- Nemesio Porras deja huellas muy sólidas en el beis
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Su popularidad fue abrumadora entre atletas locales
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Ver Infografia > Ted Williams, uno de los bateadores más orgullosos del beisbol de las Grandes Ligas, alargó el día de su retiro hasta encontrarse con un jonrón.
Nemesio Porras, uno de los artilleros más humildes de nuestro medio, ni siquiera tomó turno al bate en su despedida, pero al igual que Williams marcó una época.
Nemesio ha sido el último gran ídolo del beisbol nicaragüense. En los años que los estadios se atiborraban de fanáticos, el fino bateador zurdo era el centro del espectáculo y a paso firme fue construyéndose la leyenda.
Porras fue el jugador símbolo del Bóer a lo largo de 21 años, desde 1985 cuando pasó de los Industriales de la Coip a la tribu, hasta el 2006, ya instalado como el gerente general del equipo.
Nemesio decidió oficialmente “colgar los spikes” el pasado 11 de noviembre en una pequeña y emotiva ceremonia en el Estadio Nacional Denis Martínez, poniendo fin a una era de 22 años repartiendo palo, 21 de ellos con el uniforme de los Indios del Bóer, con quienes llegó a la cima de la popularidad y jamás se deslizó porque fue notablemente consistente en sus actuaciones como pelotero, siempre tuvo tiempo para una sonrisa, un apretón de manos, una foto, un minuto de conversación para cualquier aficionado, y nunca se le vio involucrado en un acto de indisciplina dentro o fuera del campo.
NO COMENZÓ CON EL BÓER
Después de crecer en las ligas juveniles de Don Bosco con los Industriales, Nemesio subió con este equipo a la Primera División en la temporada de 1984-85, compartiendo su tiempo con la Selección Nacional Juvenil.
En la siguiente temporada se arma un plan para renovar al Bóer, que cada año se hundía más en la tabla de posiciones. Entonces, los Industriales son sacrificados para darle origen a una nueva época del Bóer, la de Nemesio Porras.
LA FÓRMULA, TRABAJO DURO
Sin sospecharlo, Porras fue ganándose la simpatía del público.
“No sé qué hice para merecer tanto aprecio, pero estoy agradecido con los fanáticos por el resto de mi vida. Lo que puedo asegurar es que siempre jugué con todo lo que tenía, incluso en las prácticas lo entregaba todo. También me ayudó mucho el jugar con el Bóer. Esta popularidad me favoreció, y por supuesto fue determinante la relación con la crónica deportiva, que siempre me ha tratado bien”, opina Nemesio.
Una vez en la cúspide, Nemesio no dejó de trabajar y siguió jugando como en sus días de novato, porque siempre ha sido un gran competidor y ahora tenía la responsabilidad de responder a una gigantesca afición que lo identificaba como su jugador favorito.
“En ese momento fue importante el respaldo de mi esposa (Dulce García). El apoyo, la confianza y la estabilidad que conseguí con ella me permitió seguir concentrado en el beisbol sin preocupaciones”, aseguró.
Nemesio cumplió 38 años el pasado mes y aunque muchos creen que todavía puede seguir jugando, él siente que no lo haría al nivel que está acostumbrado, así que mejor se retira dejando recuerdos gratos sin manchar su etiqueta de ídolo.