El día 10 de octubre de 2006 con interés leí el artículo de opinión que publicó su prestigioso diario, titulado “Espinacas orgánicas contaminadas”, escrito por Dennos T. Avery.
En dicho artículo Avery establece que la base de la producción orgánica es la fertilización mediante la utilización del estiércol y se sabe que el estiércol es el agente transmisor de la bacteria E.coli 0157:H7, causante en los Estados Unidos de la muerte de una persona, la hospitalización de 23 con problemas renales y 150 enfermos.
Es importante mencionar que hay productos agrícolas que no tienen problema con la producción orgánica, como el café, el cual se consume después de un proceso de tostado y mediante el cual las bacterias son eliminadas.
Sin embargo lo que es bueno para el ganso en este caso, no es bueno para la gansa. En este sentido, debido a la frescura con que se comen las lechugas y las espinacas, las bacterias absorbidas del abono orgánico, llámese estiércol, aún se encuentran vivas. Deducir lo que sigue es obvio.
Otro aspecto importante de la producción orgánica tiene que ver con el uso de pesticidas orgánicos, como el insecticida que se produce de moler las semillas que produce el fruto del árbol de neem, el cual se utiliza para matar gusanos que se comen las hojas de las hortalizas.
Otro ejemplo es el producto de mezclar extracto de chile con extracto de ajo, dicha mezcla fumigada sobre las hortalizas sirve como repelente de una gran cantidad de insectos. La utilización de este tipo de pesticidas es completamente inocua para el consumo humano, y como no daña el medio ambiente comparado con pesticidas químicos es también ecoamigable.
La aplicación de sustancias químicas, las cuales son absorbidas por las plantas, una vez que las consume el ser humano, puede causar cáncer u otras afectaciones a la salud. A su vez, las sustancias químicas contaminan la tierra y matan, además de las plagas dañinas, los insectos benéficos como las abejas que ayudan a la polinización.
En base a lo anterior podemos deducir que el problema principal de la producción orgánica se basa en el uso de desechos animales, ya que no hay forma de controlar efectivamente si este contiene bacterias o no.
El utilizar desechos animales tiene un agravante adicional, y es su calidad y por consiguiente la efectividad con que es absorbido por la planta, afectando así la rentabilidad del cultivo. Como ejemplo podemos citar que si el estiércol es dejado mucho tiempo sin utilizar, pierde una gran cantidad de nitrógeno, el cual es utilizado para el desarrollo de las plantas.
Los macronutrientes principales en cualquier cultivo son el Nitrógeno (N), el Fósforo (P) y el Potasio (K). Estos elementos se encuentran en el estiércol, pero también son producidos en laboratorios; independientemente de su origen, su absorción es orgánica. Sin embargo, si un agricultor utiliza macronutrientes que provienen de un laboratorio, no puede certificarse “orgánico”. La certificación, sin embargo, está de moda, y ser certificado implica tener un diferenciador que puede posicionar a la empresa agrícola en un nicho de mercado en crecimiento.
Aquí es donde quisiera hacer la diferencia entre lo orgánico y lo ecoamigable. En primer lugar ser “orgánico” significa “estar certificado”, independientemente del proceso de absorción de nutrientes de los cultivos. Ser “orgánico” no significa que el vegetal a consumir sea saludable, ni tampoco que sea sinónimo de inocuidad.
La opción que yo recomiendo a los agricultores productores de vegetales y hortalizas que se consumen frescas, es que utilicen los macronutrientes que ya conocen y que no dañan el medio ambiente y que no matan gente; y los pesticidas orgánicos o biológicos que protegen el medio ambiente, y que de esta forma se conviertan en productores “ecoamigables”, ya que no podemos decir que estamos “certificados orgánicos”, independientemente que utilicemos prácticas orgánicas de producción.
Por lo anterior podemos concluir que la alternativa a llamarnos “productores orgánicos” de vegetales y hortalizas que se consumen frescas, es “productores ecoamigables”.
El autor es Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Americana (UAM), productor de lechugas y Presidente de Ostuma Farms.