Con mucha paciencia, “Tall Boy” ha logrado pegar con cemento unas cinco mil botellas de vidrio. (LA PRENSA/C. CORTES)

El genio de

La construcción de un kiosco para la venta de artesanías está siendo levantada con botellas de vidrio Aunque el término medioambientalista no le es tan familiar —es más, arruga el ceño como tratando de descifrar si se trata de una ofensa— Roberto Clemente Federick, a quien todos llaman de cariño “Tall Boy”, es de esas […]

  • La construcción de un kiosco para la venta de artesanías está siendo levantada con botellas de vidrio

Aunque el término medioambientalista no le es tan familiar —es más, arruga el ceño como tratando de descifrar si se trata de una ofensa— Roberto Clemente Federick, a quien todos llaman de cariño “Tall Boy”, es de esas personas que luchan por mantener sano el planeta. Aunque no recuerda cuándo empezó, dice que desde niño sintió el deseo de limpiar el patio de su casa y sus alrededores.

Su inquietud fue creciendo hasta que un día se vio a sí mismo levantando botellas de las orillas de la costa y hasta de los pantanos que se forman en la parte céntrica de Little Corn Island, una islita ubicada a 13 kilómetros de Corn Island, en la Región Autónoma del Atlántico Sur.

Un buen día no supo qué hacer con tantas botellas almacenadas, y como todo buen artesano, decidió utilizarlas para construir las paredes de un kiosco en el que luego expondría y vendería el fruto de su trabajo manual, el cual realiza principalmente con cáscaras de coco.

Levantar la obra le resulta —más que pesado, caro— pues dice que una bolsa de cemento cuesta en ese lugar, diez dólares. Pero la paciencia parece ser una de sus mayores virtudes. Poco a poco ha construido casi en su totalidad las paredes, en las que ha utilizado al menos cinco mil botellas. Cuando finalice, piensa que habrá tenido que pegar entre 6,500 y 7,000 botellas de vidrio de variadas formas, tamaños y colores.

Un poco orgulloso, calcula que “cada día le toman como diez mil fotos. Todos los turistas se quedan admirados y son muy pocos los que no se ven tentados de hacerle fotos, algunos hasta posan junto a ellas”.

NECESIDAD

Las habilidades en el trabajo artesanal de Federick no son de nacimiento, según él, inició por pura necesidad. “Cuando uno está sin trabajo y tiene hijos que mantener, tiene que buscar la manera de ganarse la vida y como el trabajo en los barcos pesqueros de langosta es muy duro, decidí comenzar a hacer trabajos de artesanía”, dice.

Ahora cuenta con la ayuda de una máquina que le permite agilizar la producción, gracias a un gringo que pasó por su casa una vez, y luego volvió con ella para obsequiársela. “Para que se ayude en su trabajo”, le dijo.

Entre pieza y pieza elaborada, a “Tall Boy” le da tiempo para trabajar por su comunidad. Actualmente es concejal en la Alcaldía de Corn Island, desde donde dice luchar por conseguir beneficios para los habitantes de la islita.

“Espero que algún día ya no tenga que recoger las botellas que dejan tiradas por ahí”, exclama.

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