Rafael Correa se muestra siempre sonriente. Tiene un doctorado en Economía. Se le ve grandes dotes de liderazgo e inteligencia, pero también es visto como alguien muy arrogante. ( LA PRENSA/AFP/Rodrigo Buendía)

El amigo de Chávez

El candidato a la Presidencia de Ecuador por el movimiento Alianza País, Rafael Correa, está considerado en círculos políticos como una persona inteligente con alta capacidad de liderazgo, una imagen de seguridad e independencia que para sus detractores es, más bien, el reflejo de una personalidad arrogante. Radical en sus discursos, Correa, economista de profesión, […]

El candidato a la Presidencia de Ecuador por el movimiento Alianza País, Rafael Correa, está considerado en círculos políticos como una persona inteligente con alta capacidad de liderazgo, una imagen de seguridad e independencia que para sus detractores es, más bien, el reflejo de una personalidad arrogante.

Radical en sus discursos, Correa, economista de profesión, figura a sus 43 años como favorito para los comicios del próximo domingo, en los que asegura que vencerá en primera vuelta, declaración que unos atribuyen a un optimismo justificado y otros a la prepotencia.

Casado con la belga Anne Malherbe y padre de tres hijos, Correa hace alarde de figura “no política” en un país en el que todo político arrastra una pesada cadena de críticas de la ciudadanía, harta de los políticos tradicionales.

Siempre sonriente, Rafael Correa sueña con llevar al poder las ideas de izquierda que incubó siendo alumno salesiano y luego como voluntario en una comunidad indígena, e integrar a Ecuador a la corriente que agita el continente bajo la influencia del presidente venezolano Hugo Chávez.

De 43 años, este economista de voz estentórea, asomó a la política en un momento de ebullición, cuando miles de ecuatorianos decepcionados expulsaron del poder al mandatario Lucio Gutiérrez en abril de 2005.

Invitado por el nuevo gobierno, dejó la academia para servir como ministro de Economía, a la postre el trampolín que lo arrojó por los aires hasta dejarlo caer en los brazos de la política.

Durante los 106 días que ocupó la cartera, Correa modificó la ley para la inversión de recursos petroleros, retó a los organismos multilaterales, habló duro a Estados Unidos y conoció a los mandatarios con los que sueña sintonizarse: Chávez, Néstor Kirchner (Argentina) y Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil). Ya como candidato, juzgó como “muy torpe” al mandatario estadounidense George W. Bush, señalando que “al compararlo con el diablo —como lo hizo Chávez— se ofendía al diablo”.

Nacido en la ciudad costera de Guayaquil el 6 de abril de 1963, Correa recuerda una infancia feliz pero con limitaciones económicas, que no le impidieron obtener su título de economista en la Universidad Católica de Guayaquil, dos maestrías en Economía en Estados Unidos y Bélgica, así como un doctorado en Estados Unidos.

De verbo fácil, Correa domina, además del español, el inglés y francés, mientras que se defiende en el quechua, idioma de los indígenas de Ecuador, que aprendió cuando trabajó con ellos como misionero voluntario en una comunidad indígena de la sierra andina.

Su imagen aporta frescura en el tablero electoral, al ser un personaje sin desgaste político, que se hizo popular en los 106 días en que se desempeñó como ministro de Economía del actual Gobierno.

“Hay que superar todas las falacias del neoliberalismo y buscar eso que se ha llamado en Latinoamérica el socialismo del siglo XXI”, sentenció.

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