Tecnología, productividad y capacitación para el crecimiento económico

Cualquier economista en nuestro país, tanto de izquierda como de derecha para usar las etiquetas que ellos mismos se colocan, sabe que el principal factor que determina la magnitud del crecimiento económico de un país es la productividad del trabajo de sus ciudadanos. Y no solamente de aquellos que están en los sectores industriales y […]

Cualquier economista en nuestro país, tanto de izquierda como de derecha para usar las etiquetas que ellos mismos se colocan, sabe que el principal factor que determina la magnitud del crecimiento económico de un país es la productividad del trabajo de sus ciudadanos. Y no solamente de aquellos que están en los sectores industriales y agrícolas sino también de los que están en los sectores de servicios y aquellos que ejercen trabajos administrativos e intelectuales.

El factor que actúa como multiplicador de la productividad indudablemente es la tecnología que se utilice en el proceso productivo. Mientras mejor sea la tecnología, con mayor eficiencia podrá ejercer sus labores el trabajador. Por supuesto, para que el trabajador pueda aprovechar al máximo la tecnología debe de tener el nivel de capacitación adecuada. Es decir, debe de contar con el suficiente capital humano para poder sacar ventaja de la tecnología y así producir más. Dotar con tecnología a un trabajador sin capacitación sería un desperdicio de recursos pues no se verían resultados tangibles.

Puede notar el lector que existe una clara correlación entre estas tres variables. Para que exista el crecimiento económico sostenido debe incrementarse la productividad del trabajo, para hacer esto hay que dotar a los trabajadores de tecnología pero para asegurar que la tecnología sea bien empleada es necesario también capacitar al trabajador sobre el uso de esta tecnología. Así el triunvirato capacitación-tecnología-productividad no puede ir separado. No se puede mejorar una de estas variables sin mejorar a las otras dos. Pues de así hacerlo los resultados serían invisibles o tal vez incluso adversos al fomento del crecimiento económico.

Si hacemos un análisis comparativo entre los países desarrollados y los subdesarrollados, veremos cómo los primeros presentan una alta productividad laboral en contraste con los segundos. En una comparecencia ante la organización Leadership el pasado 31 de agosto en Carolina del Sur, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Ben S. Bernanke, habló sobre la productividad del trabajo en los Estados Unidos, su papel preponderante en la determinación del crecimiento y la importancia de esta productividad para mantener a la economía norteamericana como la más fuerte del mundo.

Bernanke afirmó que “un emergente consenso entre los economistas dicta que el alza en la productividad en el año 2000 fue, en mayor parte, el producto de un rápido progreso tecnológico y una creciente inversión en nuevas tecnologías de la información y la comunicación durante la década de los 90”. Según Bernanke, los desarrollos de la tecnología se manifiestan en la economía americana a través de la implementación de nuevas técnicas y procesos productivos en las empresas que reducen los costos y aumentan la eficiencia. Bernanke concluye: “Indudablemente, la revolución en las tecnologías de la información y el aumento de la productividad de los estados Unidos después de 1995 están fuertemente ligados”.

En el caso de los países subdesarrollados y en el caso de Nicaragua más específicamente, un reciente estudio realizado por Francesco Caselli, de la London School of Economics, y Wilbur John Coleman, de Duke University, publicado en junio del 2006 en la revista American Economic Review, una de las revistas académicas más prestigiosas en economía, encontró que los países desarrollados usan más eficientemente a su mano de obra más calificada mejorando con esto su productividad. Los países subdesarrollados por el contrario, que tienen abundante mano de obra no calificada, ocupan tecnologías muy bajas que les remiten una baja productividad.

En el estudio, que se realizó modificando y evaluando una función de producción Cobb-Douglas estándar para reflejar la diferencia entre la productividad del trabajo calificado y el no calificado, ubicó a Nicaragua muy por debajo en el escalafón de la productividad y se muestra que existe una clara relación directa entre el nivel de productividad y el crecimiento de la producción. Léase el crecimiento económico.

Es el trabajo y su productividad (la productividad laboral) la que determina entonces la solidez del crecimiento. Podríamos gastar millones de dólares en hacer inversiones nuevas en la economía. Podríamos Crear un sinnúmero de exenciones fiscales y todo tipo de incentivos para fomentar la producción y aún así mantener un crecimiento económico anémico tal como lo hemos tenido en los pasados cinco años del gobierno de don Enrique Bolaños.

Desafortunadamente las instituciones que han sido creadas pensando en el desarrollo de la tecnología y la capacitación de los trabajadores para el uso de esta, tienen muy poca relevancia en la vida económica nacional. El Consejo Nicaragüense de Ciencia y Tecnología (Conicyt), que es el organismo encargado de fomentar, promover, incentivar y coordinar las actividades dirigidas a la ciencia y la tecnología en Nicaragua, tiene una asignación ínfima en el Presupuesto General de la República del 2006.

De igual manera el Instituto Nacional Tecnológico (Inatec), cuya misión es formar y capacitar los recursos humanos que requiere el país, tomando en cuenta los objetivos del desarrollo social, económico y productivo de Nicaragua, tiene muy poca atención por parte del gobierno. De hecho si no fuera por los aportes del 2 por ciento de las empresas privadas, la situación del Inatec sería muy difícil.

Según un informe presentado recientemente por el presidente del Banco Central de Nicaragua, doctor Mario Arana, Nicaragua creó 270 mil empleos en el periodo de gobierno del presidente Bolaños. Surge entonces la pregunta, ¿serán estos nuevos empleos productivamente eficientes? De por sí esta cifra es mucho menor que la que el presidente Bolaños hizo como una de sus promesas de campaña hace cinco años. Y a eso sumémosle que gran parte de estos nuevos empleos pueden ser clasificados como subempleos. Empleos en los cuales los trabajadores realizan labores muy por debajo de su capacidad. Claramente reduciendo la productividad que podrían generar si sus labores fueran acorde a su capacidad.

Es oportuno hacer notar esta relación entre el crecimiento económico y la productividad del trabajo justamente ahora que hay un candidato presidencial que expresamente está ofertando un crecimiento sostenido de entre el 6 y el 10 por ciento anual durante todo su período si resulta electo. En el programa de gobierno de este candidato deberían entonces de resaltar las propuestas para aumentar la productividad de los trabajadores fomentando programas, proyectos y mecanismos para fomentar la capacitación adecuada de la mano de obra y el mejoramiento de sus condiciones laborales para garantizar la productividad necesaria para alcanzar tan ambiciosa meta.

No podemos seguir fomentando programas de inversión basados en la explotación de una mano de obra barata, no calificada y muy poco productiva. Tal como es el caso de los proyectos de zonas francas. El gobierno próximo debe de asegurarse de que las inversiones no sean sólo en capital físico sino también en capital humano para los trabajadores. Así, no sólo progresará la empresa que haga las inversiones, sino que también progresará el trabajador como individuo mejorando su productividad real, su salario en el futuro y por consiguiente su calidad de vida.

Estudiante de Economía, UNAN-Managua

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