- Ponchó a los tres primeros bateadores que enfrentó
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HACE 30 AÑOS EN EL MEMORIAL STADIUM DE BALTIMORE
Esa precisión de Andrés Castro acertando en la cabeza del filibustero, es la que mostró Denis Martínez en su fulgurante debut en las Grandes Ligas, aquel 14 de septiembre de 1976, hace 30 años.
Tres tigres, Mickey Stanley, Bill Freeham y Chuck Scrivener fueron ponchados por las desconcertantes combinaciones de lanzamientos de quien llegaría a ser un ganador de 245 juegos.
La vida es misterio, la luz ciega, la verdad inaccesible asombra, decía el poeta, que no fue testigo del consistente y rápido ascenso de Denis Martínez atravesando exitosamente por todas las etapas, antes de convertirse en el primer big leaguer pinolero, un viejo sueño desde la época del José Ángel “Chino” Meléndez y el zurdo Francisco Dávila, que se cubrió con canas, se pobló de una barba espesa, y hasta se vio cojeante, mientras el tiempo pasaba.
Martínez mostró su temple, recursos y talento con los Oriolitos de Miami en 1974, continuó su desarrollo con el Ashville en Doble A durante 1975, y terminó de impresionar en 1976, consiguiendo las tres coronas que certifican la grandeza en el pitcheo, trabajando en Triple A con el Rochester.
EL GRAN ATERRIZAJE
Los Orioles no esperaron más. Un recuerdo por siempre perdurable para este cronista fue su llamada telefónica a la redacción de LA PRENSA en los primeros días de septiembre, cuando se le abrió espacio en un staff encabezado por los ganadores de 20 juegos Jim Palmer y Wayne Garland, más el aporte de Rudy May y Ross Grimsley, mientras Miguel Cuéllar quemaba sus últimos cartuchos a los 39 años, y tanto Mike Flanagan como Scott McGregor, apenas comenzaban su crecimiento.
“Me llamaron de Baltimore. Salgo hoy mismo. Decile a Edgard por favor”, le comunicó el curvista granadino al compañero Hermógenes Balladares, al no encontrarme yo en la redacción. Treinta años después, debo confesar que no creía que Denis cumpliría el compromiso de llamarme, adquirido desde que se instaló en Triple A, allá en Rochester.
Pero lo hizo, y tuve tiempo de establecer contacto con él al regresar al periódico.
No existía el Internet, ni ESPN, y The Sporting News venía con los box scores atrasados una semana. Dependíamos de los teletipos, y del teléfono. Fue por eso que con LA PRENSA, circulando ya al momento de recibir la noticia, pudimos aguantarla para el siguiente día sin que ningún otro medio se percatara, algo imposible en estos tiempos.
¿En qué momento llamó Earl Weaver a Denis para entregarle la píldora y verlo lanzar por primera vez?
PAZ HERMANOS TIGRES
Ese 14 de septiembre, Ross Grimsley abrió por los Orioles frente a un line up de los Tigres que reunía a Rusty Staub, Alex Johnson, Bill Freeham, Willie Horton, Ben Oglivie y Mickey Stanley. El zurdo Grimsley de 26 años, explotó en el tercer inning y fue reemplazado por Dave Pagan, con los Tigres en ventaja 6-0. Los Orioles reaccionaron con cinco carreras en el cierre de ese episodio, pero Detroit agregó otra carrera en el cuarto y la pizarra se movió 7-5 al lado de los rugidores.
El hit impulsador de Johnson, con Staub y Horton circulando, derritió a Pagan, y el timonel Weaver, trajo del bullpen a Denis Martínez.
En un momento para recordar a José Dolores Estrada, Andrés Castro, Ignacio Jarquín, Liberato Cisne y resto de heroicos soldados que derrotaron a la tropa de William Walker en San Jacinto, Denis estaba bien lejos, inmortalizándose como el primer nica en la Gran Carpa.
Con un pitcheo enérgico, gritando casi ¡Paz hermanos Tigres! en cada lanzamiento, el nicaragüense trabajó cinco innings y dos tercios sin permitir carrera, cediendo una base con cuatro hits en contra y ponchando a cinco.
Con una ofensiva de cuatro carreras en el cierre del séptimo, iniciada con dobles consecutivos de Reggie Jackson y Lee May, los de Baltimore hicieron girar bruscamente la pizarra, y Denis se apuntó su primera victoria 9-7.
PRIMER JONRóN EN CONTRA
Dos días después salí hacia Nueva York y logré verlo en acción contra los Yanquis en un relevo de 6.2 entradas, permitiendo dos carreras, una de ellas por jonrón de Roy White, una parábola que cayó en las gradas del jardín izquierdo pese al perfil zurdo del bateador ambidextro que esa noche alineó como jardinero central.
Eso sí, ganaron los Orioles espectacularmente 11-8 un juego que perdían 0-7, consecuencia de los naufragios de Grimsley y Pagan en las dos primeras entradas, y Denis salió sin decisión.
Fue ese, el inicio de una historia salpicada de coraje, sudor y lágrimas, pero lo suficientemente convincente, incluyendo lideratos en victorias, recorridos completos, efectividad y un Juego Perfecto, para alcanzar la grandeza.
Con el permiso de Rubén, le vio la luz del día, le vio la tarde pálida, le vio la noche fría, y siempre el tronco de árbol a cuestas de Martínez a lo largo de 23 años.