El norteamericano Roger D. Kornberg ganó el miércoles el Premio Nobel de Química por sus trabajos sobre uno de los elementos claves de la vida, la transcripción de los genes, siguiendo así las huellas de su padre, Nobel de Medicina hace cerca de medio siglo.
Sus investigaciones se refieren “a la manera como la información de los genes es copiada y luego transferida hacia las partes de las células que producen las proteínas”, indicó en sus considerandos la Real Academia de Ciencias de Suecia, que otorga el premio.
“Kornberg es el primero en haber creado un verdadero esquema de ese proceso a nivel molecular, sobre todo en el grupo importante de organismos llamados eucaryotas”, precisó el comité.
Roger Kornberg, de 59 años, profesor de Medicina en la Universidad de Stanford en California, tenía 12 años cuando vino a Estocolmo para ver a su padre, Arthur Kornberg, recibir el Nobel de Medicina en 1959.
El padre, que vive aún, trabajaba sobre el ADN y el hijo le siguió en un campo similar de la ciencia.
“Acepto esta extraordinaria recompensa en nombre de más de 50 colaboradores que han participado en estos trabajos”, declaró Kornberg interrogado telefónicamente por el Comité Nobel en el momento del anuncio del premio.
El proceso de transcripción “es necesario para toda vida”, destacó la Academia. El código genético, ADN, es copiado por una enzima y la copia es luego depositada en la parte superior de la célula.
Tal como para un programa de computador, esta copia sirve de instrucciones a las células para fabricar proteínas.
“El aspecto verdaderamente revolucionario de la imagen creada por Kornberg es que captura el flujo integral del proceso de transcripción”, observó el Comité Nobel.
Los otros dos Premios Nobel científicos atribuidos este año, el de Medicina y el de Física, también fueron a cuatro estadounidenses, lo que significa que Estados Unidos obtuvo en esta ocasión todos los galardones en el terreno científico.
El padre de Kornberg, quien ganó en 1959 el Nobel de Medicina, sintetizó su punto de vista en una frase: “Todo está en los genes. La primera vez que Roger viajó a Estocolmo tenía 12 años y las moléculas ya centraban parte de su vida.
“En casa, hablábamos de ciencia durante la cena, a veces por las tardes y durante las actividades de fin de semana. La ciencia era un placer y algo completamente natural para mis hermanos y para mí”, había declarado el químico a una revista científica.
“Probablemente recuerde más de la ceremonia de mi padre que de la mía, dado todo lo que va a suceder a mi alrededor”, señaló el flamante ganador tras la conferencia.