- Denis Martínez escribió la mejor historia de un nica en las Grandes Ligas y es el patrón por el cual se mide al resto de pinoleros que son promovidos a través del tiempo al mejor beisbol del mundo
Ahí tenemos a Devorn Hansack en la cima del Everest. ¡Qué bellos debe ver los amaneceres ahora el pitcher que nació en Laguna de Perlas! El futuro brilla y le hace señas. Él crispa sus puños, mira al cielo y piensa catapultarse hacia las estrellas.
Después de haber andado por las Ligas Menores atravesando por expectativas crecientes, Hansack ha visto la luz del día aterrizando en la Gran Carpa con uno de los uniformes más deseados del beisbol, por representar un toque de distinción, el de los Medias Rojas de Boston.
Es apenas el noveno pinolero y séptimo lanzador. Así que, siendo tan pequeños y poco productivos, no sabemos si algún día podremos armar un equipo de Todos Estrellas.
Tuvimos que esperar una montaña de años para poder ver el primer nicaragüense en las Mayores, un imprevisible Denis Martínez que salió apresuradamente del terruño con una apretada mochila de pretensiones, como complemento del derecho de Telica, Antonio Chévez, el mayor interés de los Orioles en ese momento.
El 14 de septiembre de 1976, hace 30 años, Martínez, quien logró establecerse como fuerte posibilidad rápidamente, estiró al máximo los resortes emotivos de este país y agrandó nuestras ilusiones, convirtiéndose en big leaguer. Fue algo realmente impactante. Como si hubiéramos puesto un nica en la luna.
La ansiedad es incontrolable. ¿Qué ofrecerá Hansack tomando el gran reto? Es inevitable girar alrededor de esa especulación.
EL MEJOR HASTA HOY
Cuando Denis fue llamado de Triple A en 1976, llegó a un staff que tenía dos ganadores de 20 juegos como Jim Palmer y Wayne Garland, más Rudy May, Ken Holtzman, Miguel Cuéllar y Ross Grimsley. Agreguen dos prospectos del calibre de Mike Flanagan que llegó a ganar un Cy Young y Scott McGregor, sacado de los Yanquis. Es decir, Denis se encontró en un campo minado, pero supo proyectarse, y en 1977, ganó 14 juegos combinando su actuación viniendo desde el bullpen y abriendo juegos. Como puede observarse, llegó para establecerse.
Con sus 245 victorias, saltó sobre Juan Marichal imponiendo marca para un tirador latino. Obtuvo lideratos en efectividad, entradas lanzadas, juegos completos y es el único latino en trabajar un Juego Perfecto.
VELOZ PROYECCION
Lo de Vicente Padilla en 1999 fue asombroso. Cuatro meses después de haber salido de Nicaragua, ya estaba en las Grandes Ligas con los Diamondbacks de Arizona. Atravesó velozmente por Clase A y Triple A, y cuando lo subieron, el manager Buck Sholwalter no tenía una idea clara sobre lo que podría ofrecer.
Esta precipitación forzada por las circunstancias, lo colocó frente a grandes retos, y fue así como, muy verde todavía, muy nervioso y sin los recursos requeridos, fracasó en su debut contra los Rojos en un intento de rescate.
En el 2000, precisamente cuando estaba evolucionando, se vio involucrado en un cambio múltiple. Los Diamondbacks se lanzaron en busca del “as de espadas” de los Filis, Curt Schilling, y para obtenerlo, entregaron a Padilla junto con Travis Lee, a quien habían firmado por 10 millones, agregando a Nelson Figueroa y Omar Daal.
Terminó el 2000 con los Filis y en el 2001 estuvo arriba y abajo mientras continuaba su proceso de construcción. La posibilidad de ingresar a una rotación debilitada, tomó forma con su actuación en México y la firmeza que se le vio en el Spring Training. Mientras Randy Wolf se lesionaba, Robert Person flaqueaba, Terry Adams se ambientaba y David Coggin era bateado, Padilla se asentaba y Bowa no tuvo escape. Antes de cantarse el play ball del 2002, el nica fue instalado como abridor número 2 del equipo.
DE PRONTO, BIG LEAGUER
Albert Williams fue un caso de inesperado resurgimiento. Firmado por Calvin Byron para los Piratas en 1974, se desvaneció bajo observación y en 1976, fue dejado libre. Estuvo moviéndose casi sigilosamente en Ligas Independientes de verano, hasta que firmó con los Banqueros de Panamá, de la llamada Liga Interamericana en 1979, y luego de estar en el beisbol de Venezuela, le interesó a los Mellizos de Minnesota.
El 7 de mayo de 1980, sin percatarnos, debutó contra los Orioles y fue hasta días después que nos enteramos por The Sporting News. ¡Qué lejos estaba el Internet y la información precisa, inmediata y ampliada en esos tiempos!
Williams ganó 35 juegos y perdió 38 en cinco temporadas con Minnesota. Raramente pasó a los Yanquis luego de concluir su actuación en 1984, y fue enviado al Columbus, pero los problemas en su brazo derecho se agudizaron y no pudo regresar a la trinchera.
LLEGÓ TARDE, DURÓ POCO
Porfirio Altamirano resultó muy útil para el equipo Los Amigos de Miami de la Liga Interamericana en 1979, y fue firmado por los Filis de Filadelfia. Debutó como big leaguer en 1982 a los 30 años, y todas sus 65 actuaciones a lo largo de tres temporadas, la última con los Cachorros de Chicago, fueron como relevista.
Afectado por horas extras de trabajo en el beisbol venezolano, brillando con las Águilas de Zulia, hasta establecer récord de rescates, su brazo se deterioró y flaqueó al mismo tiempo que el de Williams, quedando fuera de combate para la temporada de 1985.
Mereció caminar más largo.
CASI NO LO VEMOS
La presencia más fugaz fue la de Antonio Chévez. Impresionó en las Ligas Menores con la organización de Baltimore, y también en el beisbol del Caribe, tanto en Puerto Rico como en Venezuela, pero se quedó corto al meterse a las brasas.
Su carrera en las Mayores se reduce a cuatro relevos en 1977, el último de ellos en un partido contra los Medias Rojas que abrió Denis Martínez, bateado tan fuertemente ese día como el relevista Scott McGregor.
Chévez aprovechó una lesión del zurdo Fred Hollsworth para meter sus narices en el mejor beisbol del mundo. Diógenes diría que estaba escrito que no llegaría a establecerse.
SE QUEDÓCORTO
Ningún nica ha provocado más expectativas que David Green, firmado por los Cerveceros de Milwaukee en 1978. Lo llegaron a considerar el nuevo Roberto Clemente, pero no logró sacarle el máximo provecho a su supuesto exuberante potencial. En septiembre de 1981, presentando credenciales con los Cardenales de San Luis, Green se vio reducido a 5 hits en 34 turnos, registrando un oscurecido promedio de 147 puntos en 21 juegos.
Más adelante, le hizo falta disciplina y perseverancia.
Su mejor año fue sin duda 1983 con 284 puntos, 34 robos y 69 empujadas en 422 turnos. En San Luis consideraron eso una señal inequívoca de la proyección que conseguiría, y en 1984, sus 15 jonrones respaldaron consideraciones sobre su poder. Sin embargo, en febrero de 1985, los Cardenales lo enviaron a los Gigantes en un cambio muy sonado, por Jack Clark.
En 1981, jugando para los Yanquis de Obregón, fue Campeón de Bateo de la Liga Mexicana del Pacífico con 321 puntos, superando a Héctor Espino. Green trató de funcionar con los Leones de Ponce en Puerto Rico y quedó en deuda, pero con el uniforme del Licey dominicano, integró el All Star de la Serie del Caribe en 1985. Puede decirse que tenía las herramientas, pero no supo manejarlas.
ALARDE DE ESFUERZO
Sorprendente fue lo de Marvin Benard. Los Gigantes de San Francisco lo consiguieron en la ronda 50 del draft de 1992. ¿Quién llama la atención saliendo de la cola de la fila, cuando ya se han apagado los reflectores?
Benard, un zurdo que nació en Mina Rosita el 20 de enero de 1970, colocó sobre el tapete toda su voluntad y multiplicó sus facultades convirtiéndose en un lead off tan estimable, que más adelante firmó por tres años y 11.1 millones de dólares, una extensión de contrato.
Su primer hit fue contra Mark Pekovsek de los Cardenales en septiembre de 1995, logrando un porcentaje de 382 puntos en 34 veces al bate. En 1998 registró 322 de average en 121 juegos, y en el 99 conectó 16 jonrones y empujó 64 carreras.
En temporadas consecutivas, 1999 y 2000, anotó 100 y 102 carreras, y su mayor total de hits fue de 163.
A simple vista, no parecía tener la estatura de big leaguer, pero se impuso, y llegó a patrullar el jardín central colocando a un lado cuestionamientos sobre su escopeta. Fue un ejemplo de lo que puede conseguirse recorriendo esa milla extra de esfuerzo que recomienda el Dr. Mandino.
OTRO CORTO PLAZO
En 1995, en Edmonton, cuando la violenta línea del cubano Alberto Hernández impactó en la frente a Oswaldo Mairena, me alegré de verlo sobrevivir. Aquello fue escalofriante.
No podía sospechar que en septiembre del 2000, sería el octavo nicaragüense en las Grandes Ligas, con los Cachorros de Chicago. Una llamativa recuperación, le abrió espacio para avanzar a las Mayores.
Aparentemente frágil, Mairena se apoyó en una fe mueve montañas, para buscar casi con desesperación una oportunidad, hasta que la obtuvo. Sólo trabajó dos innings en dos apariciones en el 2000, y luego retrocedió. Los Marlins confiaron en que podía ofrecer utilidad y lo contrataron en 2002, entrando en acción en 31 relevos.
Su balance en las mayores fue de 2 y 3 sin salvamentos con 6.06 en carreras limpias. Sólo una ligera referencia.
AHORA HANSACK
Ahora, el nuevo nica en pantalla es Devorn Hansack. ¿Qué significado tienen en el beisbol las predicciones? A un lado de esa discusión, nuestras expectativas, como siempre, son mayúsculas.
Ahí lo tenemos, en la cima del Everest. ¡Qué bellos debe ver los amaneceres ahora el pitcher que nació en Laguna de Perlas. El futuro brilla y le hace señas. Él crispa sus puños, mira al cielo y piensa catapultarse hacia las estrellas.
¡Ojalá lo logre!
Necesitamos eso urgentemente.