Ernesto González Valdez

Descalificar y humillar a los hijos que obtienen malas calificaciones no es la solución ¿Por qué tantas asignaturas aplazadas? Cuando un hijo o hija trae a casa el boletín de notas plagado de números por debajo de 60 puntos, señal de aplazado —bien sea en primaria o en secundaria— cualquier padre o madre posiblemente se […]

Descalificar y humillar a los hijos que obtienen malas calificaciones no es la solución

¿Por qué tantas asignaturas aplazadas?

Cuando un hijo o hija trae a casa el boletín de notas plagado de números por debajo de 60 puntos, señal de aplazado —bien sea en primaria o en secundaria— cualquier padre o madre posiblemente se lleve un gran disgusto. ¿Es entonces el mejor momento para solucionar el problema?, ¿Son buenas las soluciones drásticas e inmediatas?

Resulta evidente que todo padre o madre, la familia en general, que nuestros hijos e hijas sus resultados sean cualitativamente satisfactorios, muy satisfactorios o excelentes, pero a veces esto no es posible. ¿Qué podemos hacer los padres y madres entonces? ¿Los grandes castigos y los grandes gritos?

Muchos padres y madres al recibir un informe académico desfavorable reaccionan amenazando a su hijo en medio de grandes gritos. Un padre que recurre a estos procedimientos no suele preocuparse de su hijo durante el período que abarca la evaluación (mensual o bimensual) y se limita a llevarse el gran disgusto cuando llega el boletín con las notas, es decir a la escuela se va cuando lo citan, cuando no, para él o ella la escuela no existe, es más (y por supuesto erróneo) considera que la escuela debe encargarse de “eso”.

Evidentemente, los castigos y los gritos no son la manera más adecuada para encontrar las causas del fracaso y, por lo general, al llegar el siguiente informe, se repite la misma escena. Cuando esta situación es reiterativa, el estudiante se acostumbra a ella, aguanta con más o menos estoicismo los gritos de los padres, y al día siguiente sigue la vida como si nada. Lo triste es que la situación académica no mejora y la relación familiar se deteriora poco a poco.

¿Humillarle? Expresiones como: “Eres un vago”, “No harás nada en la vida”, “Que dundo eres”, “Si yo hubiera tenido tus oportunidades…”, y otras lindezas de este estilo no suelen dar buenos resultados, al menos en el plano personal, porque sólo humillan, pero no buscan soluciones.

Normalmente, si el estudiante no tiene motivación hacia el estudio es por algo. Decir que es un vago que no quiere estudiar es lo más fácil, pero lo menos eficaz porque, frecuentemente, no es cuestión de querer, sino de poder.

¿Qué se puede hacer ante el cúmulo de notas que indican que el estudiante está aplazado? De existir una comunicación fluida, sincera entre padres e hijos aceptando los hechos por parte de todos, en especial de papá y mamá, podrán identificarse las causas y posibles soluciones.

Un elemento importante es que los padres y madres escuchen a sus hijos. Seguro que éstos tienen mil razones por las que no les va bien en los estudios. No es el momento de evaluarlas sobre la marcha, ni de echar sermones, ni de decir que son excusas baratas. Es el momento de leer entre líneas los mensajes que el hijo envía, a veces camuflados, para tratar de averiguar por qué le gusta tan poco estudiar. ¿Y acaso escuchar, será el factor preponderante para que mejoren sus notas?

(Primera parte del tema).

E-mail: [email protected]

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí