Sobre Porfirio Altamirano se han escrito muchas historias, pero ninguna ha sido para criticar su personalidad, al contrario, se le ha considerado un paradigma de la sencillez y humildad.
“Uno no tiene por qué cambiar. Yo por lo menos nunca he dejado de ser sencillo. Ahora se me conoce menos porque los tiempos han cambiado, pero sé que la gente me quiere y me lo ha demostrado”, señala “El Guajiro”.
Después de su arribo a las Grandes Ligas, el aterrizaje de Porfirio en Nicaragua fue un escándalo. Todos querían un pedazo de él.
“Casi me vuelvo loco y con las maletas era un desastre porque todos querían saludarme, pero nada de eso me hizo cambiar”, señala Altamirano, sentado ahora en la terraza de su hermosa residencia en Estelí.
En las Ligas Mayores, Porfirio logró tener relaciones muy próximas con jugadores chispeantes como Pete Rose y otros más serios como Mike Schmidt o Steve Calrton.
“Un jugador con el que yo bromeaba bastante era Gary Matthews (padre), quien por cierto se tomaba una cerveza después de cada inning. Todos me trataban muy bien, lo mismo que el manager Pat Corrales”, señala.
Altamirano vive en Estelí con su esposa Petrona Rodríguez y su hija menor Amy, de 10 años, mientras que los dos mayores: Amanda Jessenia (28) y Alex Porfirio (27) radican en Estados Unidos, donde tienen una empresa.
Altamirano es también un ejemplo de superación y no sólo en el terreno de juego. Cuando llegó a Primera División no sabía leer, pero con la ayuda de su esposa y de compañeros como Calixto Vargas, logró progresos notables y hasta llegó a dominar el inglés.
“A Calixto le tengo mucho agradecimiento porque incluso me corregía mi forma de expresarme cuando no lo hacía de manera correcta. Uno tiene que ser humilde y reconocer sus limitaciones para aprender”, reflexiona.
Lo que sí aclara Porfirio y lo considera como una burla, es la historia sobre el supuesto regalo que le harían y que le dieron a escoger: o una moto o un caballo.
“Ese es un cuento que Oscar Lanzas echó a rodar, pero es falso. Yo no tengo pena en aceptar mis errores, pero eso lo hicieron como en tono de burla y no me molesta, pero no es verdad. Cuando Lanzas me dijo que escogiera, yo le dije que quería la moto, pero empezó a decirme, ‘no, lo que te conviene es el caballo’ y todo era un juego”, explica Porfirio.
Pero eso es secundario en comparación con los logros que obtuvo con una carrera singular, pues además de ser un excelente lanzador, fue también un bateador peligroso y alcanzó registros que han de asegurarle su perdurabilidad en el tiempo, pero sobre todo, Altamirano está muy dentro en el sentimiento popular.