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Destructivo ataque de Pacquiao
Fue una pelea breve y violenta. Emotiva aunque no intrigante. Hitchcock hubiera salido de la arena al finalizar el segundo round, porque era fácil en ese instante imaginar el desenlace.
El tercer asalto no llegó a terminar. Erik Morales, sentado en la lona, trataba de borrar las imágenes de lo ocurrido, pero su cuerpo crujiente, demolido por el golpeo veloz, certero e implacable del fiero filipino Manny Pacquiao, se lo recordaba con una insistencia dramática.
Pese al gigantesco esfuerzo ofrecido por Morales después de haber sobrevivido al pesaje, las diferencias en poder, velocidad de reflejos, precisión en las combinaciones, movimiento de piernas y capacidad para agobiar, quedaron establecidas desde muy temprano a favor de Pacquiao, quien las amplió en el segundo, cuando con un arponazo zurdo tumbó al mexicano, rasurando sus pretensiones aunque sin recortar su bravura.
Tres puntos abajo, sin posibilidad de establecer una distancia apropiada, desbordado por la agresividad sin pausas del filipino, desorientado por contragolpes fulminantes, Morales salió a pelear el tercer asalto con el futuro inmediato oscurecido, recurriendo a un necesario excedente de garra.
Morales abrió ataque con un poderoso recto de derecha que Pacquiao, capaz de devolver granadas con su cabeza, asimiló con firmeza pasando al contraataque rápida y efectivamente.
Con sus ojos bien abiertos, apoyándose en una excelente preparación fisica, Pacquiao detuvo una ofensiva con intenciones de convertirse en desbordante ensayada por Morales, utilizando otro zurdazo escalofriante. La caída del mexicano encendió todos los bombillos del Thomas Mack Center.
En un alarde de recuperación, Morales tuvo aliento para descargar un derechazo de varios megatones, pero Pacquiao se mostró imperturbable.
La zurda otra vez funcionó con mortífera exactitud. Morales cayó por tercera vez, y aunque en la esquina le gritaban para que se incorporara y continuara batallando en un callejón sin salida, dijo prudentemente “no más”.
Ciertamente, con semejante desventaja en las tarjetas, sin opción de sobrevivencia, viendo sus esperanzas esfumarse en un abismo profundo y negro, no quedaba nada por discutir.
Pacquiao lo había triturado.