/LA PRENSA/ O. DUARTE

Me gusta la causa social, no me gusta la política

Después de 41 años de vida junto a Edén Pastora, el reconocido “Comandante Cero” de la revolución popular sandinista, a Yolanda Torres aún se le humedecen los ojos cuando recuerda los días duros de entonces. Lejos de lo que su marido representa, a ella la política no le da ni frío ni calor y se […]

  • Después de 41 años de vida junto a Edén Pastora, el reconocido “Comandante Cero” de la revolución popular sandinista, a Yolanda Torres aún se le humedecen los ojos cuando recuerda los días duros de entonces. Lejos de lo que su marido representa, a ella la política no le da ni frío ni calor y se declara una mujer pacifista

La memoria de Yolanda Torres guarda muchos detalles desde aquel día de 1964 cuando conoció al hombre con el que ha compartido más de la mitad de su vida.

Cuando habló por primera vez con Edén Pastora tenía 20 años y entre una broma y otra él le anunció que quería que fuera su novia, después que “cortara” al otro, claro.

Por momentos la mirada de esta mujer de 63 años se vuelve triste, pero luego lanza una sonrisa que cambia la imagen de alguien que sufrió mientras, sin darse cuenta, formaba una familia con el histórico “Comandante Cero”, que ahora participa como candidato a Presidente por el partido Alternativa por el Cambio.

Aunque suene contradictorio, Yolanda Torres vivía en un mundo lejano al ideal revolucionario. Es más, casi siempre ignoraba lo que su esposo planeaba hacer.

¿Qué fue lo que hizo Edén Pastora para convencerla de que fuera su novia?

Me convenció la insistencia de él. Insistió tanto, tanto, que hubo un momento en el que si ya no llegaba —a la casa—, lo echaba de menos. Entonces quebré con mi novio. Empezamos como jugando y terminamos involucrándonos seriamente. Ya en 1966 estaba teniendo a mi primera hija, Karla.

¿Estaba al tanto de lo que él hacía?

No. Estaba tan… acababa de salir de la escuela de enfermería, estaba con mi pasión de trabajar. Cuando uno sale de la carrera, está con todo el entusiasmo, con toda la ilusión, quiere hacer maravillas y no tenía conciencia de la situación política de Nicaragua. Fue él el que me creó ese conocimiento. Yo trabajaba en el gobierno, en un Centro de Salud, y me decía “¿por qué te quitan el cinco por ciento? ¡Para el partido!” No sé, le decía yo. “¿Vos sos liberal?” No, no pertenezco a ningún partido, no me interesan los partidos. Entonces él me decía “te están robando”, y comenzó a hablar de que el gobierno era un dictador, que explotaba a los trabajadores públicos, pero hasta ahí no más.Cuando ya nos involucramos, sucedió lo del 22 de enero de 1967, cuando Fernando Agüero. Yo estaba con mi niña pequeñita (Karla), ahí fue cuando supe que me había metido con un hombre que no andaba en algo simple.Él se había venido con un grupo de gente que supuestamente era un equipo de beisbol. Vino donde un primo que tenía un colegio y le dijo “mirá, éste es un equipo de Managua que va a jugar. Son de escasos recursos y quiero que, por favor, les des dónde quedarse en el colegio”. Resulta que eran los que venían al movimiento de Agüero, con tan mala suerte que a él lo agarran el 21 de enero, cae preso y ahí comenzó mi calvario. Lo tuvieron preso y le dieron salida por amnistía cuando René Schick. Yo venía desde San Rafael del Norte, donde trabajaba, para ver al marido que tenía preso. Ahí tuve conciencia de que torturaban. Le hicieron lamer la sangre en el piso. Fue una cosa que cambió totalmente mi vida. Yo trabajaba en San Rafael del Norte, él vivía en Ciudad Darío (Matagalpa). Todavía no habíamos hecho vida juntos.

¿Qué pasó después de eso?

A los nueve meses salí embarazada de mi segundo hijo, Pánfilo, entonces él me dijo: “Ya no quiero que trabajés. Quiero que te vengás, te necesito, dejá ese trabajo”.Eso fue a comienzos de 1967, para esa época llevó gente a entrenar en su finca, en San Francisco del Carnicero; y agarraron a un matrimonio, les preguntaron dónde entrenaban y ellos dijeron que en la finca de Edén Pastora. La guardia llegó, revolvieron todo, se llevaron preso a mi cuñado, al médico, y entonces él se asiló en la Embajada de Venezuela. Se fue al exilio y me quedé con un embarazo de siete meses y una niña de año y medio. A partir de esa fecha no volvimos a vernos hasta seis años después.

Pero usted no se involucró en el movimiento revolucionario.

Ni siquiera tenía conciencia de eso, mi mundo era otro, totalmente ajeno a esa línea.

¿Usted estaba enterada del asalto al Palacio Nacional?

Yo estaba embarazada de mi cuarto hijo, en Costa Rica. No sabía lo que estaba pasando. Edén de un día para otro se desinteresó de lo que estábamos haciendo. Estábamos muy bien. Él regresó en el 77 al Frente, se da la toma de San Carlos, pero no pasó a más. ¿Qué más hacer? Ahí es donde Edén les dice del proyecto de la toma del Palacio. Cuando me dice que viene a Nicaragua en mayo del 78, yo le dije: “Estás loco, sabés que si vas a Nicaragua te van a matar”. Le pregunté qué iba hacer y me dijo: “No te puedo decir y es mejor que no sepás, es peligroso”. Yo pasé llorando tres días, le decía: “No me querés, el niño que llevo no va a conocer a su papá”. Entonces, ya a la tercera noche me preguntó si creía en Dios. “Deberías estar clara que ni una hoja se mueve sin la voluntad de Dios”. Entonces yo dije: “Es cierto, si se va a morir, se va morir y aunque siga llorando se va a ir”. Así fue como se vino a la toma del Palacio. Pasó un mes y yo no sabía nada.

La relación entre ustedes era casi a distancia. Mientras Édén Pastora estaba en la clandestinidad, Yolanda Torres dejó a sus hijos en Nicaragua y se fue a Estados Unidos a trabajar, ¿pensó en iniciar otra relación alguna vez?

Sería hipócrita en decirte que no pensé que cuando estaba en Estados Unidos debí llevarme a mis hijos y que la única manera de hacerlo era buscando cómo casarme allá y hacer mi vida allá. Pero por otro lado, yo creo en el amor. Yo me enamoré de Edén. De los dos novios que había tenido antes, creo que nunca me había enamorado así. Tengo un recuerdo bonito, de respeto, alegría, solidaridad, era el hombre romántico por excelencia, me hacía poemas, me declamaba, yo estaba fascinada. Es un hombre contento, nunca se enojaba. Idealicé al hombre.

¿Tuvo otros enamorados?

Sí, si yo tenía 25 años cuando él se fue al exilio. Y aparentaba menos, iba a los centros de recreación y me pedían identificación. Mi cuñada me decía: “Cásese para que se traiga a los niños”. Y yo le decía: “No me puedo casar sin amar”. Es el hombre de mi vida, a la fecha… menos que lo voy a cambiar ahora. Son 41 años de convivir con él.

Durante esos 41 años ¿ha tenido problemas de faldas con el comandante?

Decir que me haya dado cuenta, que lo vieron con una novia o con una amante, honestamente nunca. Tampoco nunca nadie me ha llamado para decirme: “Mirá tengo un romance con tu esposo”. Tiene hijos por fuera. Él era un hombre famoso, no era feo, era ídolo en el momento del triunfo de la revolución. Tiene un hijo con Ruth Castro, hermana de Edwin Castro. Tuvo un hijo con una tica, cuando salió con lepra de montaña. Yo no estaba con él en ese momento.

¿Cuándo supo de esos hijos?

Quince años después.

¿Cómo reaccionó?

Me enojé, me molesté, me sentí defraudada, traicionada. Hubo un momento en que tuve que acudir a un consejero espiritual. Yo soy muy católica, creo mucho que la fe ayuda. Yo le dije al consejero lo que estaba pasando, que me quería separar de mi marido. Él me dijo: “¿Es buen padre?” Sí, es buen padre. “¿Es responsable?” Sí, es responsable. “¿Te respeta?” Sí. Por último, cuando miró que yo todavía dudaba, agarró una página blanca y puso un punto con un lápiz. “¿Qué ves ahí?” Un punto negro. “¿Y todo el resto de la página blanca? Es un hombre, no es Dios, hay tentaciones y me estás diciendo que es responsable, que nunca te ha irrespetado, que no hace falta nada en tu casa. No puede ser perfecto, sólo Dios”. Entendí pues que él no continuó la relación con ninguna. No soy machista ni feminista, me gusta ser justa. Tengo 63 años. En el transcurso de lo que he vivido veo que las mujeres siempre coqueteamos, nos gusta llamar la atención. El hombre es hombre, yo digo, tenés la llave, podés decir sí o no. No sé en qué circunstancias sucedieron sus romances, no culpo a los niños. Tengo buena relación con todos los hijos —de Edén Pastora—. Los que nacieron antes y los que nacieron después. Ellos son los menos culpables.

Según el candidato Pastora, usted tiene una visión pacifista de la vida. ¿Quiere decir que son una pareja de contrastes?

Edén es pacífico. Contrario a lo que aparenta él, un hombre violento. Lo que no le gusta es la injusticia. Imaginate que es tan pacífico que no tiene enemigos políticos, se relaciona con todos a pesar de las confrontaciones.

¿Es Edén Pastora un hombre común?

No. No es un hombre común. No es un súper hombre, pero un hombre común es aquel que se conforma y Edén no se conforma. Cuando cayó preso la primera vez se hubiera retirado y hubiera dicho “esto no es para mí”. Eso es un hombre común. Cuando cayó preso el 22 de enero, siguió su lucha. Eso no lo hace un hombre común. Si cuando el Frente traicionó la revolución, y Edén, con todo el poder que tenía, Viceministro de Defensa, jefe de las milicias populares, comandante de brigada, ¡dejó todo! Para mí, un hombre común no es aquel que persigue sus decisiones sin doblegarse.

¿Cuáles han sido los errores que ha cometido Edén Pastora?

¿Errores? Tal vez alguien hubiese visto como error el haberse retirado de la universidad para luchar con el Frente. Pero si sos un idealista, tal vez ser demasiado idealista podría ser un error. Que no hayamos logrado el estatus económico o social, que por lo general es lo que aspira uno, para mí eso no es error. Para mí lo material va y viene, y no nos ha hecho falta nada. Hemos pasado crisis económicas, pero hemos tenido grandes amigos que nos han sacado del hoyo.

Como enfermera, ¿qué opina del aborto terapéutico?

Estoy a favor de la vida, estoy tan a favor de la vida que tengo 14 nietos. Estoy en contra del aborto totalmente, pero no puedo opinar del aborto terapéutico en sí porque no sé qué pensaría si hay una madre embarazada, que tiene cuatro o cinco niños, y tiene riesgo de morir. Quedarían los niños en orfandad. No sé, eso es difícil de decidir.

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