La popularidad de Hugo Chávez se mantiene en Venezuela. Sondeos de opinión refieren que el gobernante venezolano cuenta con un respaldo del 55 por ciento de la intención de votos. (LAPRENSA/A.MORALES)

Chávez rumbo a la reelección

Con un chavismo fiel, que representa a la mitad del electorado, y con una oposición inconsistente y abstencionista, el presidente Hugo Chávez espera ser reelegido en Venezuela y alargar por seis años más su gobierno y su “revolución bolivariana”. Tendrá que sortear los flancos más débiles de su mandato: la corrupción y la inseguridad, Venezuela […]

  • Con un chavismo fiel, que representa a la mitad del electorado, y con una oposición inconsistente y abstencionista, el presidente Hugo Chávez espera ser reelegido en Venezuela y alargar por seis años más su gobierno y su “revolución bolivariana”. Tendrá que sortear los flancos más débiles de su mandato: la corrupción y la inseguridad, Venezuela es considerado uno de los países más violentos del continente
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“La oposición es más mediática que otra cosa, y ya ni siquiera eso”, dice una periodista de un periódico local. Una semana después de que Chávez se inscribiera con el respaldo de 25 partidos, registró su candidatura ante las autoridades del CNE, Manuel Rosales, que hasta el día antes era gobernador del estado de Zulia. Con menos bombos y platillos, también fue proclamado por un río de gente, que copó las vías del centro, como el candidato “unitario”, porque cuenta con el respaldo de 42 partidos, pero con una intención de votos del 27 por ciento, en sus primeros días de campaña.

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III y última entrega

“¡El comandante llega como a las cuatro!”, grita una anciana de camiseta roja, mientras se quita el sudor de la cara y baja por las escaleras eléctricas de la estación Capitolio del metro de Caracas, al rebaño de gente que con camisetas iguales a la suya —con dos manos blancas estampadas en el pecho—, sube por el mismo circuito, y en manada se enrumba a la Plaza Caracas, donde hoy hablará el presidente, Hugo Chávez, después que inscriba su candidatura ante el CNE (Consejo Nacional Electoral).

Es un sábado rojo y soleado en la capital venezolana. Los casi mil vendedores ambulantes, que habitualmente venden ropa barata, revistas viejas, películas y música piratas, desocuparon hoy la Plaza Caracas. Recogieron su mercadería y sus toldos y dieron paso al aluvión granate de chavistas, que desde temprano comenzaron a llenar este escenario, en el que caben unas 20,000 personas.

Esta plaza, coronada por un busto inmenso del libertador Simón Bolívar, y que se explaya a orillas del edificio del CNE, fue escogido por el comando de campaña de Chávez para proclamar su candidatura, para oficializar su carrera hacia la reelección.

Hugo Chávez alcanzó la Presidencia de Venezuela en 1998 con el 56 por ciento de los votos. En esa ocasión, el electorado apoyó al ex militar, golpista, el mismo que seis años atrás había intentado tumbar, por la vía de las armas, al Presidente de turno (Carlos Andrés Pérez, en su segundo mandato), pero que prometía acabar con el continuismo y la corrupción de los partidos tradicionales, COPEI y AD, los que por cuatro décadas se alternaron el poder y despilfarraron las ganancias del petróleo.

Ocho años más tarde, y con 52 años, Chávez, quien se inspira en el ideario de Bolívar, que invoca a Dios en sus discursos incendiarios y maratónicos, y que admira con devoción a la revolución cubana, volverá a presentarse a las urnas el 3 de diciembre. Luego de sobrevivir a un “golpe” fallido, en abril del 2002, que acabó con su restitución a los tres días, gracias a una fidelidad no calculada de oficiales menores del Ejército, pero también a la presión popular.

Esos días, Noris Rodríguez, de 56 años, no fue a la clínica privada donde trabaja como enfermera. Ella, sus dos hijos, y dos de sus hermanas se volcaron a las calles para exigir el retorno del presidente electo en democracia.

“Nosotros queríamos que nos lo devolvieran vivo, que volviera al poder. El día que él regresó, no lo voy a olvidar nunca. Yo tenía una hermana enferma de lupus, que ya estaba muy malita, pero no se despegaba de la radio, y cuando ella escuchó que él había vuelto, fue tanta su emoción que se nos murió. Imagínese es una historia triste pero muy bella la que guarda mi familia de esos días”.

Su desgarrador testimonio evidencia lo que para muchos venezolanos fueron esos días, en los que los medios en general no transmitieron nada. En ciudades como San Cristóbal, capital del Estado de Táchira, la gente no sabía lo que pasaba en Caracas. “Venevisión seguía pasando novelas, como si nada, sabíamos lo que estaba pasando por lo que contaban los amigos por teléfono”, recuerda Juan Carlos Ortega.

Chávez, también sobrevivió al paro petrolero de PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.) que bajo el nombre de “Paro cívico nacional”, montaron a fines de ese mismo año y comienzos del 2003, la clase empresarial y los partidos de la oposición.

“LA LISTA DE TASCÓN”

En el 2004, Chávez, se ratificó en el poder con el referendo revocatorio, donde seis de cada 10 venezolanos le dieron su espaldarazo. Los que no lo apoyaron fueron apuntados en lo que se conoce como “la lista de Tascón”, que no es más que una lista negra para sancionar a la gente que no lo apoyó. Juan Carlos Ortega, que estudia docencia, está seguro que su nombre figura en el nefasto inventario, igual que otros miles a los que el gobierno les ha hecho la cruz.

Ahora, el “comandante” —como lo llama el pueblo chavista— se mantiene como favorito para seguir calentando la silla presidencial, según las encuestas.

Datanalisis, una firma encuestadora que goza de mucha credibilidad en Caracas, reveló a principios de agosto que Chávez, quien en los últimos meses ha estado en giras constantes por el extranjero (dos veces en Cuba visitando a Fidel Castro), cuenta con un respaldo del 55 por ciento de la intención de votos.

A pesar, de su alto repunte, la consultora advirtió que el gobernante que, en las manifestaciones públicas y en sus recorridos por los pueblos, se acicala con una boina roja al mejor estilo revolucionario, había perdido cinco puntos de preferencia en menos de un mes.

Esta tarde, que la Plaza Caracas vive un ambiente de fiesta, Chávez, quien viste una guayabera roja y lleva su cabeza morena al descubierto, no repara en esos sondeos. Su estrado se alza por encima de un gentío rojo, que ha estado tomando cervezas Polar y ha estado bailando, sonriente una salsa que dice: “¡Se queda, se queda. El comandante se queda!” En las primeras horas de la mañana, fácil se calculaban las 20,000 personas que supuestamente le caben. Pero después de mediodía, cuando el comandante, al fin hizo su entrada triunfal con séquito incluido, entre los que se distinguía el Vicepresidente, José Vicente Rangel, y a Lina Ron, una reconocida dirigente popular del chavismo, la plaza había empezado a cambiar.

Después de cuatro y cinco horas de espera, el público chavista poco a poco había desertado. Gigantescas pancartas con la cara de Chávez y con el lema “10 millones de votos por el buche” y vendedores de souvenires revolucionarios (música de la trova cubana, llaveros con el rostro de Bolívar y gorras con la efigie del Ché Guevara, de quien también se vende su diario, como novedad literaria y documentales hechos por europeos afectos a Chávez), disimulaban bien los claros.

Por obra y gracia del cansancio muchos se habían ido como la anciana que bajaba por la estación del metro. Otros, se replegaron en los pasillos de los edificios estatales que se levantan al lado, y varios miles, los más disciplinados, se aguantaron el sol de plomo, y recibieron las palabras del presidente-candidato con la emoción de quien recibe un vaso de agua fresca en el desierto.

LA INFALTABLE CORRUPCIÓN

Tal vez consciente del habitual retraso, o quizás cansado por sus giras al exterior, el mandatario, hizo un discurso más bien corto, de hora y media, en comparación con sus largas arengas que suelen durar cuatro y hasta seis horas. Básicamente prometió que haría una campaña austera, que combatiría la corrupción y que llevaría al pueblo hacia la “revolución social”, que ya empezó a través de las misiones.

Sin embargo, en la Avenida Baralt, que está al pie de la plaza Caracas, se veían carros nuevos con placas y emblemas estatales.

Luis Vicente León, director de Datanalisis, advierte que uno de los flancos más vulnerables de Chávez es justamente la corrupción.

Noris Rodríguez, se vino directamente de la clínica privada donde trabaja, a sumarse a la concentración de este sábado soleado. Ella, igual que Isabel, una mujer de Anzoátegui, un municipio de los llanos que está a cinco horas de Caracas, cree que “Chávez no es corrupto. Él no, pero sí la gente que tiene en el gobierno, lo que tiene que hacer es cambiar a toda esa gente que no sirve”. Sin embargo, dos terceras partes de la población, según el sondeo, creen que “el comandante” no ha podido acabar con ese látigo.

INSEGURIDAD GALOPANTE

Peor aún, el 80 por ciento de la gente considera que el gobernante no ha podido con la inseguridad.

Durante el 2004 se registraron 16,167 asesinatos en Venezuela, lo que convierte a ese país petrolero en el más violento de América Latina, por encima de Bogotá, Colombia y sólo comparable con San Pablo, Brasil. Esa estadística es la bandera de Leopoldo López, alcalde de Chacao, un municipio limpio en el que viven familias de clase media y alta.

“Es cierto aquí no se puede andar tranquilo, y menos de noche. Hay ‘malandros’ por todas partes”, dice Noris Rodríguez, quien trata de llegar temprano a su casa para evitar los atracos.

En un informe que presentó a los medios locales a mediados de septiembre, López dijo que en Venezuela “existe una pena de muerte no institucionalizada”, ya que las muertes por resistencia a la autoridad, se triplicaron entre 1999 y 2005.

Apura, una zona remota de la frontera entre Venezuela y Colombia, ocupó espacio en los medios nacionales, luego que gente de la zona denunciara que soldados venezolanos perpetraron una masacre contra campesinos.

Marino Alvarado, director de Provea, una organización que defiende los derechos humanos, económicos y sociales, no duda en que Chávez se reelegirá, pero cree que de continuar con la misma política, el año entrante será un año de marchas y de protestas sociales y habrá que ver cómo responde el “comandante Chávez a su pueblo bolivariano que ya ha comenzado a salir a las calles a exigirle el cumplimiento de sus promesas. En el 2007 ese escenario se arreciará”.

Si hay algo que se palpa a vuelo de pájaro en Venezuela, es que “el comandante” está dejando entre los venezolanos, “es el despertar político” y la “participación social”. Y eso puede tener un efecto boomerang en su siguiente mandato.

Ese cambio lo reconoce, Teodoro Petkoff, el legendario líder político que hasta hace poco intentó ser rival de Chávez en las elecciones, en el prólogo del libro Hugo Chávez sin uniforme el “proceso” venezolano “es muy complejo. Chávez todavía mantiene un fuerte y sólido vínculo emocional y afectivo con la Venezuela más humilde”.

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