Varias “finales”

Como en los torneos futbolísticos muy parejos en que cada enfrentamiento es una final, América Latina será escenario de varias “finales” en los próximos 50 días. No serán deportivas sino de carácter electoral y el premio para los triunfadores es un gobierno y, en un caso, un lugar en el Consejo de Seguridad de la […]

Como en los torneos futbolísticos muy parejos en que cada enfrentamiento es una final, América Latina será escenario de varias “finales” en los próximos 50 días.

No serán deportivas sino de carácter electoral y el premio para los triunfadores es un gobierno y, en un caso, un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El primer encuentro son las elecciones en Ecuador, que se celebran este domingo, seguido de la elección de un nuevo miembro latinoamericano para el Consejo de Seguridad, prevista para el lunes 16. Después vendrán la segunda vuelta en Brasil (el 29 de este mes), las elecciones en Nicaragua el 5 de noviembre y, cerrando la serie, las venezolanas del 3 de diciembre. Es casi seguro que habrá que sumarle dos disputas más: los balotajes (segundas rondas) en Ecuador y Nicaragua.

Si es por las encuestas todo hace pensar que el “eje” de los gobiernos neopopulistas autoritarios de izquierda, que tienen a Fidel como su dios y a Chávez como su profeta, se fortalecerá.

Sin embargo, puede que en los hechos no se dé tan así.

En donde hay pocas dudas es sobre el resultado en Venezuela. Ahí Chávez gana, tenga los votos o no. Ésta es la sensación que existe entre observadores independientes, abonada por las actitudes del Gobierno que insiste en mantener unos mecanismos de control electoral poco confiables y que es muy reticente a dar efectivas facilidades a observadores internacionales y no comprometidos que aseguren la limpieza de los comicios.

Donde va a estar más peleada para Chávez es en la ONU. Si logra el escaño, será el premio a sus esfuerzos e inversiones. Si no lo consigue o se le complica y se demora, será una gran derrota. Sobre todo en relación a las alianzas que armó hábilmente y todo lo que habló y gastó. Internamente le pesará mucho —es un botín que no podrá exhibir ante los venezolanos cuyo dinero gasta a manos llenas—, pero es difícil que le haga perder. En la línea de los Stroessner y los Somoza, Chávez piensa seguir en el poder con “elecciones” y todo.

En Ecuador y Nicaragua habrá que ver qué dicen las encuestas para el “partido revancha”.

En Ecuador el candidato izquierdista Rafael Correa ha crecido, pero también lo ha hecho el candidato derechista Álvaro Noboa que promete romper relaciones con Cuba y Venezuela. Por otra parte, si ganara Correa, en primera o en segunda vuelta, no sería el primer “ chavista” que asume el gobierno. A su antecesor Lucio Gutiérrez, que era parte del “eje”, no le fue bien y fue destituido.

Daniel Ortega tiene a su favor que, gracias a su alianza con el ex presidente derechista Arnoldo Alemán, preso por corrupción, domina el aparato electoral del Estado. De cualquier manera va a estar muy observado: hay muchos ojos, de afuera y de adentro, fijos en el FSLN, que no confían mucho en sus manejos y sospechan que pueda valerse de medios no claros para poder llegar por segunda vez al poder en un país mayoritariamente contrario al sandinismo orteguista.

Y finalmente, o principalmente, está lo de Brasil. Parecería que al final Lula ganaría. Importa por cuánto, pero cualquiera sea la diferencia el ex obrero metalúrgico deberá revisar su política exterior. Por supuesto que también deberá ser muy transparente y controlar más de cerca a sus colaboradores y correligionarios, pero a la vez tendrá que sopesar en qué medida influyó en su traspiés electoral la pérdida de liderazgo a nivel continental.

El novel y creciente liderazgo hemisférico de Chávez , más las alicaídas influencia y autoridad brasileñas en el Mercosur, junto a la arremetida boliviana contra los intereses brasileños, y la eventualidad de bases militares venezolanas en la frontera con Bolivia sin que Lula siquiera pestañee, han tenido que ver en la decisión de los electores brasileños. Sin duda en los próximos cuatro años no será el mismo Brasil ni el mismo Lula.

Tras el fracaso en el Mundial de Alemania, los brasileños se están cansando de las derrotas y saben que de ahora en adelante tienen que salir a ganar, y uno de los contrincantes que tienen por delante es Chávez.

En definitiva y como siempre pasa, los partidos hay que ganarlos en el terreno y recién después de jugados se suman los puntos.

(Periodista uruguayo).

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