Es necesario innovar para romper con la inercia que puede haber en las clases
Me encontraba impartiendo una capacitación a un grupo de compañeros y compañeras docentes y en ese momento ante la falta de recursos didácticos (sofisticados o no), y aunque usted no lo crea, simplemente lo resolví quitándome el zapato (por suerte el calcetín o media no estaba deteriorado) y lo mostré para que los participantes me indicaran, cuál sería la posible aplicación de la química en la construcción-elaboración del objeto que mostraba en mi mano.
Algunos se rieron, otros quedaron impávidos, no esperando que una docente hiciera esto. Las caras me hicieron reflexionar y sentí en ese momento una autoculpa sobre si había hecho lo correcto o no. Posiblemente algunos y algunas compañeros de la profesión opinen que fue incorrecto, otros no y así quedaría el voto dividido, aunque posiblemente siempre con un sentimiento de culpa.
Si la experiencia con buena intención hubiese sido en el aula, posiblemente padres y madres, al enterarse de la experiencia dada, (me imagino al o la estudiante llegando a casa y diciendo: “… máma, hoy en la clase el ‘profe’ se quitó el zapato…” ¡¿?¡y si ahí terminase la historia, surgirán posiblemente —desde mi punto de vista— posibles incorrectas opiniones, no así si el estudiante que da la “primicia” y le dice a la máma, que hoy aprendió cómo la Química se aplica prácticamente en todo, por ejemplo en mis zapatos (cuenta el estudiante, en sus zapatos), la suela suele ser de caucho y el caucho sustancia de naturaleza orgánica se encuentra en el látex, el cual se extrae de ciertas plantas, pero además esta sustancia sirve para preparar barnices y pinturas.
A veces la necesidad misma de “romper” la inercia al impartir una clase, cuando usted observa que por alguna circunstancia como puede ser el turno de clase próximo al horario de almuerzo o si es en la noche, donde ya los jóvenes vienen cansados después de una jornada laboral, debe buscar cómo motivar, y por supuesto insistimos dentro del marco del respeto. Si bien es cierto que existe un sinnúmero de actividades, dinámicas de índole pedagógicas, ya previstas que pueden realizarse, con una correcta planificación para no “inventar” a última hora “… ¿y ahorita qué hago para motivarlos?…”; Pero a pesar de ello un docente —criterio muy personal, y no para quitarle el trabajo, al payaso Pipo— debe de tener algo de cómico, dramático, que llame la atención, y por otra parte que en sus respuestas muestre cientificidad, dominio del contenido y sobre todo un ejemplo como individuo, que transmita valores.