- En la Finca Ecológica San Carlos se ven tanto imágenes católicas como indígenas, sin faltar las que traen a la memoria el heroísmo de nuestros ancestros
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Ver Infografia > Pensar en un paraíso de fresca temperatura y bosques compuestos por una espesa flora con árboles ancianos y animales silvestres, sería trasladarse tal vez al norte del país. Sin embargo, este lugar lo encontramos en el departamento de León.
La Finca Ecológica San Carlos es un lugar que parece un convento por su silencio y las imágenes ubicadas en algunos puntos del bosque. Pero que al entrar, el concepto se transforma y se convierte en un espacio de transmisión cultural, natural, histórico y turístico.
Al llegar al portón principal, donde se sigue un camino marcado en el césped, una iguanita verde que descansa sobre una piedra nos recibe muy coqueta con la mirada inquieta por la lente de la cámara fotográfica. Al acercarnos, se aleja cuidadosamente como quien no teme por la presencia humana.
Luego, detrás de uno de los bosques que esconden la casa y el resto de la propiedad, empezamos a caminar sobre el césped húmedo y se enloda el ruedo de las mangas del pantalón. En el porche de la casa de estilo campestre, la cual será un hotel, está don Federico Espinosa, el administrador de la finca que por más de 50 años ha llevado el nombre de San Carlos.
“Esta finca la fundaron mis padres Carlos Espinosa y Rosa María Altamirano, en la década de los cincuenta, lleva el nombre de San Carlos porque en la familia este nombre ha sobresalido”, comenta don Tito, llamado cariñosamente así por todos los hombres que trabajan con él manteniendo la limpieza del local.
UN RINCÓN ROMÁNTICO
El tour inició en una pequeña capilla donde se respira la humedad que se filtra por los ladrillos de barro. “Mi idea en esta finca es hacer un museo viviente, es una idea romántica relacionada con un estilo colonial”, afirma don Tito.
Luego salimos a conocer uno de los bosques donde encontramos árboles de maderas preciosas, lo cual es un atractivo para los depredadores humanos. A cada árbol lo identifica un letrero de madera con su nombre común y mientras leemos, don Leonel, el mandador de la finca, nos alerta que durante la caminata encontraremos una que otra culebra o avispas, pero que si las ignoramos, ellas lo harán también.
Mientras seguimos caminando, don Tito lleva el dedo índice de la mano izquierda a sus labios en señal de que debemos hacer silencio, ya que estábamos entrando a una de las zonas más boscosas de la finca, donde el sol apenas se filtra. Después de algunos minutos de caminata nos topamos con ídolos que don Tito ha colocado en el camino, ya que una de sus misiones es educar al turista sobre la historia de Nicaragua.
A CABALLO Y EN CANOA
El segundo tour lo realizamos a caballo, salimos de la zona boscosa y “Arqueña”, la yegua que me llevó durante el resto de la mañana, estaba lista esperándonos junto a “Lucero” y “Mareña”, las otras dos yeguas que montaron mis compañeros de equipo.
En este segundo tour conocimos el río Jarro, el cual nace dentro de la propiedad y donde también se puede dar un paseo en canoa.
“Todas las personas que han venido siempre andan en canoa, y déjenme decirles que más de alguna cae al agua”, recuerda don Tito con una carcajada burlesca.
Terminado el paseo a caballo por toda la finca donde se encuentran más de cien especies de árboles nativos y un número superior a los 40 mil árboles en general, almorzamos un suculento pescado frito, acompañado de ensalada de lechuga, pan de ajo, queso, entre otros ingredientes que consumimos en un comedor de concreto a la orilla del río Jarro.
Después del almuerzo y el descanso, don Tito, al igual que a todos sus visitantes, nos retó a dar una vuelta en canoa por el río. Para nuestra suerte, el paseo fue tranquilo y no nos tocó darnos un baño en las aguas cristalinas que esconden en sus entrañas enormes camarones y peces.
Sin duda, un día en la Finca Ecológica San Carlos es puro relajamiento. Caminar, montar a caballo, navegar en canoas y descansar en hamacas a la hora del ocaso tomando agua de coco, es un día para quienes necesitan desconectarse de la realidad.