- Teatro Negro de Praga fascinó
Especial para LA PRENSA
La oscuridad siempre ha sido uno de los temores constantes de los niños y una fobia recurrente de muchos adultos. No obstante, ahora gracias a la magia del Teatro Negro de Praga, se convierte en una experiencia lúdica sin par.
De la más absoluta penumbra surgieron, como por encanto, diversos personajes, animales y enseres que impregnaron de asombro la sala mayor del Teatro Nacional Rubén Darío, la noche del viernes. Allí pudimos contemplar desde un pato o un violín animado hasta un taxi, un caballo o una calle sembrada de faroles. En todos ellos se resume encanto y poesía.
La trama de los sketches, en apariencia sencilla, encierra enormes dosis de suspicacia, irreverencia, humor y nos deja lecciones que aprender sobre nuestra vida cotidiana y sobre las relaciones de los hombres con sus semejantes y con el mundo que los rodea.
El espectáculo constó de nueve actos, algunos de ellos muy breves, pero todos por igual, alegres e irónicos. Destacan el sketch de Las Maletas, por su sarcástico dramatismo, que enjuicia de manera directa el insaciable consumismo de nuestra moderna cultura.
Por su parte, El Violinista fue pródigo en hilarante imaginación. El cierre de la obra fue la escena de El Caballo. Con ella se alcanzó el momento cúspide de la noche, cuando en la complicidad de las sombras, asistimos a un cómico intercambio entre el caballo y su jinete y el rescate de la doncella, raptada por dos caricaturescos forajidos.
Los personajes, tanto humanos como animados, han sido soberbiamente construidos. Así, el dueño de la pequeña maleta, que cree poseer el universo, exhibe una dulce y contagiante felicidad, pero pronto es vencido por la codicia y por el afán de competir con sus semejantes por bienes materiales, perdiendo poco a poco su inocente encanto, terminando crispado y absorbido por la vorágine de la insatisfacción. Por su parte, el rebelde violín, que le juega malas pasadas al atónito intérprete, destaca por su picardía, artilugios y desenfreno, que produjeron más de una carcajada en el público.
El espectáculo que nos trajo El Teatro Negro de Praga, logró con su estructurado trabajo y el uso de la penumbra, iluminar, con tímidas sonrisas o sonoras carcajadas, el rostro de los asistentes y eso es una prueba de su éxito.
Compartimos la preocupación de las autoridades del TNRD con relación a obedecer las reglas de comportamiento adecuadas, pero esta vez se excedieron y en vez de enviar un mensaje positivo, sorprendieron al público con una solemne regañada.