Analizar la situación que atraviesa actualmente el sector lácteo nicaragüense resulta un ejercicio complicado. Una de las principales características de este mercado es su falta de transparencia y regulación.
Las transacciones comerciales entre la industria láctea y los productores carecen de regulaciones, éstas se producen habitualmente sin acuerdos o mediante imposición. El precio real del litro de leche es imposible de establecer, lo cual es aprovechado por las acopiadoras que establecen el suyo.
Este tradicional problema se ve agravado por las especiales circunstancias que vive el mercado lácteo, el de la sobreoferta en cierta época del año y las nuevas exigencias del mercado regional en cuanto a calidad.
El aumento de la oferta, tanto propia como exterior, junto a la caída del consumo han provocado el hundimiento del precio de la leche y se ha tenido que desviar a leche en polvo una parte de la producción.
Algunas industrias lácteas han vuelto a la práctica de envasar sus excedentes de leche, con lo que han dado facilidades a las cadenas de la distribución para que inicien una nueva espiral de ofertas de leche a bajos precios con el fin de atraer clientes a sus establecimientos. Por otra parte la disminución del precio de la leche al consumidor no supone un incremento de su consumo (los nicas no nos caracterizamos por consumir mucha leche en nuestras comidas).
Lo que estas actuaciones provocan es que los problemas de excedentes de leche se trasladen de una empresa a otra, que cada vez tiene que comercializarse a precios más bajos y se acaben produciendo grandes pérdidas en todo el sector.
Ante esta situación es necesaria una llamada a la coherencia, al entendimiento y a la responsabilidad. Los productores lácteos en Nicaragua cada vez tienen mayores exigencias medio ambientales, de seguridad alimentaria y de bienestar animal con sus consiguientes costos para permanecer en el sector; los productores tienen una elevada edad media y en muchos casos no tienen sucesión en la finca, o en el caso de tenerla no están dispuestos a continuar con una actividad tan exigente y con una retribución tan incierta.
El cooperativismo y las asociaciones de productores permiten una infraestructura de asesoramiento técnico, de aprovisionamiento y de utilización de maquinaria y servicios, de gestión económica y de comercialización, imprescindibles para el mantenimiento de las unidades productivas.
Pues bien, recurrimos con frecuencia a echar la culpa de lo que ocurre en nuestro mercado a los mercados externos: la leche en polvo o envasada de nuestros vecinos. Estos lamentos resultan estériles sino se es capaz de regular el propio mercado. Sobre lo que hacen nuestros vecinos mas valdría tomar nota de cómo regulan su sector: cómo son capaces de alcanzar precios mensuales recomendados al productor o penalizaciones por calidad; son capaces de estacionalizar su producción adaptándola a su consumo.
Por último, el ente regulador del sector tiene una serie de responsabilidades que asumir en algunas cuestiones con cuyo cumplimiento el sector en su conjunto debe comprometerse antes de caer en el recurso de echar la culpa de los problemas al gobierno.
El cumplimiento de la normativa de calidad de la leche, tanto cruda como envasada, aun siendo uno de los aspectos en los que más se está avanzando presenta todavía algunas lagunas importantes y una notable falta de coordinación entre las asociaciones, cooperativas, universidades y ministerios implicados.
La tarea es grande y sobre todo con nuestras implicaciones de cómo el sector lácteo siga generando beneficios a nuestra economía, la que representará en un futuro el que Nicaragua sea el máximo productor lácteo en la región, con estándares de calidad en sus productos.
Profesor universitario UNAN-León