Un hombre lava un taxi en La Habana, donde la vida continúa sin Fidel Castro. ( LA PRENSA/AFP)

Cuba aprende a vivir sin Fidel Castro

Festejos por 80 cumpleaños bajo dudas sobre su salud La Habana (AFP) Del impacto de la noche del 31 de julio pasado, cuando Fidel Castro cedió el poder, se pasó pronto a la calma. La vida en la isla siguió normal y la salud de Fidel, único gobernante que conocen cuatro generaciones de cubanos, dejó […]

  • Festejos por 80 cumpleaños bajo dudas sobre su salud

La Habana (AFP)

Del impacto de la noche del 31 de julio pasado, cuando Fidel Castro cedió el poder, se pasó pronto a la calma. La vida en la isla siguió normal y la salud de Fidel, único gobernante que conocen cuatro generaciones de cubanos, dejó de ser tema predominante en la conversación en las calles.

Más bien preocupados en “resolver” los avatares de la vida diaria, un par de zapatos, algo de carne, una pieza de repuesto o el transporte, los cubanos aguardan el porvenir con tranquilidad, pero muchas interrogantes.

“Tú verás que el año que viene Raúl va a empezar a hacer reformas económicas, es fanático a los chinos”, dice un hombre que conversa con un amigo animadamente en un panadería del barrio Vedado.

LA INCÓGNITA DE RAÚL CASTRO

Y es que Raúl es una incógnita para los cubanos. Ministro de Defensa, tiene imagen de hombre enérgico pero pragmático, cercano al modelo chino y a quien se deben reformas tanto en la economía como en las Fuerzas Armadas.

“No lo conocemos mucho, siempre ha sido el hombre de las Fuerzas Armadas. Tiene que haber un cambio de vida, porque si no, dónde vamos a parar. Vamos a ver qué pasa. Fidel siempre lo ha ocupado todo”, expresó un carpintero de 28 años, del populoso barrio de Marianao.

“No se va a recuperar. Cuando Fidel no esté, la línea (política) va a ser la misma, pero ojalá mejore la situación económica”, dice Loly, para luego concluir: “Vamos a ver si esto aguanta. Este pueblo no es comunista, es fidelista”.

VIVIR SIN FIDEL

“Fidel va a aparecer el 2 de diciembre, porque así lo dijo él. No se sabe cómo. Lo que ahora sí sabemos es que no es inmortal”, dijo Loly, una enfermera de 63 años que, como todos los cubanos, se habitúan a vivir sin la presencia pública de Castro.

Conversadora, como buena cubana, Dolores abre grandes los ojos cuando explica cómo han sido estos cuatro meses desde que el presidente cedió el poder a su hermano Raúl, tras una cirugía. ¿Una Cuba sin Fidel?”, va más allá la plática en su casa en el barrio de Miramar.

“Tengo gran curiosidad por verlo. Todos la tenemos. Pero ya casi no se habla de él. Es como si ya hubiese pasado. Nos hemos ido acostumbrando a la idea de que se tiene que morir. Será un impacto, sí, él ha controlado todo; pero la vida tiene que seguir”, dice la mujer.

Loly, como cariñosamente la llaman sus amigos, está convencida de que, de alguna forma, Castro estará en el desfile militar en la Plaza de la Revolución el 2 de diciembre, cuando se conmemore el 50 aniversario del desembarco del yate Granma, inicio de la lucha en la Sierra Maestra.

“Olvídate (no dudes) que va a aparecer. Primero se muere antes que no cumplir. Él es él. Está dando órdenes a trocha y mocha (en cantidad) desde donde está. Aquí no se mueve una hoja sin que Fidel no sepa”, interrumpió su nieto, un joven jardinero de 22 años.

Acostumbrados a la omnipresencia de un hombre vigoroso, y a sus discursos de hasta siete horas, los cubanos viven una situación inédita. No lo han visto en público desde que dio dos discursos el 26 de julio, en Bayamo y Holguín, un día antes de ser operado de urgencia por una hemorragia intestinal.

Fotos, mensajes y cinco vídeos. En el último, el 28 de octubre, miraron a un hombre que caminaba con dificultad y advertía que la recuperación sería larga y “no exenta de riesgos”.

“Yo creo que con todo eso nos han venido preparando mentalmente”, dice Dolores, quien, en sus años de joven enfermera, estuvo en Etiopía y ahora, jubilada, se las ingenia para ganar algo de dinero en servicios domésticos en un par de casas.

Para el opositor Elizardo Sánchez, “más allá de si puede volver o no, el asunto crucial es si hay o no voluntad política para hacer reformas en Cuba y desmontar el modelo totalitario”. “Pero eso no lo veo, los cubanos seguiremos de mal en peor”, dijo a la AFP.

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