Carlos Murillo. (LA PRENSA/O. Duarte)

“Si Norcorea se fortalece, Japón tendrá que responder”

Experto costarricense en seguridad analiza los impactos en Asia, del cambio de gobierno en Japón Carlos Murillo, analista: Ver Infografia > Carlos Murillo Zamora es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Nacional. Actualmente realiza estudios doctorales. Últimamente se especializa en temas de seguridad en Asia. Hace dos […]

  • Experto costarricense en seguridad analiza los impactos en Asia, del cambio de gobierno en Japón

Carlos Murillo, analista:

  • Ver Infografia >

    Carlos Murillo Zamora es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Nacional. Actualmente realiza estudios doctorales. Últimamente se especializa en temas de seguridad en Asia. Hace dos semanas presentó en Managua su último libro, Taiwán: Seguridad y Defensa en un Contexto Complejo.

    LA PRENSA le contactó a través del correo electrónico, para hablar sobre el nuevo primer ministro japonés Shinzo Abe y sus propuestas en política exterior. Murillo respondió a nuestras preguntas antes del anuncio, el martes, de un test nuclear por Norcorea.

    ¿El cambio de primer ministro traerá consigo sustanciales cambios en las líneas generales de la política exterior japonesa?

    No considero que haya cambios sustanciales; esto por varias razones. Si bien la política exterior es una cuestión formulada por los gobiernos estatales, un condicionante fundamental de tal formulación son la dinámica internacional y los compromisos que tenga el Estado, en este caso Japón, con sus aliados y contendores. Otro factor a considerar es que la política exterior de las grandes potencias es resultado de un juego de poder entre actores domésticos y no sólo la propuesta de un actor específico.

    En el caso de Abe es necesario tener en cuenta que ha tenido protagonismo en asuntos internacionales por su participación en la liberación de rehenes japoneses secuestrados hace algunas décadas en Corea del Norte y es hijo del antiguo canciller Shintaro Abe.

    En lo que puede haber algún giro, aunque no radical, es el rol de Japón como potencia en la región de Asia-Pacífico, sobre todo por su conocimiento de la situación coreana.

    Shinzo Abe dijo que quiere mejorar sus relaciones con China y Corea del Sur.

    Con Seúl hay muchas coincidencias, incluso se puede hablar de un triángulo Tokio-Seúl-Washington, que a la Casa Blanca y al Departamento de Estado le interesa conservar en términos armoniosos. Así que las relaciones nipo-coreanas pueden elevar el nivel que han tenido en los últimos años. En el caso de los vínculos sino-japoneses, los distanciamientos han sido más por la actitud de Junichiro Koizumi (ex primer ministro, quien visitaba el templo de Yasukuni, donde están enterrados algunos criminales de guerra japoneses de la Segunda Guerra Mundial) que de las relaciones entre Estados. A ninguno el conviene en este momento un enfrentamiento directo. En mi opinión, en los últimos años ha habido más retórica que asuntos de verdadera tensión.

    Por supuesto no se puede olvidar que tanto con Corea del Sur como con China, Japón mantiene diferendos territoriales. Estos pequeños detalles son relevantes, sobre todo en momentos de tensiones .

    Japón aspira a un rol internacional más importante que corresponda a su estatus económico. Uno de sus objetivos es ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

    La ampliación del número de miembros permanentes del Consejo de Seguridad pasa por la aprobación de los actuales miembros con derecho a veto. Hasta el momento Estados Unidos y China no están totalmente convencidos de que se justifique una ampliación para incluir a dos países desarrollados con los cuales han mantenido algunas diferencias en el pasado. Desde la perspectiva de Pekín, tal ampliación significa agregar más votos a la alianza en torno a Washington y eso no les conviene a los chinos.

    Por lo tanto, en la actual coyuntura no veo viable la incorporación de Japón al Consejo de Seguridad como miembro permanente. Esto no quiere decir que Tokio no continúe sus esfuerzos para lograr un mayor protagonismo a escala mundial.

    Otro gran propósito de Abe —uno que Koizumi no logró— es reformar la Constitución pacifista que fue impuesta por los EE.UU. en 1947. Se propone permitir la creación de un verdadero ejército, en vez de las hasta ahora existentes Fuerzas de Autodefensa.

    El tema de la reforma constitucional es complejo, pues son muchos los intereses en juego a favor. Sin embargo, el tema puede tener más repercusiones fuera de Japón. Actualmente Japón es uno de los países con mayor presupuesto de defensa, y hay un proceso acelerado de modernización de las tropas y del armamento; es decir, en la práctica lo que hay es una institución militar consolidada y no unas Fuerzas de Autodefensa como enuncia la Constitución. Prueba de ello es la participación de japoneses en los contingentes de paz de la ONU.

    Por lo tanto, la reforma constitucional es un asunto más de Estado que de gobierno; de ahí que no hay que verlo sólo como un objetivo del Primer Ministro, sino de Japón como un todo, incluida la Casa Imperial.

    Ahora bien, el asunto de seguridad y defensa en Asia y particularmente en el Sudeste Asiático pasa por Washington. Por eso la pregunta que se debe plantear es si a Washington le conviene esa reforma.

    Esto depende del balance de poder en la región y de la ruta que adopte Pyonyang. Es decir, si Corea del Norte insiste en consolidar su poderío de misiles y fortalecer sus tropas, la definición de reglas precisas para el ejército japonés conducirá necesariamente a la reforma constitucional.

    El eje de relaciones sino-japonesas es más complejo y frágil en materia de desarrollo de los ejércitos. Por supuesto un incremento en las tensiones entre Tokio y Pekín será un factor que alentaría la reforma constitucional.

    En cuanto a una carrera armamentista, si se utiliza el factor presupuesto de defensa como el instrumento para determinar si hay o no carrera, entonces se puede decir que tal carrera armamentista ya comenzó, no solo en Asia-Pacífico, sino en el mundo en general. Los gastos en armas han alcanzado en los últimos años niveles propios de períodos de confrontación de la Guerra Fría.

    Finalmente, en esta cuestión del ejército japonés hay elementos históricos que generan un escenario particular. Muchos consideran que la reforma constitucional sería abrir la puerta para regresar al período de los soldados del “Sol Naciente”; sin embargo, el Japón de hoy es muy diferente del de un siglo atrás. En lo personal considero que Tokio tiene una vocación pacifista y una visión del mundo muy distinta a la que imperó en la primera mitad del siglo XX. Así que en resumen, la reforma constitucional para crear un ejército japonés no significaría un cambio radical en el balance de poder regional y mundial.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí