- La chilena ENAP demuestra que es posible ser una petrolera en un país sin petróleo. Ahora busca rentabilizar el negocio
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Santiago
El pasado 23 de agosto el CEO de ENAP, Enrique Dávila, estaba feliz. La petrolera estatal chilena acababa de descubrir por quinta vez un yacimiento de petróleo nada menos que en Egipto, donde la compañía ya ha realizado ocho perforaciones y cinco hallazgos desde 2004. El pozo ya está produciendo 570 barriles diarios de crudo.
Una clara muestra de que las incursiones de la empresa en el exterior están dando resultados. La firma también extrae petróleo de Irán, Yemen, Ecuador y Argentina. “Nuestro plan estratégico plantea la meta de transformarnos en una petrolera regional y, por qué no, mundial”, dice pausadamente Dávila.
Los resultados conseguidos hasta ahora permiten al ejecutivo encumbrar esos sueños, los que continúan con una expansión en Sudamérica. Gracias a un acuerdo con Petroecuador, la estatal ecuatoriana, y a un desembolso de US$80 millones en cuatro años desde 2003, la compañía produce hoy 22,000 barriles de crudo diarios en Ecuador. En agosto, ambas acordaron nuevas inversiones por US$35 millones, para producir 25 millones de barriles adicionales hasta 2019. Además, negocian contratos para que Ecuador venda crudo directamente a Chile y ENAP le venda refinados. No es lo único. Ahora estudia una inversión similar de US$300 millones en Venezuela para la exploración y producción de gas y petróleo. ¿El fin? “Disminuir la volatilidad y asegurarse crudo en un mercado riesgoso”, dice Michele Labbé, economista jefe de la consultora Econsult, en Santiago.
La firma ha estado obligada a hacerlo. La demanda por energía en Chile crece a tasas del orden del 10 por ciento anual, en un país que, a diferencia de muchos de sus vecinos, carece de reservas de hidrocarburos, por lo que emprender actividades de exploración y extracción de petróleo —upstream, como se les denomina en la industria— en otros países ha sido un imperativo. Por ello crearon Sipetrol, la filial dedicada a esta área fuera y dentro de Chile.
Pero la empresa quiere rentabilizar esas inversiones. “Este año, el 76 por ciento de los proyectos de Sipetrol han sido de desarrollo, no de exploración”, dice Carlos Diez, analista de Fitch Ratings, en Santiago. En esto seguramente influyó la experiencia colombiana, donde ENAP debió vender sus activos tras una fracasada operación que le implicó pérdidas de US$ 16 millones. “Estamos expectantes en saber cómo desarrollan los descubrimientos y cómo se financian”, dice Pablo Lutereau, analista de Standar & Poor's en Buenos Aires. ENAP prefiere quedarse con que Sipetrol ganó US$40 millones en 2005. “En algunos países nos ha ido muy bien y de otros hemos debido salir”, reconoce el CEO. “Pero el resultado final es positivo”.
Pero si las exploraciones internacionales se cortan, ahora la compañía está buscando reservas de hidrocarburos en el sur de Chile. “Casi todas las inversiones de exploración se realizan para asegurar y aumentar las reservas de gas natural en el sur de Chile”, dice Diez. Destina US$31 millones a esta área y su idea es elevar el monto a unos US$50 millones en el 2007.
Para sostener estos planes, ENAP cuenta con una vaca lechera de proporciones: la refinación. El 90 por ciento del combustible consumido en Chile es refinado por ella, un negocio que le aporta el 65 por ciento de su utilidad y el 60 por ciento de su Ebitda. En el primer semestre de este año los márgenes extraordinariamente altos de esta industria le permitieron reírse de las alzas del crudo y ganar US$188 millones, 87.8 por ciento más que en igual período de 2005. “La integración es una de nuestras definiciones”, dice Dávila. “El riesgo de la exploración se compensa con la rentabilidad de la refinación”.
Su alta participación y buenos márgenes han llevado a algunos a sospechar de lo realmente competitiva que es la empresa. La Fiscalía Antimonopolios chilena ha investigado a ENAP y a las principales distribuidoras (Copec, Esso y Shell) para dilucidar si hay prácticas poco competitivas, pero su conclusión es que no hay monopolio porque al mercado puede entrar quien quiera. Lo que pasa es que a nadie le conviene. “No hay escala como para que alguien ponga una refinería”, dice Lutereau, de Standar & Poor's. Además, la distribución se hace a través de un oleoducto perteneciente a la estatal y sus tres principales clientes, lo que dificulta la logística de un nuevo actor. El único que lo ha conseguido es Repsol YPF, que importa prácticamente el total de la gasolina que vende en Chile en camiones que vienen desde Argentina.
Por otro lado, ENAP ha recibido un empujoncito de la autoridad ambiental chilena, que desde 1995 exige altos estándares de calidad a las gasolinas. La compañía cumple desde hace tiempo con eso, pero no los otros proveedores de la región. Y las refinerías que sí lo hacen están demasiado lejos como para que el flete no influya demasiado en el precio.