- El Vaticano reafirma la continuación de la tradición vigente desde 1139
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El “no” del Papa y de los cardenales a la abolición del celibato para los curas de rito latino, ha sacado de nuevo a la luz pública la situación de los cerca de 100,000 sacerdotes que según las organizaciones que los apoyan, están casados, muchos de los cuales sueñan con volver a ejercer.
Si en el año y medio de pontificado de Benedicto XVI nunca se abrieron ni un milímetro, el Vaticano cerró el jueves totalmente las puertas a la admisión al ministerio sacerdotal a los curas de rito latino casados, a la vez que exigió una “sólida formación humana y cristiana” tanto para los seminaristas como para los sacerdotes ordenados, con el objetivo de que no se presente el problema.
Obispo africano abanderado de cambios
El problema, sin embargo, existe y en las últimas semanas el “rebelde” y polémico arzobispo jubilado africano Emmanuel Milingo, de 76 años, se ha encargado de airearlo a nivel mundial, anunciando que se ha casado de nuevo con la coreana María Sung, de la secta Moon, y patrocinando la asociación “Curas casados ya”, que cuenta con ramificaciones en Italia y Estados Unidos.
Milingo, quien fue excomulgado, pidió al Papa que permita a los curas casarse y que la Iglesia católica deje de considerarles como “no deseados y fracasados” por no respetar el celibato.
El sacerdote casado italiano Giuseppe Serrone, el “hombre de Milingo” en Italia, pidió a Benedicto XVI que les conceda las mismas prerrogativas que a los sacerdotes anglicanos y de la Iglesia episcopal que se pasaron a la Iglesia católica y fueron acogidos en plena comunión por Roma, sin tener en cuenta que estaban casados y con hijos.
Sin embargo, para el Vaticano esos son casos especiales, que deben ser tratados de manera diferente, mientras que para los curas católicos de rito latino se debe mantener lo establecido por el II Concilio de Letrán, en 1139: el celibato.
Y no sólo, sino que también las dispensas no pueden ser concedidas así como así. Hoy el Vaticano reiteró, sin nombrarla, la normativa aprobada por Juan Pablo II en 1979 y actualmente en vigor, considerada “muy rígida” y que supuso un freno a la concesión de las dispensas a los sacerdotes.
Ya Juan Pablo II dijo en aquellas fechas que no se podía considerar la dispensa como un “derecho que la Iglesia católica tenía que reconocer de manera indiscriminada”.
Y así, después de los años del papado de Pablo VI, en que se concedieron más ampliamente, volvió la rigidez que aún se mantiene.
Según fuentes eclesiásticas, todos los años llegan al Vaticano 1,200 peticiones de dispensas de sacerdotes y se concede una media de 500. La mayor parte de las mismas se otorgan a sacerdotes casados por lo civil y a otros a los que los exámenes que se les efectuaron demostraron que nunca debieron ser ordenados.
Hay sacerdotes casados que se pasaron al estado laical, pero otros ofician celebraciones litúrgicas en comunidades de base y algunos ejercen su ministerio pastoral en parroquias, con el conocimiento del Obispo de la Diócesis.
Los curas casados defienden el celibato libre y mantienen que el impuesto por Roma no encuentra base ni en la Biblia ni en la tradición ni en la Teología.
Aunque ya en sus años de juventud reconocía que el celibato no es un dogma, el por entonces padre Joseph Ratzinger, actual Benedicto XVI, señalaba que sí era una “tradición” y que si se abolía el celibato se presentaría un nuevo problema, el de los sacerdotes divorciados.