Militares y policías hondureños arrestan a un hombre sospechoso de ser pandillero, en Tegucigalpa. (la prensa/afp/elmer martínez)

C.A.: el Ejército vuelve a las calles

Policía desbordada por el embate de la delincuencia [doap_box title=»¿Un pretexto?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala en su segundo Informe sobre Desarrollo Humano en la región que con la salida del Ejército, se trata de “nuevas” justificaciones para legitimar la violencia del Estado. “En esta materia es cada […]

  • Policía desbordada por el embate de la delincuencia
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El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala en su segundo Informe sobre Desarrollo Humano en la región que con la salida del Ejército, se trata de “nuevas” justificaciones para legitimar la violencia del Estado.

“En esta materia es cada vez más visible la pérdida de interés geoestratégico de Centroamérica y el reacomodo de las fuerzas armadas de la región para atender asuntos que, asumidos como propios, en realidad forman parte de la agenda de problemas domésticos de Estados Unidos”.

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SAN JOSÉ/AFP

Ante la ola de inseguridad que sacude a Honduras, Guatemala y El Salvador, los soldados han vuelto a patrullar las calles para ayudar a una desbordada Policía, haciendo resurgir fantasmas de un pasado reciente en una región maltratada por guerras y escuadrones de la muerte.

Es cierto que las opiniones sobre la presencia de los uniformados difiere, dependiendo del interlocutor. La población, en particular la más pobre, harta de la inseguridad, los acepta de buen grado, pero los defensores de los derechos humanos y algunos círculos políticos e intelectuales ven en su presencia la encarnación del fracaso de una política de “mano dura” y “súper mano dura” aplicada por los gobiernos de la región para controlar a las pandillas juveniles o “maras”, que agrupan a al menos 240,000 jóvenes en esos países.

“Se interpreta como un descontrol y la incapacidad del gobierno” y contraviene los acuerdos de paz firmados entre gobiernos y guerrillas, dijo Jeannette Aguilar, directora del Instituto de Opinión de la Universidad Centroamericana de El Salvador, a la AFP.

Que la opinión pública lo acepte de buen grado tiene que ver con “la cultura de militarismo de la cual venimos”, opina esta experta, que alerta del peligro de que la “grave crisis política y social pueda desembocar en un conflicto civil armado”.

Según el Latinobarómetro, más de 60 por ciento de la población latinoamericana vería con buenos ojos la vuelta de las dictaduras si eso mejorara su situación.

La inseguridad ha llegado a tal punto que hasta los encuentros de futbol se juegan a horas tempranas para evitar la caída de la noche, que deja desiertas las calles de las grandes urbes centroamericanas.

el interés de Washington

Pero la salida de los militares de los cuarteles también responde a una política de Estados Unidos con su tradicional patio trasero, avisa Miguel Ángel Albizures, fundador de la Alianza Guatemalteca contra la Impunidad.

En los últimos meses, miembros de las cada vez más exiguas fuerzas armadas de los países centroamericanos se han reunido en numerosas ocasiones con representantes de Estados Unidos, con miras a establecer una alianza para combatir las actividades de las maras y pandillas en la región.

Con este objetivo se solicitó a Bantz J. Craddock, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, apoyo para crear una fuerza regional de élite para combatir el narcotráfico, el terrorismo, el tráfico de armas y personas y el crimen organizado, recuerda el informe La cara de la violencia urbana en América Central, publicado recientemente por la Fundación Arias para la Paz en Costa Rica.

A fines de junio se tomó la decisión, en Tegucigalpa, de crear una fuerza de seguridad conjunta. “La situación tiende a complicarse cuando se hacen las relaciones entre el fenómeno de la delincuencia juvenil —vía pandilla o mara— con el terrorismo internacional”, advierte un informe del PNUD.

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