Sentados en un café cercano al diario, tomando una taza de café y probando una excelente torta de chocolate, el colega co-editor de Política, Eduardo Marenco y yo, además de repasar un poco la política nacional, nos hacíamos la pregunta ¿qué vino a hacer Donald Rumsfeld a Nicaragua?
Nos llamaba la atención que no se haya pronunciado directamente sobre Daniel Ortega y sus posibilidades de triunfo. Siempre que se le hizo la pregunta, este viejo “halcón” de la Guerra Fría rehusó responder, arguyendo diplomáticamente —no siempre uno de los puntos fuertes del polémico Secretario de Defensa de Estados Unidos — que no se entrometería en la política nicaragüense.
Aquel día, Eduardo y yo nos inclinábamos a creer que el tema que más debió interesar a este hombre de confianza del presidente George W. Bush era el de los misiles Sam-7, un asunto de máxima preocupación —totalmente justificada— para Washington.
Sin embargo, dadas las informaciones procedentes de EE.UU. y nuevos ángulos noticiosos que LA PRENSA logró rescatar en su edición del jueves, los propósitos de la venida de Rumsfeld eran un poco más amplios.
Desde luego, su llegada estaba programada ya desde hace un tiempo a esta VII Conferencia de Ministros de Defensa hemisféricos, aunque apenas fue confirmada hace menos de dos semanas. Rumsfeld ha participado regularmente en las últimas reuniones.
Su presencia es sin duda de gran importancia per se. Es el máximo responsable —detrás del presidente, el comandante en jefe— militar de la superpotencia. Es un figura de peso en la guerra contra el terrorismo y la guerra en Irak. Es un jugador en el círculo más estrecho del poder político-militar.
Estas conferencias son ante todo deliberativas —no será si no hasta en Canadá, en 2008, que las resoluciones tengan carácter obligatorio—, pero tienen la virtud de fomentar la cooperación regional ante los problemas contemporáneos.
Su declaración final enfatiza la condena y la lucha común contra el terrorismo, el narcotráfico, la trata ilegal de personas, el lavado de dinero, la proliferación nuclear y de armas ligeras, etc. Se trata no solamente de buena voluntad política, acciones conjuntas policiales o de seguridad, si no también de armonización de legislaciones y otras medidas.
Un punto muy importante para Nicaragua fue el respaldo a la iniciativa de crear un Centro Internacional de Desminado Humanitario, cuya sede estaría aquí.
Pero en serio … ¿ a qué vino Don Rumsfeld?
El secretario es un hombre muy ocupado. Antes de venir a Managua el domingo, había estado unos días en Europa Oriental.
De acuerdo con sus citas, declaraciones e informaciones públicas, creo que se puede deducir que había tres temas de verdadera importancia: los misiles Sam-7 y su destrucción; el cabildeo (¿presión?) con algunos países para el envío de unidades a Irak y Afganistán en misiones no combativas; y presionar a Venezuela, con la cual Washington tiene una rivalidad.
Rumsfeld expresó su “preocupación” por la existencia de unos 1,051 misiles antiaéreos Sam-7, aunque también reconoció el trabajo del Gobierno y comprendió que el asunto está en manos de la Asamblea Nacional.
De acuerdo con un cable de Reuters, reproducido por The Washington Post, EE.UU. “presiona” a algunas naciones latinoamericanas para que aporten unidades para misiones no combativas en Irak y Afganistán, citando al jefe del Comando Sur, el general John B. Craddock. Colombia ofreció personal para custodiar infraestructuras, mientras que el jefe del Ejército de Nicaragua, el general Omar Halleslevens —según Craddock—, sugirió la posibilidad de enviar especialistas en desminado a Afganistán.
El Secretario de Estado utilizó la conferencia para atacar las compras de armamento de Caracas por más de 3 mil millones de dólares a Rusia —helicópteros de ataque, cazas Sukhoi 30 y 100 mil fusiles AK—, y manifestar el temor de que Hugo Chávez esté armando a las guerrillas colombianas. La declaración final incluye un llamado a “adoptar la Convención Interamericana sobre la transparencia en la adquisición de armas convencionales”.
Es difícil no tener la impresión —repito: la impresión— de que Rumsfeld también estaba huyendo de la tormenta que ha estallado en la opinión pública estadounidense con las últimas revelaciones en la prensa sobre la guerra en Irak y en el libro más reciente del afamado periodista Bob Woodward, a un mes de las elecciones legislativas.
Un reporte de 16 agencias de inteligencia , filtrado en parte por The New York Times, asegura que la guerra en Irak favorece el reclutamiento de terroristas islámicos, en vez de hacer más seguro a EE.UU. y el mundo, como dicen Bush y sus funcionarios.
En el libro State of Denial (Estado de Negativa), Woodward —que junto a Carl Bernstein desveló la verdad del escándalo del Watergate— asegura que los generales están muy insatisfechos con la desastrosa conducción de la guerra y algunos la clasifican de “debacle”. Gente como la hoy Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, el ex Ministro de la Presidencia, Andrew Card y hasta la Primera Dama, Laura Bush, habrían intentado que Bush destituyese a Rumsfeld. Sin embargo, el vicepresidente Dick Cheney medió por el Secretario de Defensa.
Woodward también acusa a la administración de engañar al público estadounidense sobre la verdadera dimensión de la violencia en el país árabe, ocultando cifras reales sobre el número de ataques a las tropas norteamericanas.
Aunque el viaje a Europa y Nicaragua estaba programado, no hay duda de que afortunadamente para el Secretario, pudo alejarse un poco del mal tiempo político en casa.
Por último, hay que deplorar el limitado acceso a la prensa nacional a Rumsfeld y el trato de menosprecio que recibió. Los periodistas estadounidenses fueron privilegiados, aunque ellos lo cubren todo el tiempo. Bueno, quizás se entienda: al fin y al cabo, los nicaragüenses no votamos en Estados Unidos.