- Todos los sectores coinciden en que ya es tiempo de volver la vista atrás y pensar en reabrir una institución de fomento. La pregunta que prevalece en el ambiente es si lo más viable es un instituto o una banca
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Ver Infografia > En el 2000, la Superintendencia de Bancos dio por cerrado el Banco Nacional de Desarrollo, la institución financiera más antigua del país, creada en 1912, cerrando un capítulo controversial para el Sistema Financiero Nacional.
A partir de ese momento, los productores nacionales resintieron el golpe y se abrió un vacío de financiamiento para el sector de pequeños y medianos empresarios nacionales. Sin embargo, el gobierno mantuvo su posición de no reabrir la banca estatal y más bien empezó a canalizar fondos concesionales a través de la banca comercial privada y por medio de algunos programas de gobierno como el Fondo de Crédito Rural y la Financiera Nicaragüense de Inversión.
El debate se mantuvo abierto y durante el último gobierno se intensificó todavía más, ante subastas de propiedades cafetaleras, el escándalo de los Certificados Negociables de Inversión (Ceni) y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
Ahora la campaña electoral puso sobre los programas de gobierno el tema de una banca de fomento o una institución de gobierno, que podría sobrevivir más allá de las elecciones. El nuevo gobierno será el que decida qué hacer.
Economistas consultados coinciden en que la idea es viable desde todos los puntos de vista, si se maneja correctamente y se definen claramente los mecanismos de financiamiento. Incluso en la Asamblea Nacional ya hay un proyecto de ley sobre la creación de esta entidad, denominado “Ley Creadora del Banco de Fomento a la Producción”, introducida ante la primera secretaría el 23 de septiembre del año 2005.
Alejandro Arauz, economista independiente, ve dos aspectos que hay que tomar en cuenta para hablar del tema. Primero hay que hacer una diferencia entre pequeños productores sin ninguna posibilidad de desarrollarse por sus propios medios y que requieren apoyo y subsidios del gobierno, y otro sector que sí puede utilizar créditos, pero no en las condiciones en que los coloca la banca comercial.
El primer sector adolece de serios problemas estructurales, que incluyen casi un 50 por ciento de analfabetismo. Éstos quedarían fuera de la esfera de un eventual banco de fomento, pero sí dentro de la esfera de una entidad de fomento dirigida a impulsar el desarrollo del sector con políticas más puntuales que combinen asistencia social con transferencia de tecnología.
Sin embargo, el también economista José Luis Medal no ve viable la creación de un banco de fomento actualmente, dadas las condiciones políticas del país. “El problema de la corrupción y de la politización del crédito, no lo permite”, asegura. No obstante, comparte la visión de algunos sectores, de fusionar todos los programas dirigidos al agro en uno solo, haciendo más eficiente el uso de los recursos.
Todas las administraciones de gobierno, desde la creación del Banco Nacional en 1912, no resistieron la tentación de echar mano a estos recursos, llevándolo en innumerables ocasiones a crisis financieras, hasta que finalmente fue cerrado. Lo importante es que todos los sectores coinciden en sortear este problema dejando fuera a los partidos políticos y endureciendo las normas para el otorgamiento del crédito.
Pero el vacío sigue siendo la fuente de financiamiento. Se estima que se necesitan 460 millones de dólares en cinco años para atender la demanda de financiamiento y fomento.
Algunos apuntan a fusionar una serie de programas que financian.
Manuel Álvarez, presidente de la Unión de Productores de Nicaragua (Upanic), sostiene que hay gran cantidad de recursos que están dispersos y cuyos beneficios no están llegando a los beneficiarios. El canciller Norman Caldera, y funcionarios de países beneficiarios de la cooperación, reconocieron que gran parte de la cooperación externa no está llegando efectivamente a los más pobres y tampoco está contribuyendo a resolver el problema de la pobreza.
Álvarez reconoce que hay un enorme riesgo en la posibilidad de que esta institución se convierta en una caja chica de intereses partidistas, sin embargo esto puede ser superado con reglamentos rigurosos. Sin embargo, sostiene que una banca de fomento es una necesidad urgente para el sector productivo del país.
BANCA DE SEGUNDO PISO
Una propuesta que no parece tan desconocida si tomamos en cuenta que es una modalidad aplicada en algunos países en desarrollo, es la de crear una institución de segundo piso que canalice recursos a más bajo costo. El viceministro de Inversión Pública y Financiamiento Externo de Bolivia, Luis Hernaldo Larrazábal, quien estuvo presente en le país la semana pasada para un encuentro entre países cooperantes y beneficiarios, aseguró a LA PRENSA, que el gobierno boliviano está preparando la apertura de un banco de fomento para apoyo de la producción de ese país.
No obstante, éste funcionará como un banco de segundo piso, creado a partir de las instituciones que ya existen. Lo importante es hacer más eficiente el crédito para los sectores que tradicionalmente han quedado fuera del sistema financiero formal, afirma el funcionario boliviano.
Pero el también economista Adolfo Acevedo no se muestra muy convencido de este mecanismo, ya que considera que no necesariamente va a resolver el problema de la transformación productiva. “Por ejemplo, hay sectores con potencial para exportar, pero eso requiere de cierta inversión en asistencia técnica, estudio de mercados”.
De forma que tanto economistas como agremiados mantienen la misma posición, diferenciar a los pequeños productores sin posibilidad de lograr salir adelante sin asistencia, de aquellos que sí pueden hacerlo.
CREAR MERCADOS
El economista Néstor Avendaño considera necesario complementar cualquier institución de fomento con el fortalecimiento del mercado interno.
Según él, éste es un debate que ha quedado pendiente, ya que una gran limitante para los productores es que no hay un mercado que permita maniobrar a los productores y que les dé un mayor respaldo con vistas a obtener financiamiento.
“Cuando les pregunto a algunos alcaldes por el lugar donde está el mercado, me responden que ‘ya se fue’, en referencia a que el mercado es una camioneta que llega a un lugar dos o tres veces por semana y después se va”, explica el economista.
Avendaño considera que el punto no es dar crédito por darlo, como plantean algunos políticos. “En los ochenta tiraban el crédito en helicópteros”.
Precisamente, una banca de fomento puede asumir un papel en la creación de ese mercado, desarrollando servicios de inteligencia de mercados, proveyendo información de precios, movimientos o tendencias, “que podría ser una contribución del Banco de Fomento”.