(FOTOS: LA PRENSA/C. CORTEZ)

“Somoza garcía sabía dividir a la oposición”

El profesor Richard Millett, autor de Guardianes de la Dinastía, se dedicó durante veinte años a investigar la historia de la Guardia Nacional y documentó el sistema de corrupción que le permitió a los Somoza gobernar con mano de hierro el país casi medio siglo. Su obra ha sido reeditada en español y durante su […]

  • El profesor Richard Millett, autor de Guardianes de la Dinastía, se dedicó durante veinte años a investigar la historia de la Guardia Nacional y documentó el sistema de corrupción que le permitió a los Somoza gobernar con mano de hierro el país casi medio siglo. Su obra ha sido reeditada en español y durante su estadía en el país, Millett conversó con LA PRENSA
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Richard Millett testificó 19 ocasiones ante el Congreso de Estados Unidos sobre la situación en Nicaragua.

También era consultado por la televisión nacional estadounidense sobre el régimen de los Somoza.

”Yo nunca fui afiliado con ningún grupo nicaraguense, sólo describí las circunstancias, las opciones norteamericanas… seleccionar a sus líderes es trabajo de los nicaraguenses y no es trabajo de un gringo”.

”Si alguien quiere ser apasionado de un grupo político, que diga que es apasionado y que no diga que es un académico”, señaló Millett.

Millett visitó Nicaragua en el marco de una conferencia de Estudios Latinoamericanos auspiciada por el Instituto Albertus Magnus, dirigido por el doctor Francisco Mayorga, en cuya sede se realizó esta entrevista.

La obra Guardianes de la Dinastía fue presentada este viernes, editada en español por la Editorial LEA.

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Richard Millett, autor de Guardianes de la Dinastía

Richard Millett se considera poco inteligente en asunto de negocios. “Me pagaron dos mil dólares por publicar este libro”, dice, “cuando estoy convencido de que Somoza me habría pagado medio millón de dólares para no publicarlo”.

Pero no está arrepentido en lo absoluto de haber escrito en 1977 Guardianes de la Dinastía, un libro que dio a conocer al mundo el nivel de corrupción de la Guardia Nacional, cuerpo armado al servicio de la dictadura de los Somoza.

“Conservé mi honor”, comenta Millett. “El dinero se puede ganar, pero el honor, una vez perdido, jamás se puede recuperar”.

Millett es un académico estadounidense que se define a sí mismo como “gringo y puro pinolero”. Es altísimo y robusto, viste de guayabera tropical y es un bromista de primera línea.

Todo empezó cuando siendo alumno de Harvard le propusieron investigar la intervención norteamericana en Nicaragua para su tesis de grado.

Empezó a estudiar “engañol”, su “mezcla de español e inglés para engañar a la gente”.

Contó con el apoyo de la Fundación Rockefeller para sus estudios de los militares nicaragüenses. Su padre fue miembro de la Armada estadounidense acantonada en Panamá, lo cual le familiarizó con el tema.

“Yo empecé a estudiar la Guardia Nacional durante veinte años y fue totalmente destruida. Estudié las fuerzas de defensa de Panamá por diez años y al fin fue totalmente destruida. Empecé a estudiar la Guardia de Haití por cinco años y fue totalmente destruida… y ahora voy a empezar a estudiarlos a ustedes”, advierte.

Mientras investigó su tesis sobre la Guardia y los Somoza, ¿sufrió alguna amenaza o mensaje disuasivo para que no continuara con su investigación?

En realidad no. Después de escribirlo hubo algunas amenazas. Ellos no entienden la capacidad de la palabra escrita para influir en los hechos. Cuando este libro sale, casi inmediatamente después comienza la crisis final de la dinastía de Somoza. Este fue el único libro disponible por los oficiales del gobierno norteamericano para leer sobre la situación en Nicaragua. No había otro. Por eso tuvo un impacto algo exagerado. Me presentaron en Washington como el mejor experto sobre Nicaragua y yo les dije que también era el peor, porque era el único.

¿Alguna vez se entrevistó con Somoza Debayle?

Sí, claro.

¿Qué tal fueron esas conversaciones? ¿Recuerda alguna anécdota?

Él fue amable conmigo, tal vez porque yo tenía lazos con la Embajada… ese fue su estilo con gringos. Hablaba siempre en inglés y no en español. Mi impresión fue de un hombre con demasiado poder y arrogancia, convencido de que sólo un tipo como él podía gobernar este país porque la gente no tenía la capacidad y necesitaba mano dura. Pero no hubo ningún enfrentamiento. También hablé muchas veces con Luis Pallais, con muchos oficiales de la Guardia, de todos tipos, de los mejores a los peores, desde Bernardino Larios hasta Pepe Alegrett. Había que hablar con todas las partes, usar todos los documentos posibles, hacer un análisis científico. El trabajo mío era ser serio, honesto y abierto a todos. Lo mismo hice en la guerra de la Contra, sin ser defensor de ningún lado ni de otro, ese no es trabajo de extranjeros, esa es una lucha nicaragüense. Yo sé que esta actitud es algo rara en un extranjero.

En Filipinas, Cuba, Panamá y Haití, hubo intervenciones militares de Estados Unidos, que luego promovió la creación de cuerpos armados que unían a la Policía y al Ejército, ¿qué es lo quele da identidad al caso de la Guardia Nacional nicaragüense?

Es interesante. En el caso de Filipinas tuvo alguna influencia pero fue muy distinto. La Filipinas era una colonia abiertamente, hubo fuerzas permanentes regulares en las Filipinas. Por supuesto, en este contexto, el Ejército de Filipinas fue parte del Ejército regular norteamericano, antes de la Segunda Guerra Mundial. Aquí, no. Aquí siempre fue más o menos un país independiente, soberano, con la excepción de la presencia permanente de tropas norteamericanas en Panamá. Pensamos que lo hicimos en Panamá podía ser reproducido con los mismos insultos aquí en la Cuenca del Caribe y eso fue una tontería. Porque tuvimos un país totalmente distinto, con tradición independiente. Fue un error básico pensar que todos los países son iguales.

Estos cuerpos armados los utilizaron Papa Doc, Trujillo, Somoza para sostenerse en el poder de manera indistinta…

Somoza y Trujillo más que todo, después Batista en Cuba. En Panamá menos y en Haití muy distinto. Papa Doc destruyó el ejército regular y formó el propio, fusilando a muchos de ellos.

En el caso de Nicaragua, ¿la Guardia Nacional es el único cuerpo armado al servicio de una dinastía en toda América Latina en tiempos modernos?

Creo que sí. Casi hubo dinastía de los Trujillo en Dominicana, hubo algo de dinastía de Duvalier padre e hijo en Haití, fundada en los paramilitares, los Tonton Macoutes.

¿Cuáles fueron las claves para que la dinastía de los Somoza durara tanto tiempo en el poder?

El padre (Somoza García) fue un político de la primera incapacidad ética y moral, un brillante político. Sabía cómo dividir siempre a la oposición. En la República Dominicana si usted era opositor lo mataban. Aquí muy raramente. La idea de que en Haití, El Salvador o Guatemala, un periodista como Pedro Joaquín Chamorro Cardenal pudiese sobrevivir a algunos atentados del gobierno era imposible. Aquí era dividir, dividir, dividir. Luis Somoza fue también de esta política. El último, Tachito, no tanto, era de más formación militar, más apto para utilizar la fuerza y con menos capacidad de convencer a sus enemigos.

Usted establece una importante responsabilidad en la política exterior de Estados Unidos para sostener al régimen de Somoza.

Eso fue más que todo porque había demasiados problemas en otras partes. Carter, por ejemplo, en su política contra Somoza, fue siempre debilitado por sus trabajos del Canal de Panamá, problemas en el congreso, problemas en Irak, los problemas de la URSS en Afganistán, siempre hubo “problemas más serios”. La administración Reagan vio Centroamérica como algo que podía pasárselo a la gente de la línea dura para que no se metieran en Medio Oriente y la Unión Soviética que es sumamente más importante… El mundo es cruel. Y para los países pequeños es más cruel.

¿Por qué la Guardia Nacional no pudo resistir los embates de laguerrilla sandinista? ¿Por qué colapsó?

Por muchas cosas. El nivel de corrupción fue tan alto, más que todo en los altos rangos que los pocos esfuerzos de hacer levantamientos, como el de José Wenceslao Mayorga y Bernardino Larios, fueron aplastados porque había “orejas” de Somoza en cada esquina. Los oficiales honestos tenían mucho temor. Segundo, en los últimos meses por las propias mentiras de Somoza, quien tenía el temor de que si se iba, habría un esfuerzo de sus oficiales por matarse. Entonces Somoza les dijo que a su salida llegarían la Infantería de Marina norteamericana y los paracaidistas “para salvarlos a ustedes, para luchar contra los sandinistas”. Y entonces, 24 horas después de la ida de Somoza, todos los guardias se quedaron de brazos cruzados preguntándose: “¿Dónde están los gringos?” Y cuando fue totalmente obvio que esa fue una mentira de Somoza se dio un colapso moral total. ¡Total!… Así fue porque la Guardia nunca fue una institución profesional castrense sino una guardia privada y una mafia.

No más políticos en uniforme

Richard Millett piensa que no es viable un retorno de los militares a la participación en política. “Si algún día, el presidente (Daniel) Ortega totalmente frustrado con la Asamblea dice al Ejército que tome la Asamblea, el Ejército le dirá que no, que es contra la ley, es prohibido, no tenemos esta misión”.

“El liderazgo —en el actual Ejército de Nicaragua— no es producto de la familia Ortega ahora. La gran mayoría de los oficiales han entrado a las filas del Ejército después de la revolución. Casi todos los mayores, para abajo, y muchos coroneles. Son veinte y siete años los que han pasado”.

En cambio, acota, el Ejército de Cuba es producto de los hermanos Castro. “Pero hoy día en Nicaragua, más y más, los militares son producto de la institución castrense”.

“La evolución del Ejército sandinista hacia un Ejército nacional fue casi inevitable. Y no solamente por factores nacionales, sino por factores globales, regionales; fue la evolución de todos los ejércitos de la región”, apunta el profesor Richard Millett.

El experto recuerda que la experiencia de los gobiernos castrenses fue muy negativa en América Latina. “A veces olvidamos eso: dividir, manchar el escudo y el honor del Ejército, separar al ejército y al pueblo (es negativo)”. “Tú entiendes que los sandinistas han dicho muchas veces: pueblo, ejército unido, jamás será vencido… bueno, el otro lado es totalmente verdad: pueblo, ejército dividido, fácilmente será destruido”.

EL CAUDILLISMO

El hecho de que en las pasadas elecciones presidenciales la mayoría de los nicaragüenses haya votado por el FSLN y el PLC, dos partidos que giran alrededor de dos caudillos, Millett lo atribuye al fracaso de los liderazgos políticos.

“El mejor enemigo del sistema democrático son los propios políticos democráticos… a veces”, señala Millett, principal estudioso del caudillismo de los Somoza en la Guardia Nacional. “Surge el cinismo en el pueblo y dice no hay por quién votar. Le preguntaba a alguien quién ganaría y me respondió: ‘No importa quién gane, el pueblo va a perder’… Esta actitud es fácil de entender”.

“Y yo creo que la Presidencia próxima tiene oportunidades y peligros como todos: ¿unificará al país o lo va dividir?”. Dijo que ojalá el resultado fuese positivo.

LAS NUEVAS AMENAZAS

El profesor Millett considera que cada vez es más difícil distinguir hasta dónde llegan las responsabilidades castrenses y hasta dónde llegan las responsabilidades policiales, ante el surgimiento de nuevas amenazas contra los Estados nacionales, como son el narcotráfico, tráfico de migrantes y el terrorismo.

“Entendemos una cosa: si no hay administración confiable de la justicia nacional, de los tribunales, de las cárceles; no hay posibilidad de éxito ni para los policías ni para los militares”.

Recuerda que en una conferencia un militar latinoamericano destacó que una de las principales fuentes de la violencia en las democracias modernas son las cárceles.

“Es un mundo muy difícil, en el cual las amenazas vienen no de Estados fuertes sino de Estados débiles”, afirma Millett.

Las amenazas, indica, provienen ahora de criminales, terroristas, conflictos étnicos y religiosos y los grupos de insurgentes, que ahora no son financiados por los Estados sino, en muchos casos, por la criminalidad.

Millett sostiene que hay que apoyar a las instituciones policiales pero que éstas necesitan apoyo en tierra y mar para su labor, así como en la obtención de información de inteligencia.

Un solo hombre con su computador a cinco mil kilómetros de distancia ilustra, puede ocasionar un gran daño en la economía de un país. Insiste en que las nuevas amenazas no respetan fronteras y exigen esfuerzos conjuntos de parte de los gobiernos.

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