma, lo pusieron en carrera hacia la Presidencia.

Ya como candidato, Correa —con un doctorado en la Universidad de Illinois y admirador del Nobel estadounidense Joseph Stigliz— juzgó “muy torpe” a Bush, señalando que “al compararlo con el diablo —como lo hizo Chávez— se ofendía al diablo”.

Luego reconoció que había cometido una imprudencia, pero sin dejar de lanzar las frases explosivas que le han valido la fama de prepotente, y que desmiente señalando que sólo es un “apasionado por lo que piensa y lucha”, “Chávez es mi amigo, cuál es el problema; Bush es amigo de la familia Bin Laden, cada uno es libre de elegir a sus amigos”, dijo a la prensa extranjera.

Nacido en un hogar humilde en el puerto de Guayaquil, Correa se define como “un clase media-baja” que pudo estudiar gracias a las becas y a quien el sentido de justicia le afloró desde niño, primero intercediendo por los más pequeños y luego como “boy scout”, según su madre Norma Delgado.

“Soy un humanista, cristiano, de izquierda; humanista porque para mí la política y la economía están al servicio del hombre; cristiano porque me nutro de la doctrina social de la Iglesia; y de izquierda porque creo en la equidad, la justicia y la supremacía del trabajo sobre el capital”, afirmó en una entrevista con la AFP.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí