MONTEVIDEO. Los eventuales tratados de libre comercio con EE.UU. (los TLC) han auspiciado una suerte de reedición de la Guerra Fría y han pasado a ser emblemáticos para la vieja prédica “antiimperialista” de las nuevas izquierdas.
Esta reiteración del esquema maniqueísta que enfrenta democracia con socialismo, liberales con populistas, derecha con izquierda, no se da tan así en Uruguay. Aquí el enfrentamiento por el TLC se da en el seno mismo de la izquierda, dentro del propio gobierno que preside el médico oncólogo de 66 años, Tabaré Vázquez.
Vázquez asumió la Presidencia hace 17 meses y fue electo con el apoyo de una coalición izquierdista (Frente Amplio) integrada por 18 partidos. Es la primera vez que la izquierda asume el poder y es natural que tras este parto inicial se presentaren problemas de crecimiento. Las discrepancias han estado a la orden del día, pero sin duda las que genera la negociación de un eventual TLC con los EE.UU. son las más fuertes y peligrosas para la buena marcha del gobierno.
En estos días el tema está candente. El mandatario ha dado un expreso apoyo a esas negociaciones cuyo mayor impulsor en el gobierno ha sido su Ministro de Economía, Danilo Astori, pero cuyo mayor opositor ha sido su Ministro de Relaciones Exteriores, Reinaldo Gargano.
Las divisiones que a nivel del gabinete ministerial son algo neutralizadas por la autoridad del presidente se hacen más fuertes dentro de la coalición y mucho más a nivel de las organizaciones sociales, baluartes fundamentales de la izquierda.
La poderosa central de trabajadores PIT-CNT y la Federación de Estudiantes por su parte, han encabezado una “comisión en defensa de la soberanía” de organizaciones sociales, incluidas pequeñas asociaciones de empresarios para movilizarse contra el TLC.
La plataforma es efectista: a los viejos y nostálgicos, pero no muertos, eslóganes antiimperialistas, suman el tema de la pérdida de fuentes de trabajo, la dependencia, los riesgos que ello apareja dentro del Mercosur y la tesis de que a los EE.UU. sólo le interesa un acuerdo con Uruguay en el marco de su estrategia para dividir el Cono Sur y debilitar a Hugo Chávez.
También muestra puntos débiles: actúan en defensa de la soberanía pero en los hechos respaldan las presiones e interferencias de los gobiernos de Argentina y Brasil al tiempo que ignoran lo mal que le ha ido al país en estos 15 años de Mercosur.
Vázquez, en tanto, a la fuerza de su liderazgo, suma el apoyo de los partidos opositores (Blanco y Colorado) , y de la mayoría del sector empresarial. También es mayoritario el porcentaje de uruguayos que está a favor del tratado. El Presidente tiene además la razón del artillero: en los últimos cinco años EE.UU. ha sido el mayor comprador de productos uruguayos, más que todo el Mercosur junto y más que todos los países de la Comunidad Europea y, contrariamente a lo que ocurre con el balance comercial con la región, el saldo con el país del norte ha sido ampliamente favorable para los uruguayos.
El “pragmatismo” presidencial, ayudado por el ejemplo de Chile y enfrentado a los abusos y la prepotencia de sus grandes vecinos, empuja a favor del TLC. Le favorecen, a su vez, las propias contradicciones de la izquierda radical.
Muy elocuente fue el Ministro de Trabajo, Eduardo Bonomi, ex tupamaro que estuvo trece años preso. Refiriéndose al levantamiento del “bloqueo” a Cuba, puso el dedo en la llaga: “¿Cuándo se le quiere levantar el bloqueo a Cuba, para qué es? ¿Para que comercie con los que está comerciando? No, es para que comercie con Estados Unidos”.
De todas formas es difícil hacer un pronóstico. La discusión recién empieza.
(Periodista uruguayo).